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Lo Disruptivo en la semblanza de Mordechai Benyakar

Carmen Wurst de Landázuri Psicoterapeuta psicoanálica

 

 

Carmen Wurst[1]

Conocí a Moty, como cariñosamente le decimos, en el año 1997 y desde esa fecha es el autor e investigador que más he consultado y citado en mi trabajo de atención a las víctimas y sobrevivientes de violencia. Mi labor pasa por realizar peritajes, psicoterapia, intervenciones comunitarias, fortalecimiento a organizaciones de afectados, acompañamiento en procesos de judicialización y talleres e intervenciones individuales de cuidado al cuidador.

Para hacer un poco de historia, en años previos un grupo de psicoterapeutas psicoanalíticos iniciamos la atención voluntaria a las víctimas al interior de la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos, muchos de nosotros veníamos de formarnos en el CPPL. Un proyecto financiado por la Unión Europea nos permitió invitar a Moty para nuestro proceso de auto capacitación, que en ese entonces lideraba Yeny Lloret de Fernández. Mi tarea era de coordinar el proyecto de “Atención psicoterapéutica de las víctimas de tortura”. Es así que se inicia un largo y fructífero intercambio donde la figura del mentor, maestro y amigo se fue tejiendo. Moty fue un personaje no solo en el ámbito laboral, llegó a ser parte de mi familia; en épocas en donde en las casas había solo una computadora, cuando llegaban sus correos, mis hijos anunciaban con gran pompa: “mamá te escribió Moty Benyakar” engolando las vocales e imitando la voz de un bardo medieval, comunicaciones que hasta ahora recuerdan en las tertulias familiares.

La trayectoria del Dr. Mordechai Benyakar es fructífera y motivadora. Siempre señaló que el haber estudiado pedagogía, psicología, medicina y formarse como psicoanalista, le dieron las bases para una amplia y diría “aterrizada” propuesta de intervención. Su pensamiento, investigación y sobre todo de docencia son ejemplares. Es difícil resumir en este escrito toda la interesante biografía de Moty y para quienes estén motivados en conocer más de él pueden leerla en su presentación cuando ganó el premio Koner en el 2016[2]. Ahí relata que, desde su adolescencia como emigrante judío en Turquía, impulsó la integración, hoy tan necesaria en un contexto de conflicto como el que se está viviendo entre Israel y Palestina. Más adelante su incorporación al kibutz y luego al ejército de Israel, fueron forjando su ideal de ayuda al otro. Su artículo “Del Diván a las piedras”, da cuenta del paso a lo comunitario. A su llegada a Argentina en el contexto de una investigación, ocurrió el atentado al edificio de la AMIA, que causó la muerte y heridas graves a muchísimas personas. Fue convocado para dar asistencia a quienes lo necesitaran. Es así que va consolidándose su estadía en Argentina, donde dirige hasta la actualidad el Post grado en la Universidad USAL, centro de estudios donde se han formando muchos colegas de Perú.

Siempre lo vi como ese maestro que, con característicos gestos de sus manos inquietas, podía trasmitir conceptos tan complejos como los de Aulanier “Del pictograma al enunciado”, movía sus dedos haciendo las figuritas alusivas que representaban los momentos displacenteros que desde el cuerpo y las sensaciones se habían introducido violentamente en las víctimas. ¿Qué pasaba en ellos ese momento de terror sin nombre como la tortura? Momento donde no se puede metabolizar, pues no existe aún la palabra para nombrar lo que injuria al cuerpo y a la mente.

Esa era nuestra tarea como psicoterapeutas, el poder ayudar a nuestros pacientes a pasar a un proceso primario, en el que pudieran reconocer el objeto y más adelante a un proceso secundario. Debo reconocer que en esos momentos todo me resultaba complejo, pero con la práctica, la supervisión y el acompañamiento de los colegas en el tratamiento de estos duros casos, se pudieron ir viendo los cambios en los pacientes. Hoy en día, como madre orgullosa, puedo verlos como defensores de derechos humanos, liderando procesos de búsqueda de justicia y reparación, ayudando a otros. Esto hace que sienta que lo aprendido hace veinte años atrás con Moty tuvo sus frutos para la reparación que se merecen las víctimas del conflicto armado interno.

Conocer acerca de la violencia en contextos de guerra, terrorismo y catástrofes sociales, y especialmente poder identificar el funcionamiento del psiquismo ante las amenazas individuales y colectivas se ve muy bien desarrollado en su texto “Lo disruptivo”[3], título del libro que publica en el 2003, el cual recoge el concepto que venía trabajando desde el año 1996 como alternativa de lo que en el mundo se llama Situación Traumática. En sus palabras: “Sabía que iba a ser muy difícil ir en contra de la corriente norteamericana que tanto hincapié hacía y hace en el concepto de Estrés Post Traumático, pero entendí que esa categorización lleva a varios errores tanto conceptuales como clínicos”. Despliega como el mismo lo dice en su libro una empresa quijotesca al cuestionar y pretender cambiar el término de situación traumática, tan comúnmente usada para nombrar eventos que vive el sujeto en una situación que cambia el curso de su vida.

Para dejar la inquietud en los lectores de este artículo, doy una pincelada a lo que llama “lo disruptivo: el impacto en el psiquismo (capítulo 1). Diferencia claramente el evento fáctico y sus características, que en su momento no puede denominarse traumático – esto deviene después-; la vivencia que es cuando un estímulo proviene del soma o del mundo externo y produce una articulación de un afecto y de una representación -ambos componentes intrapsíquicos, que otorga especificidad a la subjetividad. Y finalmente la experiencia que es la función articuladora que opera en el mundo interno y liga el afecto a la representación, precisamente la vivencia (mundo interno) con el evento fáctico (mundo externo).

