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UN BANQUETE PARA LA PROMOCIÓN 39

Dr. Luis Alberto Suárez Rojas – Doctor en Antropología y psicoterapeuta en formación de la promoción 40 del CPPL

 

A continuación queremos compartir con ustedes el discurso que Luis Alberto Suárez preparó y leyó el pasado 13 de Diciembre, como parte de la ceremonia de graduación de la promoción 39 del CPPL y clausura del año académico 2025 de nuestra Institución.

 

 

En el 390-380 a. c., Platón, en Gorgias, recuerda que Homero confirma que Ticio, Tántalo y Sísifo fueron condenados en el Hades a castigos sin fin. En el mundo griego, ellos se convirtieron en tres ejemplos paradigmáticos de condenados eternos. Según los vio Odiseo en el canto XI de la Odisea (verso 576), a Ticio le devoraban el hígado dos buitres; Tántalo moría de sed en medio del agua, sin poder alcanzar los frutos que pendían sobre él; y Sísifo empujaba incesantemente hacia arriba una gran piedra que, al llegar casi a la cima, volvía siempre a rodar hacia abajo.

Con esto en mente, me siento en la convicción de creer que, como psico­terapeutas psicoanalíticos en formación, estamos fuertemente intersectados por las implicancias dolorosas de la repetición como forma de síntoma. Quizá, ahí están, justamente, en Ticio, Tántalo y Sísifo, las figuras arcaicas de la compulsión a la repetición: formas primordiales del sufrimiento y del dolor psíquico expresada como una pesada condena, como una declinación del ser, como la única manera —a veces la única posible— de vivir y de sentir el mundo. Como en el caso de “El Hombre de las Ratas” (Ernst Lanzer) cuando “Pone y saca la piedra”.

Aquí, nuestra formación no nos hace inmunes; más bien, gracias a esa escucha atenta, nos vuelve más sensibles y conmovidos ante la vivencia de la repetición como un destino trágico amalgamado en el trauma, ya sea como un agujero inasible o como un desamparo universal. Con Freud en la mente, cuando estamos con un paciente, ahí estamos en la escena de una vida en la que el sufrimiento ocupa un lugar trágico e incluso con matices siniestros, como un destino que insiste en repetirse, una y otra vez.

Después de 2,400 años, el psicoanalista italiano Massimo Recalcati le da un giro al mito de Sísifo y sugiere que la vida contemporánea parece traer la repetición como imperativos, obligaciones y productividad sin pausa: repeticiones vacías donde el sujeto siente que “la piedra siempre vuelve a caer”. Para Recalcati, la roca es la tarea, el esfuerzo que no para, que no se colma; así, nuevamente, emerge el destino trágico. Pero, en su giro, Recalcati subraya que no se trata de una condena ciega, sino de un lugar donde el sujeto puede encontrarse con su propio deseo, más allá de la compulsión del superyó capitalista que exige “quererlo todo” y “sin límites para el yo”.

En este devenir como psico­terapeutas psicoanalíticos, se ha enfatizado la importancia de revestir nuestro entrenamiento con empatía, contención, apertura; de sostener el no-saber y movernos más allá del supuesto saber; de permanecer atentos a los afectos que circulan, a la retórica y a los ritmos de la palabra, a las metáforas y metonimias del discurso. Ante la angustia y la confusión que llegan al consultorio, quizá podamos decir, en nuestros fueros internos: “No se preocupe, Usted puede venir a la sesión y también la pesada roca de Sísifo”. De-venir-juntos, para quizá comprender ese dolor y sufrimiento, para darle un nuevo sentido o simplemente atravesarlo; en fin, para “dejar rodar” la piedra de Sísifo y seguir el camino. Pero esto implica sostener, encontrar un espacio, dar lugar a la regresión, y abrir un camino para hacer circular los afectos y pensar.

Qué importante ha sido, y continúa siendo, no una formación centrada en la disputatio medieval, sino en el trabajo artesanal y en el diálogo pedagógico humanista y tolerante de la diferencia: un proceso vivo, centrado en la relación aprendiz–maestros (en plural), formando–supervisor–analista, donde la palabra, el silencio y el deseo pueden encontrar su lugar.

Hoy estamos reunidos para despedir a la Promoción 39 y para festejar, en este banquete simbólico, el devenir de nuestros amigos y colegas psicoterapeutas psicoanalíticos. Este encuentro, es un gesto de reconocimiento, de gratitud y de profunda celebración del camino que han recorrido. He tenido la oportunidad de compartir los espacios de supervisión de varios de los miembros de la Promoción 39, y cada uno de ellos ha mostrado con humildad, cómo el antiguo “furor curandis” va mutando hacia un manejo más sensible de la atención flotante, de la abstinencia, del saber esperar, del sostener con la presencia y con la palabra. Y me siento, honestamente privilegiado de haber sido testigo de esa transformación.

Y en medio de estos mitos, de estas repeticiones y de estos destinos, he tenido el privilegio de ver cómo ustedes, en su formación, transforman como el trabajo de artesanos estas “pesadas rocas” en “senderos transitables”.

De igual modo, quiero reconocer y agradecer a todos por este maravilloso XXI Congreso “Tensión y conflicto: psicoanálisis en tiempos de polarización” que la Promoción 39 nos regaló a la comunidad de formandos de nuestro centro. Es verdaderamente notable su empeño, su entrega, su compromiso. Aunque sabemos que fue un auténtico tour de force, como toda empresa de esta naturaleza, nos dejaron un trabajo entrañable para quienes lo vivimos y lo compartimos.

Estoy convencido que todos ustedes, en su singularidad, componen el rostro plural y vivo de esta Promoción 39 que hoy celebramos.

Finalmente, hoy estamos ante el “banquete platónico”, ese espacio donde el eros, el conocimiento y la búsqueda sellan nuestro destino como futuros psicoterapeutas psicoanalíticos. Les deseo todo lo mejor y estoy convencido de que este es el inicio de una aventura nueva, profunda y luminosa. Hoy zarpa el barco desde el buen puerto que es el CPPL, y es mi deseo que cada uno descubra, en su travesía, la alegría del encuentro, la serenidad del pensar y el valor de escuchar la verdad de los otros y de sí mismos.

Que cada uno encuentre su Ítaca, y que el viaje —como decía el poeta griego Constantino Kavafis— sea largo, fértil y luminoso.

 

Gracias.

 

Entre huellas y resonancias: Reflexiones sobre el XIII Congreso de FLAPPSIP

Sigrid Buitrón – Psicóloga clínica (PUCP) y formanda de la promoción 40 del Centro de Psicoterapia

 Psicoanalítica de Lima (CPPL)

 

Este año, la edición XIII del Congreso de FLAPPSIP se llevó a cabo en Lima y fue una oportunidad privilegiada para escuchar a psicoterapeutas y psicoanalistas de diversos países latinoamericanos. Desde mi punto de vista, las ponencias resultaron estimulantes, provocadoras y en algunos casos, particularmente conmovedoras. De modo personal, me impresionó mucho la conferencia magistral de Isildinha Baptista Nogueira sobre el “Efecto del racismo en el narcisismo del sujeto negro”. Aprecié la sensibilidad, la honestidad y la profundidad teórica y clínica con que fueron abordados algunos tema transversales y tan arraigados y comunes en nuestros países latinoamericanos, como el racismo, la estratificación, la discriminación y la exclusión social, y la forma en que estos fenómenos históricos y sociales impactan en la constitución de la mente de las personas racializadas, procesos que no siempre atendemos y/o comprendemos con todos sus matices y que, considero, requieren ser pensados en espacios tanto individuales como institucionales.

La ponencia previamente mencionada, como otras que se presentaron en el marco del evento, hicieron énfasis en el eje de la alteridad y los tiempos de asombro, y pusieron en diálogo al psicoanálisis con la política, los fenómenos sociales y los avances en la ciencia y la tecnología. Esta integración virtuosa generó un espacio propicio para reflexionar en torno al malestar cultural que se configura en nuestros tiempos, y que nos moviliza como sujetos y como sociedades. En este sentido, considero que el congreso fue una suerte de experiencia inmersiva que nos invitó, durante tres días intensos, a repensar cómo estas coordenadas sociales y culturales impactan en la constitución de nuestras subjetividades y en las formas que hemos desarrollado para vincularnos – tanto fuera como dentro del consultorio –, con el apoyo y, a veces, la interferencia de la tecnología. Como consecuencia natural de ello, se generó también un contexto favorable para cuestionar, en distintas mesas y espacios de discusión, las formas como actualmente se expresan los conceptos psicoanalíticos, las adaptaciones técnicas que demanda la época, y sobre todo, el rol y las responsabilidades éticas que recaen en quienes nos dedicamos o aspiramos a dedicarnos a la psicoterapia psicoanalítica, como el ejercicio de un oficio, una práctica profesional y un arte que supone la preservación de lo más humano que tenemos los humanos: nuestra mente, nuestros afectos, nuestro mundo interno.

