“SALUD MENTAL, PSICOANÁLISIS Y NEUROCIENCIA”
Nora Rivas Plata Alvarez – Psicoterapeuta de Orientación Psicoanalítica. Magíster en Neurociencias, UNMSM.
La decimoprimera edición de la “Sinopsis de Psiquiatría” de Kaplan & Sadock propone seis enfoques para conceptualizar la salud mental:
1. Como “por encima de lo normal”; un estado objetivamente deseable, como en la definición Freudiana: la capacidad de trabajar y amar.
2. En el desarrollo de un adulto sano, como “madurez”.
3. Presencia de diferentes fortalezas humanas.
4. Inteligencia emocional y relaciones objetales provechosas.
5. Bienestar subjetivo, un estado mental que se percibe feliz, satisfactorio y deseado.
6. “Resiliencia”, capacidad de adaptación y homeostasis.
Esta conceptualización nos hace pensar en alguien que ha logrado un desarrollo neuropsíquico, consecuencia de la interacción de factores genéticos e influencias socioambientales que han sido determinantes en la construcción de su personalidad.
Tratar entonces, a un ser humano que sufre, requiere haber superado las limitaciones del dualismo y el reduccionismo y comprenderlo en su integridad. Requiere comprender que su sufrimiento psíquico consciente neocortical, se expresa también en los niveles psíquico inconsciente paleocortical, funcional-orgánico, metabólico-tisular y genético-celular de su personalidad (Ortiz, P, 1994, 2004, 2019). Este punto de vista, permite comprender mejor a Mc Dougall cuando señala: “… algunos sujetos reaccionan al desamparo psicológico mediante manifestaciones psicosomáticas… la emoción es esencialmente psicosomática… al eyectar la parte psíquica de una emoción, se expresa la parte fisiológica, siendo así los individuos, víctimas de todo tipo de explosiones somáticas, cuando se producen ciertos acontecimientos”.
Ya en 1999, Kandel proponía que “la biología del próximo siglo, se halla de hecho en buena posición para responder a algunas de las preguntas acerca de la memoria y el deseo y que estas respuestas serán más abundantes y tendrán mayor significado si se forjan a partir de un esfuerzo sinérgico por parte de la biología y el psicoanálisis”. En este sentido, conocer al cerebro como un sistema de memoria, nos permite profundizar en la importancia del sueño, a decir de Bolognini, como “… un área onírica potencialmente y ocasionalmente creativa, basada en la posibilidad de representar, descomponer y re-combinar los elementos del mundo interno del sujeto, siendo posible concebir vertientes no solo defensivas, sino hablar de un proceso de elaboración onírica de vivencias y probablemente de pensamientos”.
Esta complementariedad entre Psicoanálisis y Neurociencia, permitirá encontrar el punto en que se intersectan el aquí y ahora, con el allá y entonces, y contribuir a recuperar la salud mental de nuestros pacientes.

Pedro Morales una vez me dijo que cuando uno se mete en esto de la psicoterapia “no se puede meter a medias, uno para meterse en psicoterapia, tiene que meterse a fondo”. Pasamos muchas horas leyendo, estudiando y trabajando en solitario. Paradojalmente, trabajamos solos, en vínculos y relaciones de mucha intimidad e intensidad. Pero la psicoterapia suele ser un trabajo solitario.


Hay quizá otras problemáticas sobre las que podemos ir pensando algunas cosas. Me viene a la mente una paciente con quien la presencia a través de una pantalla la lleva a encontrarse más bien con la ausencia de una forma desgarradora. A partir de esto se desatan procesos de duelo por una figura importante que perdió en su infancia y lo presente que ha sentido a su padre a partir de lo ausente que estuvo desde siempre. Una paradoja dolorosa que ahora se repite en el encuentro conmigo y que permite empezar a elaborar un duelo que parecía como detenido, congelado. El mundo tal como lo conocíamos ha desaparecido, sigue siendo el mismo y a la vez es absolutamente ajeno. ¿Cómo habitarlo e intentar ciertas coordenadas que permitan sentir que no se interrumpen todas las continuidades?
La repentina y disruptiva aparición de una enfermedad infecciosa que superó las –ahora sabemos- precarias barreras de previsión, se insertó en nuestra cada vez más eficiente y global red comunicacional y no tardó el COVID 19 en hacer presente su sombra -con su cuota de sufrimiento y muerte- en los espacios de vida que bajo la denominación de públicos los habíamos adoptado como propios. El afuera de la muerte masiva, propio de las guerras y catástrofes que podíamos conocer solo por las noticias, irrumpió en nuestras vidas y nos recluyó en nuestras casas.