Y, para terminar, quiero agradecer a Moty pues sus aportes se han visto incluidos en la Guía de valoración del daño psíquico para víctimas de tortura y violencia intencional del Ministerio Público de Perú. Quienes participamos en el proceso de elaboración de este instrumento, pudimos trasmitir que entender estos conceptos son claves para que las víctimas puedan ser evaluadas con propiedad y les permita alcanzar justicia y reparación.

 

 

[1] Psicóloga – Psicoterapeuta Psicoanalítica – Perita Forense – Graduada en la IX promoción del CPPL

[2] https://www.fundacionkonex.org/b4830-moty-benyakar

[3] Benyakar, M. (2003) Lo disruptivo. Amenazas individuales y colectivas: el psiquismo ante guerras, terrorismos y catástrofes sociales. Biblios: Bs. Aires

 

 

 

 

 

Una aproximación acerca de la guerra como expresión de la violencia mortal del ser humano

Mg. Luis Herrera – Psicoanalista docente del CPPL

En abril de 1915, seis meses después del estallido de la Primera Guerra Mundial, Sigmund Freud escribió su ensayo sobre la guerra y la muerte en el que sostenía que la guerra producía en el ser humano una desilusión y un cambio en su actitud hacia la muerte.

Esta guerra, no esperada, estalló destruyendo todas las ilusiones; fue más cruel y sangrienta que todas las guerras anteriores. Se transgredieron todas las prohibiciones que habían sido establecidas en tiempos de paz, cuando no se sospechaba que el ser humano fuese capaz de tales matanzas. La población no combatiente era muerta, los heridos eran “repasados”. Las heridas que esta Gran Guerra dejó no serían cicatrizadas con facilidad. Agrega Freud que los pueblos más cultos de la tierra se vieron envueltos en ella mirándose entre sí con odio y horror. Justamente, aquellas naciones que parecían encontrarse más alejadas de la barbarie vieron cómo sus habitantes se envilecían y brutalizaban. Cuando se refiere a esta desilusión, Freud resalta dos aspectos, especialmente: uno, la ínfima eticidad mostrada hacia el exterior por los Estados que hacia el interior se habían presentado como guardianes de las normas éticas; segundo, la brutalidad en la conducta de individuos a quienes por su condición de partícipes en la más elevada cultura humana no se les habría creído capaces de algo semejante. En realidad, sólo debemos sorprendernos en parte; la desilusión proviene de la creencia de que la bondad y el amor son lo primordial en el ser humano: esta es una ilusión.

Hace poco, en un evento, una colega quien no era psicoanalista, indignada porque yo afirmara que el hombre posee en su naturaleza la violencia – que originariamente no es buena ni mala sino primordial – enfurecida, me enrostró que yo mentía, que el hombre era bueno y el ambiente – supongo que otros hombres – lo podía volver malo.

A esto me refiero: a la ilusión que, al destruirse, suscitó que sobreviniera la desilusión. Arnold Toynbee decía que el postulado fundamental de la guerra es que en ella “matar no es un crimen”. La prohibición de matar al prójimo se convierte en “el deber de matarlo”, inclusive ese objetivo podría tener un matiz religioso o patriótico. Por otro lado, a la guerra se le intentó poner algunos límites y evitar así que se cometieran excesos, por ejemplo: a las mujeres se les eximía de combatir, aunque no eran exentas de ser muertas o violadas por los soldados. Recordemos que hace años en Ginebra se dio la famosa “Convención” que buscaba, entre otras cosas, evitar el abuso y la tortura de los prisioneros de guerra. Evidentemente, en el Perú no estuvimos ante la guerra convencional. No existieron dos ejércitos en enfrentamiento. Salvo en la guerra con Chile.

Freud, al momento de escribir el trabajo mencionado, no podía imaginar – o quizá sí – que a esa Gran Guerra sobrevendría otra cuyas atrocidades serían mayores. Dice Toynbee al respecto: la atrocidad en sí no es suficiente, debe además ser novedosa. El corazón humano se endurece ante cualquier hecho que le resulte familiar.

De este modo, hace cincuenta años, nos podíamos horrorizar de ver en el cine un documental sobre la guerra de Vietnam que seguro sobrecogería a un veterano de la Segunda Guerra Mundial. Siempre se ha pensado que la televisión le da a lo siniestro un carácter irreal que hace difícil que uno les tome el peso a los sucesos. Lo real se tiende a convertir en algo “como si” que puede acabar si apago el televisor y me voy a dormir. Además, la guerra nuclear con armas sofisticadas manejadas con botones abstrae a la realidad de su contenido macabro y convierte a la muerte en un número, en un cuadro estadístico.

Difícil experimentar culpa o duelo en una situación así. Pensemos, además, que en la guerra el enemigo se convierte en un ente maligno al que hay que destruir. Decía Freud que solo cuando hay extraños a los que odiar, puede que nos amemos en el interior de un grupo. Así, matar al extraño es un acto de amor a los míos a quienes libero de la amenaza exterior. Además, mientras más enemigos mate, más dueño de la vida y de la muerte me sentiré internamente. Segal, citando a Glover, decía que lo terrible de la era atómica consistía en que hacía realidad nuestras fantasías más pesadillescas, perdiéndose la capacidad de distinguir la realidad del sueño, aumentando el encanto de la omnipotencia sin límites y de la muerte.