Me quedo con las sabias palabras de Moisés Lemlij, quien nos invitó – y tal vez, inclusive, nos desafió –  a disfrutar de las oportunidades que supuso este evento: los encuentros y reencuentros con colegas y amigos; la posibilidad de replantearnos algunas ideas previas, de dejarnos sorprender por lo nuevo, de nutrirnos a partir de las experiencias y reflexiones compartidas generosamente por quienes realizaron alguna ponencia y de esta manera estimularon el intercambio de ideas, cuestionamientos y la movilización de afectos. Me quedo, por supuesto, con el deseo y las ansias de participar nuevamente en un congreso de FLAPPSIP, y de poder acceder, otra vez, a una propuesta amplia y variada de trabajos, con un contenido valioso y estimulante sobre el psicoanálisis y la psicoterapia psicoanalítica.

 

Entrevista a Marcos Herrera, psicoanalista y director del doctorado en psicoanálisis de la PUCP

Entrevista realizada por Giancarlo Portugal Velasco, egresado de la promoción 39 del CPPL

 

Marcos Herrera es psicoanalista de la Sociedad Peruana de Psicoanálisis (SPP) y, actualmente, director del Doctorado en psicoanálisis de la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP). Entre sus funciones es, además, profesor de cursos de técnica psicoanalítica, en los que plantea una mirada de intención justa con respecto a Freud; es decir, procura asignar correctamente los valores y las críticas a los planteamientos del mismo. Así, desde un intento de comprender el estatus psicoanalítico, él plantea separar a, por un lado, el Freud científico y, por otro lado, el Freud terapeuta. Con ello, Herrera también separa el psicoanálisis como teoría del psicoanálisis como terapia. En esta entrevista podemos aproximarnos al pensamiento crítico de Marcos Herrera, quien, en última instancia, está realizando una invitación a quienes somos parte de la comunidad psicoanalítica a reflexionar, a preguntarnos, aunque no sea posible una respuesta, sobre aquello que sucede en la clínica y el por qué sucede. 

 

“Para mí los conceptos psicoanalíticos son como piezas de rompecabezas distintas, que no necesariamente tienen que encajar. A veces pueden encajar unas u otras”

 

Bueno, primero, gracias Marcos por el tiempo. Tú tienes una característica en tu historial académico que me llama la atención y que no es tan usual, has leído a Freud en alemán. Dices específicamente que hay como un valor en Freud, pero a la vez, no voy a decir mala interpretación, pero como una suerte de limitación en Freud ¿Cuál es tu postura frente a sus planteamientos a grosso modo?

Antes que nada, gracias, Giancarlo, por la entrevista. Hemos estado conversando un rato antes sobre estas cosas. A ver, a mí me gusta mucho leer a Freud, quiero enseñarlo y básicamente mi posición es incentivar una lectura crítica de Freud. Que esté un poco en el justo medio, entre un fanatismo que asume que todo lo que dice Freud es cierto (que lamentablemente se ha visto durante un tiempo en el mundo psicoanalítico) y una posición muchas veces ignorante con Freud, que simplemente lo rechaza de plano. Creo que en los textos freudianos hay muchas cosas apasionantes, muy útiles, pero promuevo – he tomado el concepto de Jessica Benjamin – una dinámica entre semejanza y diferencia. Lo suelo decir en mis clases, ver qué cosa en los textos freudianos nos sigue razonando, nos sigue interpelando, nos sigue sirviendo, pero también atrevernos a decir frente a qué tomamos distancia.

Ahora, por otro lado, creo importante separar lo clínico y lo teórico. A mí me ha marcado mucho la crítica de que el psicoanálisis no es una ciencia, desde que empecé a estudiar psicología. Y es una pregunta a la que he tratado de responder durante muchos años. La respuesta que me he dado a mí mismo a esa pregunta, y que comparto con quien le parezca útil, es que la mejor solución para mí es separar el psicoanálisis como método de comprensión clínica y el psicoanálisis como pensamiento teórico sobre la mente. Como método de comprensión clínica, que aplicamos en la terapia, digamos en el consultorio, considero que es un método valioso y con el cual podemos ayudar a las personas. El problema con la teoría psicoanalítica de Freud es que Freud inicialmente quiso ser un científico, incluso un científico natural y tuvo que abandonar ese proyecto para casarse. Se dedicó a la medicina, a la práctica de la medicina, y por ese camino terminó inventando el psicoanálisis ¡Bien para nosotros! Pero el punto es que, luego de haber inventado su método terapéutico psicoanalítico, se le ocurrió que de repente también podía ser un científico. Y podía usar ese método terapéutico como un instrumento de investigación científica para validar teorías sobre la mente. Creo que el problema está ahí. Yo creo que el psicoanálisis es un método de comprensión clínica para ayudar terapéuticamente a personas, pero no creo que tenga las características de un instrumento de investigación científica. Entonces, ¿qué hacer con toda la teorización que desde Freud y los post-freudianos ha surgido a partir del método de comprensión clínica que llamamos psicoanálisis? Como lo sostengo en un trabajo que publiqué hace algunos años, creo que son teorías indecidibles. No se puede decir que sean falsas ni verdaderas. En algún lado las he llamado, de una manera un poco provocadora, ficciones epistémicas (Herrera, 2014). Considero que es posible que para muchas de ellas se pudiese conseguir evidencia científica en un diálogo desprejuiciado y abierto con otras disciplinas como la psicología o las neurociencias. Pero lo que no podemos hacer es tratarlas como verdades científicas, como mucha gente hace en nuestro medio. Entiendo que tú tienes también una posición crítica al respecto. Entonces creo que hay que cuidarse de asumir que esas cosas son descripciones de hechos. Ahora, al mismo tiempo, las teorías psicoanalíticas, si bien tienen para mí un estatus no decidible, no dejan de ser útiles en el ámbito clínico. En particular aquellos conceptos que están más vinculados a la clínica misma. Te ponía el ejemplo hace un rato de los conceptos freudianos de la resistencia y contrainvestidura. Contrainvestidura es la explicación metapsicológica de la resistencia, por decirlo así. Yo no creo que, para ser un buen terapeuta psicoanalítico, un buen psicoanalista, se tenga que conocer el concepto de contrainvestidura. Algunos colegas leerán esta entrevista y se preguntarán, ‘pucha, ¿qué es contrainvestidura? Voy a sacar mi Laplanche’. Pero yo creo que eso no los hace menos buenos psicoanalistas o terapeutas psicoanalíticos. Probablemente, en cambio, se manejen muy bien el concepto de resistencia. Y ese es el que tienen que conocer para ser terapeutas psicoanalíticos. Lo otro es más para el ámbito a los que nos gusta también el trabajo académico psicoanalítico. Ser un psicoanalítico que no se excluye de ser un clínico, simplemente son dos cosas distintas.

¿Cómo calificas que son conceptos útiles? Porque entiendo que en tu postura es algo así como mientras no logren el estatus de científico, no se pueden asumir como verdades. Como verdades empíricas. Pero mientras eso sucede, ¿si crees que es legítimo seguirlos utilizando a nivel pragmático en la clínica? ¿Cómo se justifica eso?

Sí. Digamos porque, de hecho, en este trabajo del 2014 de ficciones epistémicas, trato de argumentar por eso justamente con un ejemplo clínico: cómo en una situación clínica con un paciente, me sirve el concepto de la envidia de Klein para poder comprender un material clínico e interpretarlo. Es decir, sí creo que manejar conceptos del modelo tópico, estructural, las nociones de la posición esquizoparanoide y depresiva de Klein; o la noción del continente contenido o la noción de elementos alfa y beta de Bion; o en Winnicott el espacio transicional… Hay una serie de conceptos que sí me parece que un clínico psicoanalítico debe conocer. Yo sería el último en prohibir los cursos de teoría en la formación de un psicoanalista clínico, de un terapeuta psicoanalítico, pero favorecería que en esos cursos se use aquellos conceptos que son más cercanos a la experiencia clínica.

Pero, ¿por qué entonces…? Porque entiendo que la lógica es algo así como, claro, esto no puedo aseverar que es verdadero, no obstante me es útil, y puedo aplicarlo transversalmente en mi práctica clínica.

Eso es lo que estoy planteando. Qué bueno que se entienda.