Habiendo analizado en otros artículos la situación de guerra vivida en nuestro país, y luego de las reflexiones reseñadas, pasemos a hablar de la posibilidad de diálogo, luego del contexto de violencia vivido. En el caso del Perú, en sus formas variadas, en sus fragmentos que buscan armarse, en las diferentes razas y culturas que viven en él, aparece la imagen de la desintegración. Cada fragmento toma distancia del resto y desarrolla estereotipos e imágenes deformadas del otro. La distancia se incide en el desconocimiento y las relaciones se suelen regir por el dominio y la sumisión, siendo la violencia un nexo frecuente.

Esta situación nos plantea el reto de “conocer” estos ‘pedazos’, conocer el porqué de las distancias y las diferencias, buscando plantear la interrogante “¿quiénes somos?”. Responder esta pregunta, tal como se plantea en psicoanálisis, supone un interlocutor a quien formularla, un otro. En última instancia es una respuesta que plantea la necesidad de arraigo.

Desde el inicio de nuestras vidas, los peruanos estamos inmersos en relaciones autoritarias que van desde el uso de la fuerza física hasta la dominación mental. Éstas atraviesan la vida nacional desde los hogares hasta las instituciones, por ello la dificultad de reivindicar aspiraciones democráticas. La democracia, como decía Luis Pásara, no es una aspiración natural, es el producto de un aprendizaje. Aprendizaje que en el caso peruano sigue sin hacerse.

En esta perspectiva, surge el fenómeno de la “polarización”, esto es, el exacerbamiento de los intereses sociales discrepantes de forma tal que las personas o los hechos ya no se miden por lo que son sino por si son “nuestros” o “de ellos”, en donde “ellos” siempre son los “malos” y “nosotros” los buenos, produciéndose una diferenciación radical. Los rivales se contemplan en un espejo ético que invierte las mismas características y valores hasta el punto de que lo reprochado a “ellos” como defecto se alaba en “nosotros” como virtud.

La salud mental no sólo se adscribe al funcionamiento abstracto de un organismo individual, alude, además, al carácter de las relaciones sociales en donde se asienta, constituye y desarrolla la vida de cada persona. Por ello, la salud mental de un pueblo está en relaciones humanizadoras, de vínculos colectivos en los que pueda afianzarse la humanidad personal de cada cual. La constitución de una sociedad justa no consiste sólo en un problema económico y político, sino que también es un problema social.

En este sentido, los peruanos nos hemos acostumbrado, sin darnos cuenta, a que nuestras instituciones sean precisamente lo contrario de lo que les da la razón de ser. Así, las instituciones que deberían velar por nuestra seguridad son más bien en la práctica, la fuente principal de inseguridad, donde los encargados de la justicia amparan el abuso y la injusticia, los llamados para orientarnos y dirigirnos son los primeros en engañar y manipular.

En lo referido al tema de las ‘instituciones’, encontramos las primeras indagaciones freudianas en el “mito de la horda”, contenido en Tótem y tabú. Las claves de la formación de aquellas fueron el padre interdictor; el monopolio paterno sobre las mujeres; la posterior destitución, asesinato del padre, el “banquete totémico”, el pacto entre hermanos. El mito de la horda es una fantasía originaria de la especie. Es una alegoría de la lucha por el poder (del padre, del terapeuta, según), enfrentándose a lo prohibido y exponiéndose al castigo. Los individuos externalizan los impulsos violentos y objetos internos que, de otra manera, darían lugar a la ansiedad psicótica que mancomunan en la vida de las instituciones sociales en las que se asocian. Por esto, las relaciones grupales manifiestan sensaciones de irrealidad, disociación, hostilidad, suspicacia, etc. El carácter de las instituciones está determinado y coloreado por sus múltiples funciones explícitas o conscientes y por sus múltiples funciones fantaseadas. Vastos ejemplos de ello son el ejército y sus enemigos, el campo de concentración, el odio racial, las minorías perseguidas, y la inequidad racial, social y económica. De esto se desprende el papel de la cultura: el asegurar la supervivencia del grupo sustituyendo el azar por la organización.

Al interior del grupo se reglamentan los deseos, prohibiciones e intercambios. Para la institución, la sexualidad genera desorden por lo que debe ser canalizada, refrenada o desviada. Se busca el predominio del orden o del control social a través de la domesticación de las pulsiones y la organización de las pasiones. Es lo contrario a la masa o multitud que se caracteriza por ser regresiva, primitiva, atávica, como la horda. En estas circunstancias lo que predomina es el impulso sobre la razón. A decir de Canetti, en su texto Masa y Poder, el terror al contacto y la pérdida de los límites corporales en la masa, la fusión es central en el funcionamiento de los grupos humanos.

En la actualidad, lo mencionado tiene vigencia. Pensemos en las ansiedades que delatan las diferencias sociales y económicas de nuestro país y que surgen a partir de la crisis provocada

por la pandemia, en la cual se muestran los diferentes niveles de sufrimiento y carencia que vive nuestros pueblos. Pero no sólo tendríamos que quedarnos ahí sin tomar en cuenta las matanzas sin sentimientos de culpa que se ejercen sobre los manifestantes a quienes se les acusa de ser “terrucos”, ignorando toda una historia que sustentaría la necesidad y derecho de ser escuchados.

Algunas reflexiones sobre los afectos en la elección vocacional

Mg. Daphne Gusieff Torres- Psicoterapeuta psicoanalítica.

 

Partimos de considerar a la vocación como un camino de búsqueda, y no como revelación o construcción segura. La vocación entendida en este sentido, como algo que se va construyendo, deconstruyendo-reconstruyendo a lo largo de la vida, como algo que se mantiene pero que también cambia y podemos desarrollarla, enriquecerla y reorganizarla. Es importante devolverles a los estudiantes el protagonismo de su propia elección, considerándolos actores de su propia vida (Rascovan, 2009).

La labor de orientación vocacional es fundamental, en diferentes momentos del desarrollo evolutivo. Proponemos que el abordaje de una orientación vocacional en el campo psicoanalítico debe procurar comprender el conjunto de necesidades personales que, en la fantasía o en la realidad, satisface la carrera. A fin de comprender cómo opera y en qué consiste dicho conjunto de necesidades en cada persona, es necesario analizar el rol de los primeros vínculos, del sistema familiar y de los procesos identificatorios en cada paciente. A la vez, es preciso considerar que las necesidades a ser satisfechas operan bajo el marco general de la satisfacción pulsional (Gusieff, 2016)

A decir de Bohoslavsky (1984), el adolescente que decide y acepta crecer, de cierta manera “destruye” y rompe con la estructura del grupo familiar. De esta manera da el primer gran salto para su independencia del grupo familiar. Esto supone una reestructuración enorme no sólo de sí mismo sino también de todo el grupo familiar, lo cual constituye razón suficiente para generar en él sentimientos de culpa. Sin embargo, aun cuando es cierto que destruye, también es cierto que al elegir se convierte en el depositario del rol reparatorio de la estructura familiar. Este rol reparatorio es asumido por los miembros del grupo familiar en forma alternada o estereotipada, según sea el grupo, pero siempre es el adolescente quien lo asume al elegir la carrera. Así, toda la familia estará pendiente de la elección del adolescente, porque de manera inconsciente coloca sobre este la reparación de todo el grupo, es decir, de las heridas previas en el funcionamiento o la historia familiar (Bohoslavsky, 1984). Me permito agregar que las familias pueden desarrollar naturales resistencias hacia los cambios que implica un proceso de reparación. En este sentido, la negativa de algunos padres a aceptar algunas carreras, si bien pueden ocultarse bajo los trajes de aspectos socioeconómicos, podría encontrarse ligada al temor de la familia de que uno de sus miembros, a través de su carrera, denuncie, cuestione u otorgue una mirada distinta y profunda a la dinámica familiar (Gusieff, 2016).

Aportes de la genialidad bioniana a la clínica psicoanalítica

Psicóloga Adela Armas Pardavé – Psicoterapeuta en formación -Promoción 38 CPPL

Wilfred Bion, psicoanalista indo inglés, aporta a la clínica psicoanalítica de manera creativa y osada con un nuevo modelo teórico de la mente. Sus propuestas fusionan pensamientos de base matemática, filosófica y humanística con hechos tomados de la observación clínica (Bleichmar & Leiberman de Bleichmar, 2001). Bion nos plantea una variedad de conceptos que se interrelacionan entre sí, dando forma a su modelo de la mente y enriqueciendo la función del analista.

Bion equipara la función del terapeuta como la de una madre con su bebé, que registra e identifica las necesidades del niño, le presta sus palabras, le da sostén y mente, es decir, lo inviste libidinalmente ante sus descargas pulsionales y su ausencia de lenguaje para gestar su aparato para pensar. Aquella función materna, que refleja un estado mental de la madre en sintonía con las necesidades del bebé, lleva el nombre de reverié. En el setting psicoanalítico, el analista pretende replicar la reverié en su encuentro con el paciente. Este proceso se explica a través de la identificación proyectiva, que es una forma de comunicación en la cual el analista habita ¨su incomodidad¨, aquello que le pasa al paciente y no tiene palabras.

Frente a un paciente evacuativo y desbordado de contenidos perturbados (elementos beta), Bion dice que la función del analista es prestarle su continente, contornear sus contenidos para que estos no rebasen, darle la capacidad de digerir y verbalizar (elementos alfa). En la clínica psicoanalítica, se hallan sujetos que presentan desde contenidos perturbados en un continente que no los sostiene y los actúan, y también, sujetos con ausencia de contenido y un continente vacío. A partir de ello, la tarea del analista sería generar una capacidad de continente psíquico para un contenido y/o construir el contenido para poblar ese continente. Desde ¨sin memoria y sin deseo¨, Bion sugiere que los analistas suspendan sus deseos, ideales personales y memorias al construir psiquismo en el paciente. Esto para evitar insertar nuestros fantasmas en el paciente, nuestras preconcepciones en el proceso de análisis y saturar nuestra mente. Por ello, en nuestro oficio la supervisión y el análisis es fundamental.

Otro aporte esencial de Bion es la despatologización que hace de la locura al enunciar que todos poseemos una parte psicótica de la personalidad, la cual se expresa cuando a algún contenido de la mente se le otorga una cualidad de certeza. Por ejemplo, en el obsesivo hay un mayor predominio de esta parte psicótica, puesto que intenta dar un sentido absoluto y hay ausencia de la incertidumbre. Ante ello, el analista debe preguntarse: ¿Cómo la mente configura esa idea con cualidad de certeza? ¿Qué espacio ocupa ese pensamiento mágico? ¿de qué lo protege?

Para Bion, el verdadero cambio psíquico se vive como una sensación de catástrofe, que produce efectos y se podría reflejar de distintas formas. Por ejemplo, cuando hay suficiente capacidad de la psiquis para contener esas perturbaciones, darle forma y la posibilidad de ser pensado, o cuando hay mayor flexibilidad y tolerancia a la incertidumbre. Cuando la parte psicótica y no psicótica de la personalidad se logran articular en el aparato para pensar dando lugar a una psiquis integrada y creativa. También, cuando un nuevo contenido no solo genera impacto en el continente, sino que transforma los elementos que están contenidos en el funcionamiento mental y cuando se multiplican los vértices de nuestra forma de sentir, pensar, experimentar situaciones. Incluso, en la dinámica del proceso psicoanalítico los vértices se van complejizando conforme entendemos la historia y el mundo del sujeto. Para Bion, estas transformaciones dadas a través de la experiencia darán cuenta de un aprendizaje, lo cual se refleja en las experiencias de llevar un proceso psicoanalítico, donde en la díada paciente-terapeuta se producen aprendizajes a través de la experiencia compartida.