Y ¿por qué asumir que sí pueden ser transversales a cualquier persona que llega a consulta?

Es que eso dependerá de cada caso, de cada situación. Es decir, con un paciente en un momento dado, un concepto te orientará. Yo me pregunto si yo hubiese podido comprender el material clínico de mi paciente si no hubiese leído el texto de Klein sobre envidia y gratitud, por ejemplo. Creo que no.

¿Te hizo sentido?

Eso. Me hizo sentido. Por eso digamos el artículo se llama ficciones epistémicas o utensilios hermenéuticos. Considero que los conceptos psicoanalíticos son utensilios hermenéuticos que ayudan a dar sentido. Y no sabes cuáles te van a ayudar en qué sesión, pero mientras más conozcas, mejor.

Ahora, igualmente tú tienes una postura en la que sí aspirarías, me da la impresión de que hay como un deseo de que el psicoanálisis en algún momento cobre el estatus de ciencia.

Más que el psicoanálisis, que ideas psicoanalíticas de Freud u otros autores posfreudianos o contemporáneos sean recogidas por disciplinas que tienen métodos más estándar de validación de teorías científicas, sobre la mente en este caso. Y sí, eso porque sí tengo que decir que me duele y me enoja y me da rabia cuando veo críticas muy simples al psicoanálisis desde otras disciplinas con mucha ignorancia. Y de las cuales nosotros mismos somos culpables porque hablamos tan difícil a veces que ellos no entienden de qué estamos hablando. Entonces, sí me parece que, si logramos traducir un poco algunos conceptos, quizás nos entendamos… porque además uno encuentra todos los ejemplos. Es decir, creo que el concepto del narcisismo – que no he hecho una lectura de rastreo, pero entiendo que se origina en Freud y tiene todo un desarrollo en la psicopatología psicoanalítica posfreudiana – es un concepto sin el cual es muy difícil entender la política actual en el mundo, por ejemplo.

En ese sentido, podemos decir que el narcisismo no existe, pero que permite una interpretación de…

El concepto psicoanalítico de narcisismo, quizás para este no tengamos la evidencia científica, entre comillas, pero creo que es útil incluso fuera del consultorio. Entonces, sí creo que incluso se usa. Es decir, mucha gente utiliza el concepto narcisista para describir la personalidad de estos líderes, y no le reconocen al psicoanálisis.

Pero ahí, digamos, me queda la duda de… Bueno, tú acabas de esgrimir, o de revelar, en realidad, cómo te da rabia y cólera. Yo me pregunto pensando desde el ‘sentido común’… para dejarme entender, pondré un ejemplo: es muy común que en las cenas navideñas llegue el tío de la familia, o el cuñado, a decir en una discusión de sobremesa que científicamente se ha demostrado que…’, y con el adverbio científicamente, asume que lo que va a decir es fulminante en esta construcción argumental, y es un punto final. Quiero decir, por una cuestión cultural, muchas veces colocamos un estatus a la Ciencia que es problemático a nivel epistemológico (la filosofía de la ciencia reflexiona sobre estos puntos, por ejemplo). Espero no se me malentienda, porque evidentemente la Ciencia es vital, pero, desde una postura que sacraliza menos a la Ciencia, me pregunto por qué no podría ser suficiente que entendamos al psicoanálisis, no como un sistema de postulados, de verdades fácticas, sino como un sistema conceptual que permite generar sentidos en la vida de las personas.

Yo no tengo ningún problema con eso último. El tema es que en la historia del movimiento psicoanalítico, esa no ha sido la posición. La posición es que se trata de enunciados empíricos, fácticos, validados, y nos reforzamos entre nosotros esa creencia. Entonces, yo estoy de acuerdo con tu posición. Sí, pienso que se podría revisar que tengan que constituir necesariamente un sistema. Tengo una idea más fragmentaria.

Más archipiélago del continente.

Eso, más archipiélago del continente. Para mí los conceptos psicoanalíticos son como piezas de rompecabezas distintos, que no necesariamente tienen que encajar. A veces pueden encajar unas u otras.

Yo lo pensaría, si me permites, como un gran rompecabezas de la psique, del cuál nos faltan piezas. Pero es un postulado, ¿eh?

No, eso no es un postulado, eso es un acto de fe.

Claro, sí, de acuerdo.

Yo soy alguien más posmoderno, en el sentido de que yo considero que no hay el gran rompecabezas.

No hay una totalidad.

Puede haber una totalidad, pero que la podamos conocer no lo sé.

En eso podría estar de acuerdo.

Entonces, que haya una totalidad es una cosa, pero sí creo que los diferentes desarrollos psicoanalíticos no tienen por qué formar una gran imagen donde todo encaja. Ahora, sobre el asunto de mi enojo, también tiene que ver con que, y bueno, tú también eres terapeuta psicoanalítico, yo creo que a quienes trabajamos en terapia psicoanalítica, y más aún a los terapeutas jóvenes que van a continuar trabajando en esto, creo que nos hace daño la mala fama científica de nuestra disciplina. Porque incluso uno ve en el mundo de la salud mental cómo se va marginando al método psicoanalítico frente a otras propuestas. Y creo que esa es una pelea que tenemos que dar. En ese sentido, esa pelea se da en dos frentes. Uno es el frente de rescatar aspectos de la teoría, que yo creo que vale la pena usarlos, pero repito, en diálogo con otras disciplinas. Pero el otro, que es muy importante, es mostrar que la terapia psicoanalítica puede ayudar y cómo puede ayudar. Sin embargo, de nuevo, yo no creo que el propio psicoanálisis sea el que pueda hacer este trabajo, sino que creo que ese es el trabajo del campo llamado investigación en psicoterapia. Y sí estoy convencido de que la terapia psicoanalítica ayuda a muchas personas y que es cuestión de que seamos capaces de mostrarlo.

¿Cómo sabes que la psicoterapia ayuda? Porque ahí, digamos, mi re-pregunta sería, ¿ese también podría ser un salto de fe o que uno lo considere?

Sí, es que es una convicción particular. Es decir, digamos, es porque a mí me ha ayudado, porque ha ayudado a personas cercanas a mí, y porque creo que ha ayudado a algunas personas que han recurrido a mí. No a todas, pero a muchas. Entonces sí, yo tengo esa convicción. Pero es por una experiencia personal.

Ahí pienso en Erich Fromm, que habla de la diferencia entre una fe dogmática y una fe racional. Y para mí el psicoanálisis, en ese sentido, yo lo asumo así: La propuesta psicoanalítica es una fe racional.

Pero sería una fe racional en el método, más que en los conceptos.

Claro, ¿tú tienes esta idea como para retomar el tema – de que hay que separarlos?

Sí, yo considero que es bien importante separar. Una cosa es la terapia psicoanalítica, ¿no? Y entender, digamos, repito, mi experiencia ayuda. Y mostrar cómo ayuda. Y la otra es esta maravillosa… Dijimos el otro día la palabra enjambre. Ese maravilloso enjambre de conceptos psicoanalíticos, que son fascinantes y que está bien conocerlos, enseñarlos y mantenerlos como un legado, pero, al mismo tiempo, mantener una posición distante acerca de su facticidad.

Y para ti qué es quiero hacer aquí como el énfasis de que cuando tú haces la crítica a la metapsicología y al dogma metapsicológico, estás hablando como una crítica, no a la metapsicología como herramienta útil, sino más bien a la pretensión de que la metapsicología es una verdad fáctica y que realmente el superyo está allí

O el inconsciente.

Sí, claro, la idea del iceberg, que lo malo es que se entiende de manera literal.

Como ‘cosas del mundo’.

Como cosas del mundo, sí, tal cual. Pero, ¿qué es lo que queda, quitando la metapsicología, de psicoanalítico en el método psicoanalítico?

Al escribir este trabajo, que se publicó en el marco de la revista Pulsión – por lo que agradezco a los editores – llamado “¿Cómo ayuda el psicoanálisis? Las dos vías de la terapia psicoanalítica” (Herrera, 2023). Tratando de contestar un poco qué es lo propio, más que lo-psicoanalítico-mismo, como si de una esencia se tratase, ¿en qué se parece lo que hacemos aquellos que trabajamos con orientación psicoanalítica? Yo señalaba ahí, por un lado, que son cosas que vienen de Freud. Es decir, creo que esta emoción de hacer consciente lo inconsciente, que esa fórmula tan clásica, tiene algo de eso. Es decir, el asumir que mediante el autoconocimiento, experiencial, vivencial, en el proceso psicoterapéutico, se logra un cambio. Y en ese sentido, tenemos un dispositivo, el encuadre psicoanalítico que facilita eso y donde tenemos una posición de espera, digamos. Por ejemplo, el paciente es el que saca y uno espera y ve qué va pasando, no tenemos un plan de lo que va a ocurrir en la sesión o en el proceso, y sin embargo estamos atentos para encontrar conexiones de las que el paciente no se da cuenta, ayudarlo a integrar aspectos de sí mismo en su representación intersubjetiva. Y, por otro lado, este otro aspecto más relacionado a la interacción y al vínculo terapéutico, que cada vez tengo más la convicción de que es algo que juega un papel muy importante en todo proceso psicoanalítico. Es decir, que mucho tiene que ver con la experiencia misma que tiene el paciente en la interacción con el terapeuta, no en los cálculos que se pueden dar ahí.