Finalmente, como terapeuta psicoanalítica en formación considero que conocer a Bion y su teoría ha enriquecido mis puntos de vista y ampliado mi comprensión al mundo interno de mis pacientes, mi propio mundo interno, a algún material clínico o, en general, a las situaciones de la vida misma.

 

 

Referencias

Bleichmar, N. & Lieberman, C. (2001). El psicoanálisis después de Freud: Teoría y clínica.

Editorial Paidós: México.

Una reflexión sobre la relación entre la teoría y la clínica

Lic. Verónica Zevallos – Psicoterapeuta psicoanalítica 

La relación entre la teoría y la práctica nos suele remitir a una línea con dos vectores que va de la teoría a la clínica y viceversa, siendo considerada la práctica clínica una aplicación de la teoría lo cual limita a ambas partes de la relación porque excluye el mutuo enriquecimiento.

El psicoanálisis se inició como una práctica instituyente de un pensamiento inédito para la época que dio una nueva forma de imaginar el funcionamiento psíquico y con ello abrió un campo nuevo, así el encuentro de Freud y la histeria fue la semilla para la reflexión psicoanalítica y la riqueza conceptual que Freud se dedicó a investigar con agudeza inspiradora generando un movimiento dialógico y de mutuo enriquecimiento entre la teoría, la clínica y la técnica. Al igual que en la dinámica transferencia-contratransferencia se produce una multideterminación constante entre aquellos tres espacios; es decir, la clínica va más allá de la intención de la teoría por abarcarlos. Sobre este punto Green piensa que “Podemos intentar acomodarlos a nuestros supuestos teóricos, pero algo obstinado y tenaz en ellos nos hace saber que no dependen totalmente de nosotros”.

Reconocer que situar en un lugar privilegiado a la teoría, como el tótem que organiza la clínica y que desde ese punto se oscila a la clínica y a la técnica, equivale a renunciar a los efectos de la producción de múltiples sentidos que se desprenden en la transferencia.

En la dimensión histórica del psicoanálisis la teoría y clínica resulta ser a la vez interior y exterior, confluyen, y de esa confluencia el psicoanálisis sortea los impasses clínicos y se libera del reduccionismo teórico que motiva la permanente búsqueda para reformulaciones teórico-técnicas frente al desafío clínico que posibilita la renovación del psicoanálisis, “una extensión del campo clínico y una reformulación de los fundamentos metapsicológicos”, como dice Fernando Urribarri en Hacia el futuro del psicoanálisis.

La teoría surge de una experiencia que se cristaliza en el pensamiento derivado de la clínica, la experiencia psicoanalítica excede los constructos teóricos dado que en la sesión entre terapeuta y paciente se cruzan miradas, respuestas corporales, en fin, es un encuentro repleto de detalles singulares que puede ser dejados de lado por la razón teórica. Es por ello que, a mi manera de ver, establecer que entre la teoría y la clínica hay una relación o se da un desplazamiento natural de una a la otra o, por último, situar a alguna en un lugar privilegiado no es apropiado para comprender dicha dinámica que inició Freud: un psicoanálisis cada vez más plural y complejo. El psicoanálisis es más cercano a ser pensado como un territorio, parafraseando a Heidegger, en devenir clínico y construcciones teóricas que acontecen al psicoanálisis, es decir es el encuentro con lo inédito que hasta ese momento no se puede nombrar, lo cual exige un esfuerzo al terapeuta de domeñar o cabalgar sus angustias despertadas en la transferencia para seguir la fórmula de Picasso: “yo no busco, encuentro”.

Es por ello que en el psicoanálisis convergen diferentes teorías, amplitud en la clínica y la técnica que emergen producto de una crisis en el saber constituido y que, desde Freud, el deseo de encontrar otras explicaciones y otros saberes, lo impulso a hacer una lectura nueva con otros parámetros alejados de antiguas concepciones, que requiere sostener la tensión que demanda ese encuentro con otras ideas sin caer en la tentación de explicarlas con lo ya sabido.

Charles Brenner afirmó “Las teorías psicoanalíticas dependen de los datos de observación que derivan de la aplicación del método psicoanalítico. Estos datos no son accesibles de ninguna otra manera que no sea por la aplicación del método. Eran esencialmente desconocidos antes de que Freud desarrollara el método analítico y aún lo serían sin él”.

 

 

Sandor Ferenczi: Un rebelde con causa

Psicóloga Lucero Velarde Russo – Psicoterapeuta en formación- Prom 38

Pasarón aproximadamente cinco décadas para que el círculo psicoanalítico le diera el lugar que le correspondía al pensamiento Ferenzciano. Su obra estuvo guardada como una interpretación cuando el terapeuta sabe que el paciente aún no está listo para escucharla. Si bien desde antes que se publicará el Diario Clínico en los ochenta, ya habían autores que tomaban prestadas sus ideas para formular sus propias teorías, no obstante, estos no lo mencionaban, todavía había recelo en nombrarlo y brindarle el merecido reconocimiento.

Muy probablemente esto se debió al carácter rebelde y revolucionario de su obra. Según la RAE ser rebelde está definido como aquel sujeto que va en contra del poder o la autoridad. Ferenczi tuvo que tomar la difícil decisión de seguir investigando y afirmando su pensar, aunque eso le costará perder el apoyo de su maestro y la sociedad psicoanalítica en ese entonces, ejercer su libertad para pensar le valió carísimo, bien dijo “reformarse o morir”.