Lo que se llama lo relacional.

En general, sí, digamos.

Antes de entrar por ese lado, pensaba en esta pregunta que te hice hace un momento, en el sentido de que se ha intentado debatir y encontrar cuáles son los métodos específicos, lo indispensable para que un proceso sea psicoanalítico y que no sea de otra corriente. Comúnmente se hace alusión a lo que actualmente se llama asociación libre, que tú prefieres traducirlo como ocurrencias libres. También, por ejemplo, al tema del encuadre o sobre el diván o no el diván, sobre la frecuencia, el tiempo, incluso. Lo más famoso es los lacanianos haciendo su corte en el momento en el que se supone que se percibe que ha surgido el inconsciente. En cuanto a esos elementos, ¿tú consideras que algunos son elementos indispensables como para llamar práctica psicoanalítica o más bien pensarías que son más dispensables?

Tú vienes de la filosofía y allí me ayudó un filósofo para contestar esa pregunta. No es que conozca en profundidad, pero es un aspecto de su pensamiento que aquí he accedido más bien por temas de lingüística cognitiva, que es Wittgenstein. En las Investigaciones filosóficas [1953], cuando habla de los juegos del lenguaje, y él habla de los parecidos de familia. Es decir, que no hay tal cosa como una esencia, como características que tengan que estar. Y creo que esa sería mi respuesta. Digamos, creo que en lo que hacemos, las personas que trabajamos psicoterapéuticamente, en la psicoanalítica, hay parecidos de familia, pero no hay cosas que tengan que estar en todos. Entonces, no me atrevería a decir, que estas cinco son las que tienen que estar para que algo sea psicoanalítico.

Y regresando a esta división que hacías, porque tu respuesta de la pregunta de cómo ayuda el psicoanálisis, es, por un lado, la autoconciencia, el insight

El autoconocimiento.

El autoconocimiento…

Proporcionado por las interpretaciones del analista, pero también por el propio trato y la propagación. Y por otro lado está lo relacional.

Pensaba yo en que, no sé si es que estarías tú de acuerdo con el hecho de que en ambos casos lo que es transversal, lo que les une, es la búsqueda de la repetición.

¿En qué sentido?

En el sentido de que, por lo que entiendo, bueno, en el caso del autoconocimiento me queda clarísimo. A través de la interpretación se pueden develar patrones.

Ah, ya. Sí. Que se repite la interpretación del mismo contenido en diferentes contextos.

Exacto, ¿no? Porque Freud diría la pulsión de muerte y…

Creo que Freud diría la ‘compulsión a la repetición’ y en el capítulo en el que dice ‘lo que sigue es especulación y que muchas veces va muy lejos, y el lector decidirá’, ahí es que mete la pulsión de muerte.

Y claro, pero en la parte relacional también está el asunto de encontrar la repetición de patrones y por medio de la relación como no hablada, generar rupturas.

Claro. Podría ser, digamos, hay un… Es un punto de encuentro. Hay un analista relacional que me parece interesante, Donnel Stern, no Daniel, sino Donnel, que considera que la transferencia es como una relación rígida, una repetición rígida, una incapacidad de abrirse a nuevas maneras de relación. Y que en el trabajo con el terapeuta, con el analista, eso va cambiando. Ahora, como veíamos ayer en clase, que era un texto de Mitchell, un analista relacional, esto no significa que uno, como psicoanalista, como psicoterapeuta, se exima del trabajo de la comprensión y simplemente deje que las cosas pasen. No. Estamos permanentemente atentos a qué va pasando, ya sea que ocurra en ese momento o después de que ocurra. Entonces, sí hay un trabajo riguroso e implica un gran respeto del encuadre también.

Es que ahí justo es un tema donde puedo relacionar para mí, porque para mí una de las cosas que define la postura analítica es justamente que tu paciente puede tener el derecho de no estar siendo consciente de lo que está diciendo, pero tú no tienes el derecho a no ser consciente de lo que estás…

¿Se podría agregar una palabra ahí? Diría ‘no tienes el derecho a no intentar’.

De acuerdo. A no intentar comprenderlo. Estoy totalmente de acuerdo. Porque incluso hasta tu contratransferencia…. Pero claro, tú tienes que ser consciente. Y a veces desde lo relacional me da la impresión de que hay como esta cuestión… simplificando mucho como muy desde las buenas intenciones y tratar bien al paciente y, sí, quizás en algún momento se exacerbó la rigidez desde quienes se posicionan más en el lado de la interpretación, pero me parece que hay quienes en lo relacional a veces hay un peligro de que se piense que ‘en lo relacional se puede casi todo’.

Yo creo que más que un tema de tratar bien es un tema de autenticidad. Creo que es un tema de autenticidad más que de tratar bien. No es tanto… Creo que ahí hay un prejuicio respecto del psicoanálisis relacional que quizás lamentablemente puede ser también producto de cómo alguna gente ha asumido ese paradigma: como un ‘Todo vale. Y todos nos amamos’. No, no, no es eso. Es fundamentalmente si quieres… Básicamente, en mi caso – luego de haber visto cambios en pacientes y tratando de entender por qué se dieron – es… lo típico sería que en un congreso me presento y digo ‘sí, los cambios se dieron porque en la sesión 36 le interpreté la fantasía de ataques a la madre’… pero a veces me he preguntado ¿realmente qué hice? ¿Qué le dije? Y me pongo a pensar si no es más el efecto silencioso de muchas cosas que se fueron dando a través de las sesiones y que muchas son inducidas por cosas que el propio paciente genera y que luego se llevan.

Intentando ponerme un poco de abogado del diablo, desde este otro lado de la autoconciencia

… Autoconocimiento. Yo he usado autoconocimiento aquí. Si te pones autoconciencia le da otro matiz. Porque conciencia introduce un fenómeno psicológico. Sí. El autoconocimiento es más menos ambicioso.

Ya... Pero hay un fenómeno que es la conciencia, ¿no? Digamos, estás viviendo tu conciencia ahora que estamos hablando, estás consciente de que estás en este lugar

Depende de cómo usemos la palabra conciencia. Creo que la palabra conciencia pertenece a otro ámbito teórico, que autoconocimiento, me parece, menos.

Entiendo. Entonces, el asunto del autoconocimiento me pregunto, jugando a abogado del diablo, pensando en algunas críticas que se plantean, en qué se distinguen las interpretaciones de las sugestiones, ¿es posible una sin la otra?

Bueno, tratamos que no sean sugestiones. Es decir… si bien en el curso hemos dicho que la idea clásica de la interpretación verídica que ‘le chunta’ a la verdad del paciente es cuestionable cuando tomamos a autores como Spence que habla de la verdad narrativa… al final la posibilidad de la influencia de la sugestión no la podemos descartar. En este sentido, se esperará que tengamos un partner que sea capaz de cuestionar lo que estamos le diciendo para evitar eso.

Una última pregunta… el asunto de qué… es que al final nunca sabemos con certeza si el paciente está mejorando… si es que hay algo que realmente esté cambiando en su psique o si más bien… no. Peor aún, incluso asumiendo que sí, no sabemos el porqué.

No pues. Ninguna de las dos las sabemos, pero al menos hagámonos la pregunta. Que sea importante. Esto está ayudando a esta persona… cómo y por qué. El problema es que hay una exigencia a nosotros desde afuera de demostrar eso. Quizá desde la sesión no lo podemos evaluar, pero, aquí en Perú tenemos esta situación particular de que la psicoterapia es un privilegio de sectores medios y altos…

Totalmente

En otros países, donde la psicoterapia está más socializada, son entidades públicas o seguros las que financian la psicoterapia. Allí sí se nos obliga, se nos exige una evidencia de que lo que estamos haciendo vale la pena de que se financie. Eso nos coloca en un desafío muy fuerte. Allí es donde creo que la investigación en psicoterapia es importante. En ese sentido – voy a decirlo – tengo fe en que lo que hacemos ayuda y que si se hace una investigación en psicoterapia adecuada se puede demostrar que sí.

 

Referencias bibliográficas:

Herrera, Marcos (2014) “Ficciones epistémicas o utensilios hermenéuticos: acerca del estatus de los conceptos psicoanalíticos”. En Bettocchi, Bárbara & Raúl Fatule Una visión binocular. Primera edición. Fondo Editorial PUCP: Lima, Perú.

Herrera, Marcos (2023) ¿Cómo ayuda el psicoanálisis? Las dos vías de la terapia psicoanalítica. Pulsión. (1), 4-13.

¿Qué es el psicoanálisis para un (casi) egresado del CPPL?

Giancarlo Portugal, psicoterapeuta en formación de la promoción 39 del CPPL

 

El psicoanálisis es, me parece de manera preliminar, una fenomenología con dimensión práctica.

 

Han sido 4 los años de una formación que deja huellas conscientes en la vida de una persona. Ciertamente, se dice rápido afirmar la cantidad de años. No expresa todo el conjunto de vivencias que uno lleva consigo. Decir 8 ciclos académicos tampoco parece representar, en su totalidad, la carga. De la misma forma, hablar de 96 meses – aunque impacta más – no condensa lo atravesado. Quizá, en ese sentido, aunque irónico, las palabras (¡y los números no dejan de ser lenguaje!) solo muestran parcialmente y ocultan más de lo que uno quisiera.

Al iniciar la formación, uno no deja de preguntarse qué es el psicoanálisis. La respuesta corta podría ser afirmar, con certeza, que es una forma de psicoterapia. Quizá, desarrollando más o apelando a más precisión, podemos decir que es una psicoterapia que afirma la existencia del inconsciente y que apuesta por una asociación libre a través de un Otro que ha tenido su propio proceso analítico y que permite pensarse diferente sin que ello apunte a una sugestión. No obstante, aún así – permítase decir – queda corto lo expresado. Nuevamente, las palabras no muestran la totalidad, ocultan parte de lo valioso. Aún así, tras estos años de formación, me queda claro que el psicoanálisis puede vivirse.

Entonces, intentando hacer el esfuerzo, ¿qué es el psicoanálisis para alguien que se forma en este? Antes de responder, me doy la licencia de centrarme un momento en la cuestión de la formación en psicoterapia psicoanalítica. Esta está sostenida no solo en lo académico, que es un primer pilar que, como todo pilar, es de vital importancia. Está también sostenida en un análisis personal de dos veces a la semana, un segundo pilar, que se vive en el consultorio y en la cotidianidad. Asimismo, las supervisiones son un tercer pilar que no puede subestimarse, pues no deja de ser, para muchas personas, la primera aproximación a intentar comprender qué sucede allí, en la sesión, a través de la generosidad de colegas que comparten una aproximación psicoterapéutica y que comparten sus fragilidades e insuficiencias, pero con esperanzas de aprender, de identificarse con personas que supervisan porque, un momento, no supieron y lo aceptaron. Menciono todo esto, porque para quienes venimos de espacios académicos el psicoanálisis, en la formación, se revela no como un conocimiento teórico, sino como una forma de aproximación a la vida, pero con una posibilidad práctica muy particular y diferenciada a otras prácticas profesionales.

El psicoanálisis es, me parece de manera preliminar, una fenomenología con dimensión práctica. La práctica psicoterapéutica que ejercemos se basa en la percepción y, desde esta capacidad de, especialmente, escuchar y observa al Otro elaboramos hipótesis metapsicológicas a partir de conceptos de una tradición occidental muy concreta. Esta tradición tiene conceptos que hemos heredado y ejecutamos como herramientas de trabajo: pulsión, inconsciente, transferencia, repetición, Yo, Superyó, Ello, entre muchos otros que tenemos desde Freud hasta los relacionales, pasando, claro, por Klein, Winnicott, Bion, Lacan y más. Podemos, en ese sentido, decir que manejamos una terminología que – aunque sé que con diferencias conceptuales por supuesto – nos permite traducir las prácticas del Otro en el consultorio. Así, desde esta traducción, comunicamos – cuando creemos pertinente – una apuesta amable en forma de interpretación que le permita a ese Otro hacer consciente lo no sabido de sí mismo. De igual forma, desde dicha traducción, nos permitimos poner en el consultorio un conjunto de prácticas relacionales que le den al Otro una forma de vivirse diferente al que ha repetido. Para cerrar esta lectura de nuestra disciplina, vale recordarlo, nuestra traducción tiene una esperanza que considero irrenunciable: el cambio psíquico.

Esta ha sido mi respuesta condensada tras la experiencia de formando. Sé que cada colega egresante tendrá la suya. Así, creo que ninguna será completa y, antes bien, podrían, en el mejor de los casos, ser complementarias. En cualquier caso, serán valiosas. No obstante, sí creo que, al margen de la respuesta tentativa, hacerse la pregunta sobre eso que define al psicoanálisis, siendo psicoterapeutas, es una pregunta a repetirse sin compulsiones, pero con anhelo de acabarla, aunque dicho objetivo, muy probablemente, no sea posible. Recuerdo aquí el espíritu investigativo de Freud, quien, aunque afirmaba constantemente que era necesario que quienes le seguían sigan investigando, nunca renunció a la posibilidad de la verdad de comprender la fantasía del Otro y comunicarlo de manera académicamente rigurosa. Me queda, así, solo agradecer estos años y homenajear, humildemente, a la Escuela y a quienes la conforman con un intento de responder con las herramientas conceptuales que me han brindado desde la honestidad de su interés por reproducir a nuestra disciplina.

 

Pulsión de vida en momentos caóticos

Lourdes Schutte, egresada de la promoción 35 del CPPL

 

Freud, en su obra “Más allá del principio de placer”, revisa y cuestiona el principio de placer, explica la compulsión a la repetición y reformula la teoría de las pulsiones describiendo el dualismo pulsional final entre pulsión de vida (Eros) y pulsión de muerte (Tánatos). Dualismo que, sin duda, acompaña al ser humano durante toda su existencia.

La presencia de ambas pulsiones está constantemente “ligadas” en la vida cotidiana, y se entrelazan vivencias desde una realidad donde, a simple vista, parece tener el protagonismo Tánatos.

¿Cuáles serían, entonces, algunas columnas que nos sostienen en medio de una atmósfera tensa y contaminante que abarcan aspectos políticos, económicos, sociales, ambientales, educativos y de salud que atravesamos?

Probablemente la vida en grupo sea una experiencia que contribuye a organizar nuestras vidas en medio del caos. ¿Cuándo está presente la pulsión de vida? Cuando nos juntamos con otros a vivir distintas experiencias: cantando, conversando, asistiendo a encuentros con gente amiga o a tomar un café con aquellos que dejamos de ver en algún momento. Cuando alguien comparte en alguna red social un momento triste o una pérdida y encuentra compañía en las respuestas sostenedoras de los demás. Cuando nos vamos dando cuenta lo que implica vivir con otros. Cuando ciudadanos indignados se organizan para exponer sus reclamos frente a la ausencia de condiciones básicas de vida como seguridad, equidad y presencia del estado. Cuando se instauran sistemas solidarios en una realidad en donde lo colectivo se vuelve imprescindible para la autoconservación. Cuando las redes de apoyo vecinales cubren las necesidades más urgentes e inmediatas como es el caso de las ollas comunes. ¿No es acaso esto una forma de amor colectivo?

Enrique Pichon-Riviére, consideraba a los grupos espacios de aprendizajes y transformación. En su libro “El proceso grupal” (2008) nos dice:

Definimos al grupo como el conjunto restringido de personas, ligadas entre sí por constantes de tipo y espacio y articuladas por su mutua representación interna, que se propone en forma explícita o implica una tarea que constituye su finalidad.

Los conjuntos sociales se organizan en unidades para alcanzar mayor seguridad y productividad. La unidad grupal tiene en muchos casos la característica de una situación espontánea. (p.209)

Hace algunos días, caminando por las calles de Lima no pude dejar de observar diferentes grupos:  danzantes de toda edad, músicos contagiando melodías, familias diversas. Gente unida por alguna actividad deportiva o artística, alumnos y profesionales compartiendo conocimientos, grupos de vendedores, devotos, curiosos, comensales, etc.

Estos grupos estaban impregnados de dinamismo, de un ánimo particular, quizá eso hace posible que existan agrupaciones más diversas aún, personas que tienen algún tipo de enfermedad y se unen para transitarla juntos, así también están los que comparten un tipo de circunstancia o experiencia de vida como los familiares de gente privada de libertad.