Gracias a sus aportes, el psicoanálisis fue descubriendo nuevas formas de acompañar a alguien que sufre, amplió la cartera de participantes para este método, fue gracias a este autor que la percepción del quehacer analítico empezó a suavizarse, y no hablo de un trabajo menos profundo a la hora de acercarnos a la comprensión del mundo interno del paciente, sino hablo de una suavidad contenedora, de un acercamiento asimétrico pero cálido. Pues él consideraba que interpretar lo inconsciente sin una conexión afectiva podía ser retraumatizador o iatrogénico, sería seguir la misma línea de confundir la ternura por la pasión adulta.

En la actualidad reconocer el afecto del paciente y lo que esto le produce al terapeuta es una necesidad, específicamente porque vivimos en una sociedad donde las emociones y los afectos no son reconocidos y mucho menos puestos en palabras, nos encontramos en un momento histórico donde muchos se sientes vacíos o aburridos. Entonces queda en nosotros, los terapeutas de ahora, desde nuestros consultorios, ofrecer un campo empático, hospitalario y ético para nuestros pacientes, tan solo así desde la paciencia y la espontaneidad disciplinada podremos acompañar y tratar de ayudar a reparar lo trágico que es vivir una vida donde el amor falló. Es en la interacción entre dos individuos lo que posibilita el cambio para ambos.

¿Por qué leer a Ferenczi?

Mg. Olinda Serrano de Dreifuss– Psicoterapeuta psicoanalítica

Abordaremos esta pregunta empezando por su contraparte, ¿por qué no se ha leído o no se leyó a Ferenczi durante décadas? y aún al presente ¿por qué autores afines al pensamiento y propuestas de Ferenczi no lo citan directamente? Sándor Ferenczi (1873-1933) fue rechazado y ocultado de muchas maneras y por varias razones: porque sus aportes parecieron una vuelta al tiempo previo del reconocimiento freudiano de la realidad psíquica, porque plantearon cuestionamientos a las supuestas formas analíticas de entonces, y por si fuera poco porque llevó a la práctica innovaciones técnicas, algunas de ellas inaceptables que él mismo deshechó. Más aún, el celo de algunos colegas por la mutua relación tan cercana con Freud propició versiones distorsionadas de su persona y los acontecimientos por aquella época.

Curiosamente Ferenczi es, hoy por hoy, un autor muy actual como lo muestran los permanentes grupos de estudio y reflexión, eventos y publicaciones en diferentes países que lo vinculan con otros autores y sus elaboraciones en la línea de un psicoanálisis contemporáneo atento a la subjetivación y al lugar del analista en el proceso terapéutico. En los entornos más conservadores si se quiere, ya puede ser mencionado y eventualmente rescatado sin producir una reacción de repudio. Sin duda, va siendo reconocido como un pionero en su comprensión del papel de la realidad en el trauma, su concepción del vínculo analítico en cuanto a la transferencia y las bases de la contratransferencia, y el planteamiento del análisis didáctico en cuanto a la ética de la formación. Autores posteriores desarrollan conceptos y modos de comprensión y trabajo analítico a partir de sus aportes.

Hay variados testimonios de la cercanía de Freud y Ferenczi, especialmente a partir de la correspondencia entre ambos y los posteriores estudios a partir de esta, así como por los viajes a los que Freud lo invitó; sin embargo, Ferenczi sólo tuvo 90 sesiones, “seguido por un análisis informal a lo largo de su vida”[1]. La dificultad para compartir el vínculo amical junto con el analítico nos queda muy claro a partir de la relación entre ambos. El encuadre es sin duda indispensable para el proceso analítico y para la formación del analista. Ferenczi nos deja este legado: hay que analizarse y no sólo ejercer un furor curandis o una aplicación de variaciones técnicas, algunas de las cuales documentó y deshechó en su Diario Clínico (1923).

Veamos con más detalle nuestra pregunta inicial. Leer a Ferenczi y leer sobre Ferenczi nos permite acceder a la centralidad del ambiente que ha de adaptarse al bebé en tanto sus efectos en el psiquismo, atendiendo a la confusión de lenguas de la pasión y de la ternura que puede producirse de parte de los adultos hacia el menor y, en tal caso, la desmentida del adulto que no escucha al niño o niña en su queja y denuncia, lo que efectivamente produce una experiencia traumática.  Su aporte es un esbozo de una teoría de la intersubjetividad a partir de la influencia del analista como persona y no sólo al interpretar lo inconsciente.

A su vez, nos permite subrayar una actitud analítica, con innovaciones técnicas pero principalmente ética, es decir, no autoritaria en tanto esta pueda ser retraumatizante; más bien nos invita a desarrollar el tacto y la empatía, la regresión y la mutualidad, que no es lo mismo que el infortunado análisis mutuo concreto sino una elaboración de este. Su propuesta se centra en aliviar a sus pacientes de su sufrimiento psíquico.


[1] Ávila Espada, A. (2013) La tradición interpersonal. Perspectiva social y cultural en psicoanálisis. Madrid: Agora relacional, pág. 81.

¿Por qué leemos a Melanie Klein hoy?

Paula Escribens[1]


¿Sigue siendo vigente el pensamiento de Melanie Klein? ¿Por qué es importante leerla en la actualidad? Resulta peculiar encontrarme escribiendo este texto; si me pidieran que me defina como afín a alguna de las escuelas psicoanalíticas no me definiría como una kleiniana. Sin embargo, pienso que Klein fue una gran pensadora psicoanalítica y una gran clínica, cuyos aportes transformaron el pensamiento psicoanalítico de una forma definitiva. Trabajo con niños, adolescentes y adultos y desde mi experiencia clínica en el consultorio, no sería posible pensar en el análisis de niños como lo concebimos hoy sin los aportes de Klein, quien transformó definitivamente la técnica con niños, llevándonos a algo que en su momento era impensable, interpretar la transferencia en niños muy pequeños. Sin embargo, mi experiencia me dice que esto no solo tiene efectos transformadores en los niños, sino que es imposible pensar la clínica infantil sin esta herramienta.

Pienso que uno de los logros más complejos de alcanzar en el desarrollo psíquico es el de la integración, característica central de la posición depresiva. A su vez, quizá lo más retador de la posición depresiva no sea el acceso a la integración, sino la elaboración de todo lo que este estado implica. Es por eso que muchos analistas kleinianos han desarrollado miles de textos sobre las dificultades técnicas que uno encuentra cuando el paciente asoma a la posición depresiva. Quizá lo más complejo sea elaborar todo lo que implica la tolerancia de la dependencia, tema además muy actual si pensamos que como individuos vivimos inmersos en una sociedad capitalista que nos vende permanentemente la idea de que todo se puede lograr a través de recursos económicos, casi sin necesitar de nadie más que de nuestro dinero. Podemos soñar con ser eternamente jóvenes, por ejemplo, también, con ser felices inmediatamente y creer que solo depende de nosotros mismos, frase que vemos repetida cual mantra en los últimos tiempos. Sin Klein no podríamos pensar la dependencia objetal como un logro y como algo dificilísimo de sobrellevar psíquicamente. Ella nos propone que la integración implica no solo reconocer al otro como alguien integrado, con sus aspectos buenos y malos, sino sobre todo reconocernos a nosotros mismos de forma integrada, lo que nos llevaría a hacernos responsables por aquello que le hacemos al otro y a los otros. Parte de devenir sujetos implicaría que asumimos una responsabilidad subjetiva por aquello que le hacemos a los otros inclusive en nuestra fantasía, donde somos libres, pero a la vez responsables de nosotros mismos. Parte de elaborar la posición depresiva implica también la elaboración de la dependencia objetal, lo que supone que nos reconocemos como dependientes de los otros significativos. Esto pasa por las personas que son importantes para nosotros, pero también por el reconocimiento de cuánto dependemos del entorno en el que vivimos y de la naturaleza a la que venimos destruyendo sistemáticamente. Renunciaríamos así a nuestra omnipotencia infantil y con ello se sucederían una serie de experiencias en las que tenemos que poder reconocernos como necesitando de otro. Ese otro a su vez podría estar o no disponible para nosotros, podría en algunos momentos no querer estar con nosotros y con ello dejarnos excluidos, o inclusive podría morir o desaparecer de nuestras vidas. Sabernos dependientes del otro y que nuestro amor al otro sea lo que más vulnerable nos hace no es un aporte de Klein, lo decía ya Freud cuando proponía que era una de las razones, quizá la más potente, por la cual renunciamos al principio del placer. Sin embargo, Klein hace énfasis en la importancia de renunciar a nuestra omnipotencia y poder reparar al otro, ese que hemos dañado, en la fantasía y en la realidad.

No podríamos contar con la herramienta de la contratransferencia –o quién sabe, quizá sí, pero no de la misma manera– si ella no hubiera creado la noción de la identificación proyectiva. Podríamos pensar en Winnicott mismo, quien, en muchos de sus aportes teóricos y clínicos, construye y propone ideas que también han transformado el trabajo clínico; muchas de estas son respuestas a sus diferencias con Klein, quien fuera su supervisora por muchos años. No sabemos si Bion hubiera sido el genial Bion que aportó con su noción sobre la parte psicótica de la personalidad y la vuelta que le dio a la noción de identificación proyectiva, llevándonos a pensar el trabajo con pacientes psicóticos como algo posible de ser pensado y llevado a la práctica, si no hubiera sido paciente de Klein y seguidor de la escuela kleiniana. Pienso que conocer los planteamientos de Klein es casi un deber, para poder discrepar con ella y cuestionarla, a la vez que reconocer los aportes tan geniales que nos dejó al pensamiento psicoanalítico y a la clínica específicamente.

[1] Psicoanalista de la Sociedad Peruana de Psicoanálisis, egresada de la formación de niños y adolescentes por la misma institución. Licenciada en Psicología Clínica por la PUCP, con estudios de posgrado en género por la misma universidad. Magister en Temas de Raza, etnicidad y estudios poscoloniales por la London School of Economics. Ha trabajado con mujeres víctimas de diversas formas de violencia y actualmente se dedica a la práctica clínica y docencia.

Bienvenida al nuevo año académico 2023

Mg. Liliana Granel | Presidenta del CPPL y Directora de Formación Académica CPPL

¡Bienvenidos a todos los miembros del CPPL!

Estamos al inicio del Año Académico 2023, en una nueva casa que nos acoge, con nuevos salones que recorremos con curiosidad y expectativa, pero, si bien es otro local Institucional predomina el mismo espíritu con que fue fundado, el de la esperanza y anhelo en poder transmitir la pasión por el pensamiento psicoanalítico.

Comenzaremos, muy de a poco, a reunirnos de manera presencial. Nos preparamos para recibirlos, a cada uno de ustedes, con alegría, con la emoción del encuentro, ya no sólo virtual, sino con el otro en presencialidad donde el abrazo será parte del saludo.

Felicito y agradezco, muy especialmente, al personal administrativo por el esfuerzo realizado para encontrar esta nueva casa, y que con esmero y dedicación la han preparado para dar inicio al dictado de las clases. También a los miembros del Consejo Directivo, y a todos los profesores por estar ahí, luchando y haciendo posible el crecimiento del CPPL.