Las agrupaciones casi siempre sostienen un propósito que se despliega con la presencia y aporte de cada participante, naturalmente surgen lazos que conducen a una mutua protección y cuidados.  Así lo describe también Clarissa Pinkola, en “Mujeres que corren con los lobos”, una loba por muy enferma, acorralada, sola, asustada o debilitada que se sienta se acercará a los demás en busca de la protección de la manada.

Muchas veces dentro de los grupos se van creando espacios que se convierten en refugios empáticos, donde se escucha y se huele al otro, en ese olfateo emocional se crean círculos testimoniales de una práctica plena de alteridad.

En el desarrollo de las vivencias comunitarias se despliega esa energía libidinal capaz de crear vínculos que perduran a través del tiempo. Podemos observar a nuestro alrededor el continuo interés en participar de grupos, es como una energía viva que alimenta y se desarrolla. En los diversos círculos que se forman se va experimentando un sentido nuevo: el sentido colectivo, dando lugar a la imaginación, a intercambiar sueños, a crear algo nuevo.

Las pulsiones de vida se anidan en las construcciones colectivas entre seres humanos, aunque sean complejas, se van sosteniendo en la unión, la creación y conservación de la vida. Dentro de estas construcciones colectivas podemos transitar diversas emociones, seguramente alumbradas por la alegría de la fraternidad y la esperanza de lograr una integración.  Recordemos siempre que el caos no ha logrado apagar la vida grupal.

 

…De vez en cuando la vida
Afina con el pincel
Se nos eriza la piel, y faltan palabras
Para nombrar lo que ofrecen
A los que saben usarla

 (J. M. Serrat)

Sobre adultos mayores ¿lo leo?

Mg. Olinda Serrano de Dreifuss – Docente, supervisora y directiva del CPPL. Coordinadora de la cátedra de técnica y supervisión.

 

Con mucho gusto he participado recientemente o hace dos meses en el congreso brasilero titulado “Baby Boomers: una generación que desafía el tiempo”.

Efectivamente, algunos de nosotros pertenecemos a una generación, así llamada Baby Boomers, que ha pasado por muchos cambios y transformaciones. Seguramente, muchos hemos recibido los últimos videos que muestran cómo vivíamos nuestra niñez, adolescencia y adultez con comparaciones que señalan usualmente nostalgias y ventajas de antaño, como trayendo aquello de que “todo tiempo pasado fue mejor”. Esta frase contiene un gran desafío pues puede ser la contraparte del edaísmo, esa actitud que desvaloriza a los adultos maduros. En general, en esos videos se transmiten situaciones presenciales, interactivas y lúdicas, muy distantes de las formas actuales de conectividad y complejidad, frecuentemente del orden más bien del play que del game. Sin embargo, podemos mirar también el paso del tiempo dando la bienvenida a muchos cambios que han sido favorables como el hecho de que ahora las comunicaciones a distancia se han facilitado notablemente. Y en pandemia, por ejemplo, la tecnología sin duda nos sostuvo o nos facilitó sostenernos.

Quisiera decir que lo actual no es mejor ni peor que lo pasado, lo antiguo; que cada época tiene sus características propias y otras invarianzas humanas y sociales como los conflictos y las guerras que son constitutivas de lo social, como lo son el amor, la solidaridad y la esperanza. ¿Qué si estamos en una situación apocalíptica desde el calentamiento global o la inteligencia artificial? Sin duda, son grandes preocupaciones. Por supuesto que podemos tener una visión, sin duda adecuada, de una realidad confusa, peligrosa, corrupta y perversa, a nivel nacional, latinoamericano y mundial, pero a lo mejor eso sería una visión parcial de la realidad.

Las migraciones constituyen un tema cada vez más presente y complejo, que implica múltiples vivencias de duelos y descubrimientos, de novedades, acomodos y otros reacomodos que posibilitan transformaciones. Nuevas formas de vínculo aparecen o mejor dicho las inventamos en esas circunstancias y otras maneras de ser se conservan aún en las migraciones. Podríamos pensar entonces que nuestra generación de Baby Boomers, con tantos cambios vividos, es también migrante en el sentido temporal; somos desplazados en el tiempo con variable y tal vez melancólica resistencia o con cierto entusiasmo y adaptación vital. La migración de la era analógica a la era digital marca un aspecto muy importante porque se relaciona con todos los otros aspectos de la vida humana individual y colectiva, y en ese sentido se nos considera una generación “puente”.

Así, nos van surgiendo temas específicos para pensar y dialogar como el paso del tiempo, la percepción subjetiva de nuestro tiempo, la finitud no sólo personal sino de la especie, los vínculos y su valor constitutivo en el desarrollo, el enfermar y el curar y curarse, es decir la forma de envejecer, el lugar de la creatividad y el arte, la política y sus posibilidades y riesgos a la larga -pero qué medida de tiempo es esa- de destrucción de la especie. En todo este panorama, ¿cómo se ubica el psicoanálisis desde la teoría, la psicopatología y nuestro oficio hoy, ejercido frecuentemente a través de una pantalla?

Decíamos que el psicoanálisis, tanto respecto a su elaboración teórico-clínica como respecto a su quehacer y función institucional, se encuentra con el desafío de dar un espacio explícito a los adultos maduros y a asumir el estudio, la investigación y la formación que implica atender a pacientes mayores tanto cuando los terapeutas son jóvenes como cuando pacientes y terapeutas son maduros.

DESASTRES NATURALES Y TERROR URBANO, A PROPÓSITO DEL DÍA MUNDIAL DE LA SALUD MENTAL 2025.

Dr. Luis Alberto Suárez Rojas – Doctor en Antropología y psicoterapeuta en formación de la promoción 40 del CPPL

 

El tema del Día Mundial de la Salud Mental 2025, celebrado el pasado 10 de Octubre, se centró en la salud mental y el apoyo psicosocial en la respuesta a emergencias. En el actual contexto global marcado por el cambio climático, los desastres naturales y los conflictos sociales de gran magnitud, la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha decidido dedicar este año a reflexionar sobre la importancia de cuidar la salud mental ante situaciones críticas y profundamente disruptivas, como las emergencias sanitarias, los desastres socioambientales, los conflictos armados y los fenómenos migratorios. La OMS destaca que los efectos psicológicos y sociales de estas emergencias pueden ser graves a corto plazo, pero también generar consecuencias duraderas.

Sin duda, las cifras son alarmantes. El Comité Internacional de Rescate (IRC) advierte que, en solo 20 países con altos niveles de deterioro, se concentra el 82 % de las personas en crisis humanitaria a nivel mundial para el año 2025. Lugares como Sudán enfrentan la mayor crisis jamás registrada, mientras que Siria vuelve a situarse entre los cinco países de mayor preocupación. Por su parte, el Internal Displacement Monitoring Centre (IDMC) informa que, en el año 2024, más de 24 millones de personas fueron desplazadas por desastres naturales en la región de Asia-Pacífico, evidenciando la magnitud de los desafíos humanitarios y medioambientales que enfrenta el mundo.

En tiempos de crisis, la OMS nos invita a reconocer la urgencia de construir respuestas públicas y colectivas que protejan la salud mental e imaginar medidas para reconstruir lazos humanos, la solidaridad y el acompañamiento emocional. Este llamado pone en evidencia la necesidad de un trabajo organizado, colectivo e institucional capaz de ayudarnos a transitar experiencias tan intensas de pérdida y dolor psíquico. Ante ello, vale preguntarnos: ¿qué nos corresponde reflexionar y hacer como colectivo en nuestro país para asumir este desafío y cuidar la salud mental de todos?

Desde hace varios años, en nuestro país hemos sido testigos del fenómeno de la migración y los desplazamientos forzados, motivados por las difíciles condiciones económicas y políticas en la región. No obstante, es fundamental abordar críticamente la xenofobia y el despliegue de las múltiples formas de violencias (en plural) y rechazo que acompañan estas dinámicas, especialmente por su impacto en la salud mental. Abordar estas realidades desde el reconocimiento del dolor psíquico y, al mismo tiempo, desde la esperanza y la resiliencia, constituye una tarea necesaria para pensar, sentir y actuar públicamente.

Del mismo modo, hemos sido testigos del crecimiento exponencial del crimen organizado y de la ola de terror urbano que se extiende en muchas ciudades del país, mientras el Estado parece replegarse, dejando en la población una profunda sensación de abandono. El asedio constante del crimen organizado envuelve a las ciudades en una atmósfera tanática y mortífera, con graves repercusiones en la salud mental y física de las personas. Esta política del terror y la muerte erosiona la esperanza de muchos hogares, que se hunden en el dolor, el desasosiego, la ansiedad y la desconfianza, mientras jóvenes hombres y mujeres ven restringidas sus posibilidades de movilidad y libertad por el temor a perder la vida, ya sea en sus propios barrios o en el transporte público (Suárez, 2025).

Desde mi perspectiva, el llamamiento de la OMS supone el reconocimiento de una acción pública y colectiva frente a las graves amenazas a la salud mental que afectan a muchas personas y hogares. Esto nos invita a reflexionar sobre las implicancias políticas del trabajo clínico, tal como sugiere Carolyn Laubender en The Political Clinic: Psychoanalysis and Social Change in the Twentieth Century (2024). Desde mi mirada, retomo la noción de “lo político” en el sentido que propone Chantal Mouffe: como una dimensión ontológica de la vida social, que se mueve en el entramado de la coexistencia humana, el conflicto, el antagonismo, la alteridad y la diferencia. Retomando a Laubender (2024), creo que lo fundamental es que sostiene que una clínica psicoanalítica entendida políticamente puede contribuir a reimaginar categorías como la raza, el género, la sexualidad, la infancia, la nación y la democracia.

De ello se desprenden, a mi entender, dos horizontes de posibilidad. Por un lado, ampliar el campo de la clínica psicoanalítica más allá del consultorio, generando formas de acompañamiento psicoterapéutico orientadas a las poblaciones afectadas por el terror urbano y sus implicancias psíquicas. Por otro lado, desplegar modos de intervención desde lo político hacia lo público, utilizando el dispositivo psicoanalítico como una herramienta para pensar colectivamente y contribuir a procesar este complejo escenario de abandono estatal y violencia urbana, abriendo así la posibilidad de responder de manera colectiva y organizada ante estas experiencias compartidas.

Creo que pensar públicamente esta situación —es decir, reflexionar colectivamente sobre la crisis institucional, el miedo y las múltiples formas de violencia— puede ayudar a elaborar —digerir simbólicamente— lo que estamos “sufriendo” y, al mismo tiempo, imaginar otras formas de convivencia y cuidado desde una clínica políticamente situada frente al dolor psíquico.

 

Referencias.

Mouffe, C. (2009). En torno a lo político (S. Laclau, Trad.). Fondo de Cultura Económica.

Laubender, C. (2024). The political clinic: Psychoanalysis and social change in the twentieth century. Cambridge University Press.

Suárez R., L. A. (2025). Cartografías del terror, violencia y abandono: Posibilidades desde una clínica situada. En XXI Congreso Internacional Tensión y Conflicto. Psicoanálisis en tiempos de polarización [Ponencia]. Centro de Psicoterapia Psicoanalítica de Lima, CPPL.

Entrevista a Leopoldo Caravedo acerca del psicoanálisis relacional

Entrevista realizada por Giancarlo Portugal Velasco*

 

“No hay que descartar lo pulsional, pero hay que ver cómo se integra lo relacional”

 

Leopoldo Caravedo no solo ha sido presidente del CPPL. Más relevante aún, fue parte de la primera promoción de la Escuela en 1985. No obstante, no fue este su primer acercamiento a la psicoterapia psicoanalítica. Antes bien, ya había estudiado psicología en la Universidad Ricardo Palma y, luego continuó su acercamiento a la compresión de la psique desde Europa a través de la llamada antipsiquiatría, liderada por diversas figuras de renombre internacional entre las que destaca la figura de Ronald Laing, a quien conoció en Londres y a quien, junto a Max Hernández, considera su maestro. Asimismo, en Barcelona, empezó a estudiar psicoanálisis y psicodrama. Solo en 1981 volvería al Perú y, tras su formación en el CPPL, realizó la formación en el Instituto de la SPP en 1992. Aficionado al fútbol, arquero desde joven y estudioso permanente de sus intereses, entre estos ha destacado últimamente el psicoanálisis relacional, pero sin descuidar conceptos como la pulsión. Sobre este tema versa nuestra entrevista.

 

Bueno, primero que nada, muchas gracias, Leopoldo. Desde el año pasado estoy haciendo entrevistas sobre diferentes autores; tenemos ya entrevistas introductorias a Freud, Klein, a Bion, a Lacan, a Winnicott, entre otros. Entonces, tras esos clásicos, quería pasar a lo más contemporáneo. Así, el objeto es dialogar sobre el llamado psicoanálisis relacional, sabiéndose además de que hay diferentes aproximaciones relacionales y no una sola.

Adelante, entonces.

 

Algo que a mí me ha impresionado en cuanto a lo relacional es su intento de revisar y criticar, lo cual, en sí, no me parece para nada algo negativo, pero sí me sorprende cuando llega a haber discursos relacionales que niegan, por ejemplo, la pulsión o, incluso, hasta el concepto de inconsciente parece como mucho más relativizado. Todo esto lo conversaremos, pero quería empezar con algo sumamente básico: ¿Qué es el psicoanálisis relacional?

Mira, me he dado cuenta que conecto con lo que fueron mis orígenes, estoy hablando de los años setenta y tantos, cuando estuve conectado con las teorías de la antipsiquiatría, con Ronald Laing, que es alguien que está considerado también como precursor de la teoría del psicoanálisis relacional. En realidad, no es una teoría específica, es una actitud frente a la posición tan determinista de la teoría clásica. Sin que la nieguen, ni que la excluyan, pero consideran que hay otros factores que son igualmente importantes en el psiquismo humano: el contexto en que se defiende una persona. En ese sentido, si se puede decir una definición, es una posición, una actitud frente al fenómeno o al conocimiento psicoanalítico que lo trata de repensar, reflexionar y ampliar perspectivas. Entonces, dentro del psicoanálisis relacional tenemos desde, como tú decías, los que niegan la pulsión hasta los que no la niegan, pero le amplían el panorama. Y en medio de eso están los que son interrelacionales, intersubjetivos, vinculares. Entonces, también comenzamos a tener una perspectiva amplia de lo que es el psicoanálisis relacional. Ahora, mientras te digo esto, estoy pensando en general que es un movimiento, un tránsito de la modernidad a la posmodernidad. De la verdad absoluta a la verdad vista de distintas perspectivas. Yo creo que eso, básicamente, podría resumirlo.

 

Entiendo que la idea desde lo relacional es que hay un aporte al psicoanálisis al centrarse en la relación. No obstante, también podría decirse que no, que siempre hubo relevancia de la relación en la alianza terapéutica, por ejemplo ¿Cuál es ese aporte? ¿Qué está buscando nutrir el psicoanálisis relacional? ¿Por qué es importante? ¿Por qué poner en primer lugar la relación?

La idea era que dentro de la línea de la modernidad el sujeto era por hecho. El objeto de estudio era el paciente, el analizado. Y el sujeto, el analista, era el observador constante, objetivo, que trataba de entender a este sujeto objeto de estudio. Entonces lo que plantean en realidad los relacionales es si está ahí, implícita, que es una relación, están implicados los dos. No es una sola mente la que está en juego, sino son las dos mentes. Por eso, algunos hablan la teoría de una mente y la teoría de dos mentes, que complejiza todo el problema, pero me parece interesante porque amplía las posibilidades de ubicarse frente a las distintas necesidades de cada paciente. Entonces, el relacional, después los estudios, ha señalado como lo que cura, si es que podemos hablar de cura, es el vínculo, no es la interpretación. No es este sujeto que sabe, entiende que mira a este sujeto que sufre y con su interpretación le desanuda las cosas. Y digo a propósito desanuda porque Laing hablaba de nudos. Nuts es un libro que tiene. Entonces, el trabajo terapéutico era desanudar esa complejidad. Se hablaba de la contratransferencia pero como al principio incluso era desacreditada, era evaluada, hasta que Rangel y otros comenzaron a hablar de la contratransferencia y, más bien, en vez de un obstáculo se le otorgó la posibilidad de un instrumento de acercamiento. Entonces, comienza a pensarse que hay otras formas de pensar el psicoanálisis también. El tema siempre ha sido si eso derrumbaba los pilares prohibidos. Como pasaba con Bowlby, quien en un momento fue desacreditado incluso casi invitado a salirse de la sociedad británica del psicoanálisis. Pero la paradoja es que él es el padrino de la sociedad peruana del psicoanálisis. Entonces él fue sponsor, fue uno de los que contribuyó a que se construyera, se oficializara la sociedad peruana del psicoanálisis. Y él tuvo una visión propia. Estaba leyendo un artículo de Fonagy donde él plantea que, también, esta variedad dentro del campo psicoanalítico, a veces, ha tenido la sensación de fractura y no la sensación de perspectivas. A Coderch lo conocí, también, porque trabajaba en el hospital clínico donde yo trabajaba, una persona erudita, de una cultura abrumadora, creo que se había leído todo lo publicado sobre psicoanálisis. Me sorprendió gratamente ver la apertura con la que planteaba la cosa y creo que es lo que nos pasa en el trabajo clínico, nos damos cuenta que una sola teoría, una sola manera de ver no es suficiente ni da cuenta de las posibilidades como método terapéutico, como teoría de un montón de cosas, pero como método terapéutico todavía es muy difícil explicar lo que hacemos cuando trabajamos: en eso nos damos cuenta que el trabajo ayuda pero no podemos todavía explicar con las teorías científicas cómo, por qué, se producen los cambios en las personas.