Nuestra querida institución, este año cumple 40, y está muy viva y dinámica, y conserva el espíritu con que fue fundada, donde prevalece la pluralidad de pensamiento, buscando sembrar la capacidad de cuestionar y resonar con el dolor del otro, de ser solidarios con el sufrimiento y valientes para ayudar al que lo necesita. Será un año de festejos y trabajo en conjunto para celebrar los 40 años del CPPL.

Fue S. Freud quien abrió el camino a muchos otros psicoanalistas, verdaderos pensadores, que siguen investigando, ampliando la clínica, reflexionando sobre la compleja mente humana, tratando de entender los caminos del inconsciente.

Estudiar psicoterapia psicoanalítica, pienso, es una opción por la vida, por la ética que da acceso al surgimiento de la subjetividad.

 La lectura de los textos y el análisis personal, ofrecen un aprendizaje único, a través de la vivencia, de esa escucha que aloja el malestar del otro, y que permite el despliegue de las fantasías, síntomas y, subyacentemente, la esperanza de menos sufrimiento.

Valorar la escucha, el diálogo íntimo entre analista y paciente, sostenido por el deseo de acercarnos al sufrimiento del otro, que, a veces, es tan parecido al de uno mismo, y desde ahí analizar, explorar el inconsciente y sus múltiples despliegues, para pasar de lo desconocido a lo conocido. Ahí, donde el dolor ha de convertirse en pregunta, ahí donde la angustia invade y ciega el disfrute y placer por la vida, ahí estamos para escuchar, sostener e interpretar.

Para mí, el psicoanálisis es una forma de entender la vida. En este sentido, como plantea J. Kristeva, el análisis personal es un proceso de verdadera transformación psíquica que implica romper con lo establecido, un empezar rememorando, no repitiendo, pero sí cuestionando. Considero que estudiar textos de grandes pensadores psicoanalíticos y, también, atravesar por un proceso de análisis personal, abre un camino infinito para adentrarse a descubrir la compleja mente humana.

Acercarse al pensamiento psicoanalítico es una experiencia única, ya que nos enseña la riqueza que existe en la mente de cada persona, tanto en sus aspectos más sanos e integrados, como en aquellos otros aspectos que presentan dificultades por los avatares de la vida.

Pienso, que son múltiples las emociones que se generan desde el nacimiento, junto con el primer contacto afectivo con la madre, la familia y el desarrollo en etapas posteriores que requieren ser exploradas en toda su magnitud.

Considero que es una disciplina que estudia, investiga y profundiza en nuestro interior a través de la comprensión del inconsciente, explorando los sueños, las fantasías, los deseos y el porqué de las angustias, tratando de entender las motivaciones que nos hacen sufrir o alegrarnos.

El trabajo psicoanalítico nos permite abordar los estados depresivos, los sentimientos de vacío e insatisfacción, los miedos, las pérdidas y procesos de duelos, los aspectos agresivos de nuestra personalidad y las ansiedades que nos acompañan a lo largo de la vida, para elaborar y lograr una mejor armonía en la tarea diaria del vivir.

El psicoanálisis no es algo que se puede aprender sólo leyendo, o desde la teoría, tiene que ser vivido, sentido, experimentado, e inclusive, sufrido

Ideas de la Dra. Virginia Ungar vienen a mi mente cuando ella dice que el trabajo psicoanalítico es una tarea de a dos, con la creación de un espacio de intimidad, donde el respeto por la confidencialidad son requisitos insoslayables, y donde una actitud de introspección, de apertura a lo nuevo y actitud de reflexión permiten el encuentro de alguien consigo mismo de una manera que tenga la posibilidad de elegir con libertad y según su propio deseo.

Quiero darles una cálida bienvenida a Todas las Promociones, pero muy especialmente a la Promoción 40, que con expectativas, curiosidad y asombro hoy comienzan este viaje de descubrimiento del psicoanálisis.

Muy buen comienzo, un largo camino aún nos espera!

XXIX Encuentro Latinoamericano en torno al pensamiento de D. Winnicott

Daniel Dreifuss | Psicoterapeuta Psicoanalítica

Recientemente se ha llevado a cabo el XXIX Encuentro Latinoamericano en torno al pensamiento de D. Winnicott, “El Individuo y el Mundo en que vivimos”. Tuvimos tres días de reflexiones y debates en torno a las propuestas de este importante psicoanalista ingles que tan hondamente ha calado en el psicoanálisis latinoamericano.

En esta, como en anteriores oportunidades hemos trabajado en torno a esta novedosa y “paradojal” propuesta que pone relevancia en el sentido común, centrando la mirada respecto a lo que ocurre en el mismo origen de la persona, en la relevancia de una figura materna suficientemente buena, devota, por lo tanto empática, que gracias a su dedicación va a permitir que ese ser recién nacido, ese infans, se tornó en una persona saludable, creativa, con un psiquesoma armónico, con la posibilidad de desplegar el “gesto espontáneo” gozando adecuadamente del espacio transicional, etc.

En esta, como en anteriores oportunidades hemos trabajado en torno a esta novedosa y “paradojal” propuesta que pone relevancia en el sentido común, centrando la mirada respecto a lo que ocurre en el mismo origen de la persona, en la relevancia de una figura materna suficientemente buena, devota, por lo tanto empática

Los días 18, 19 y 20 de noviembre del 2022 se realizó el XXX Encuentro, esta vez en Lima, organizado por el CPPL y la SPP, en el que centramos nuestra atención en torno a un artículo de Winnicott escrito en 1962 titulado “El desarrollo de la capacidad de preocuparse por el otro”.