 

¿Cuál dirías que es el problema con esa aproximación de sujeto-objeto moderna?

Yo diría como problemas, no como conflictos, sino problemas como la limitación.

 

¡Exacto! ¿Cuál es la limitación?

La idea es que hoy las ciencias están de acuerdo en que es imposible que el observador no esté implicado en lo observado, entonces cuando no se entiende de esa manera, lo vemos en las explicaciones de muchas de las teorías científicas, cuando se habla de los sujetos de investigación como gente aislada, como objetos así estáticos casi y no la implicancia que tiene el sesgo del observador, las teorías que maneja, porque todo eso va también a ordenar el foco de la atención, como el zoom de la cámara va a focalizar o va a observar determinados aspectos y otro que los va a dejar de lado que no los va a poder observar. Entonces, yo diría que hay que aceptar que es así el conocimiento humano, es limitado; yo diría que el conflicto, como tú planteas la pregunta, el conflicto es que nos negamos a pensar que pueden haber otras maneras de entender las cosas que no son el pensamiento dicotómico – yo le digo pensamiento excluyente, a mí se me hace más fácil pensarlo así porque es esto o lo otro -. Si mantenemos abierta la posibilidad de esto y lo otro, eso es tratar de pensar que hay algo que puede explicar las cosas pero también puede haber otras ideas que pueden explicarlas y,  por ejemplo, otro tema de contraste es en el caso del psicoanálisis más clásico, pues, el objetivo es la famosa frase de hacer consciente lo inconsciente, o ser consciente o inconsciente. En el caso del psicoanálisis relacional, ¿cuál es el objetivo o los objetivos que puede haber en un proceso clínico terapéutico? Yo diría que hasta donde voy entendiendo, en el psicoanálisis relacional quizá la idea es que es imposible que los partícipes en los procesos terapéuticos o en los procesos de relación en general estén tan protegidos o tan ajenos al impacto de lo inconsciente, la cuestión es que aceptando eso, por ejemplo, el famoso concepto de enactment, la puesta en escena en las sesiones terapéuticas como pasaba con la contratransferencia era despotricada, desanimada: en una época, casi si el analista decía algo en la sesión, más o menos, sufría el castigo de la mala práctica psicoanalítica. Incluso, Freud decía, pues, que uno tiene que tratar de ver al paciente y mostrarse como un espejo, casi no implicarse emocionalmente, lo que es imposible, pero a Freud nadie lo puede acusar de ignorante, sino que Freud estaba sujeto a su época, esa era la manera de pensar la ciencia en su tiempo. Creo que es muy importante para nosotros los analistas que veamos que también somos sujetos, sujetos a los cambios, a los tiempos que las ciencias van progresando.

 

sostienes que no hay que descartar la pulsión en el psicoanálisis relacional ¿Por qué no descartar la pulsión?

Yo creo que dentro de nosotros hay una energía, algo que nos empuja con fuerza. Se puede llamar inconsciente, se puede llamar emoción. Entonces ¿cómo se organiza la historia del mundo mental emocional de los seres humanos? Nosotros tenemos esa emoción, de repente algo se nos despierta, una fuerza, una energía interna. Los relacionales hablan de una matriz de la mente, es como la cancha donde se puede desplegar el movimiento psíquico, yo creo que por eso no hay que descartar lo pulsional, pero hay que ver cómo se integra en lo relacional y lo relacional cómo toma prestado lo pulsional para poder entender esa fuerza y cómo el contexto, el entorno, la historia; abre las perspectivas de hacia dónde empuja esa fuerza. La teoría más acérrima de lo pulsional diría que casi no tendríamos alternativas en la vida, porque ya estaríamos sobredeterminados. Igualmente, sin esa energía no tendríamos la posibilidad de movimiento, por eso creo que hay que seguirla pensando.

 

Otro concepto que tú sumas a estas reflexiones, al menos que te he escuchado con énfasis, es el de complementar la teoría de la pulsión con la teoría del apego. Por lo que entiendo,  para ti es como una suerte de subconjunto dentro de los estilos relacionales ¿cómo se suma ahí la teoría del apego?

Mira, siguiendo lo que estábamos hablando, volví al apego. Son también cartas, posibilidades, que encontramos hacia dónde podemos movernos en nuestros vínculos, relaciones, intereses. Estos no son absolutos: los que tienen apego seguro tienen más posibilidades, en la educación, de que les vaya mejor que cuando haya investigación frente a los evitativos, a quienes les dan una tarea y van a tratar de sacarle la vuelta a la indicación del profesor. Entonces, el apego también es como un punto de referencia, no es un absoluto, porque tampoco los estilos de apego son sobredeterminados, si no lo mismo que la teoría pulsional, no habría salida, no habría nada que hacer como psicoterapeutas. Por ejemplo, si alguien tiene un estilo de apego evitativo no quiere decir que es condenado a no hacer una relación íntima, pero sabemos que a esa persona le va a costar mucho más hacer una relación íntima que alguien que tiene un apego seguro. Entonces el hecho de que pueda replantearse esto es lo que da sentido al trabajo terapéutico. La teoría son como los anteojos, nos ayudan a ver algo pero no vemos absoluto, podemos cambiar los anteojos y de repente algunos anteojos nos van a ayudar a ver unas cosas, otros no van a ver, pero no vemos la totalidad del fenómeno.

 

Pensar ahorita en el concepto de las estructuras psíquicas, entiendo que esto cambia un poco ¿descarta la parte de las estructuras o la complementa?

Hasta donde entiendo, digamos, la teoría del apego, lo que hace es plantear que hay ciertos aspectos que vienen como si se quiere, en el ADN. La teoría del apego también es una teoría de seguridad, de supervivencia, porque los animales, los seres humanos, parte de las especies se protegen de la madre para que los proteja de los depredadores, por ejemplo, entonces el acercarnos a la figura materna nos nos ayuda a desarrollar. La estructura son como armazones de la personalidad que nos ayudan a sostener y a desarrollarnos, son nuestras propias dimensiones del juego para movilizarnos en la vida. Hay algunos que no les gusta el concepto de estructura, les parece como muy estático, pero las estructuras son tendencias personales, pero no son sentencias, son posibilidades, son campos; de repente, la experiencia nos abre la posibilidad de ver lo distinto de lo que habíamos visto y eso nos lleva a replantearnos cosas, pero los humanos no somos tan creativos como para hacer cosas tan extraordinariamente diferentes.

 

Para ir cerrando ¿dónde queda la interpretación en una postura relacional?

Hay líneas, hay algunas que favorecen, no las descartan y otras que la consideran en un plano secretario; yo estoy en una posición intermedia de la interpretación, puede ser útil, de hecho yo, además, creo que muchos que han teorizado sobre la teoría de la interpretación lo que se plantea es hacerla en su momento apropiado. Hay otras líneas que, más o menos, Etchegoyen en una charla que comentaba un chiste de los kleinianos: el paciente llama al analista y le dice doctor voy a llegar tarde a la sesión pero vaya interpretando. Ha habido abusos. Como en todo ha habido abusos y abusos de las cosas; yo creo que en un gran porcentaje, el vínculo se da y hay momentos privilegiados donde se puede hacer una interpretación, que es cuando el terapeuta le formula una teoría sobre lo que pasa el paciente. El paciente, hay que ver qué hace con esa teoría, si le gusta, si no le gusta, si la acepta o no la acepta, pero no tiene que ser el objetivo de que el paciente o analizando se quede con la interpretación solo del analista: eso sería una forma encubierta de colonizar la mente del paciente y el psicoanálisis si hay algo que pretendería es la libertad del pensar de los pacientes.

 

Termino preguntándote por quienes ven a Winnicott como un precursor de los relacionales. Yo sé que tú le das mucho espacio a Winnicott ¿estás de acuerdo con esa idea?

Winnicott no tiene una teoría ordenada o estructurada. Él era presidente de la Sociedad Británica del Psicoanálisis. Una vez le preguntaron y él decía ‘Yo sigo aprendiendo de Freud’. Esa actitud de no encaminarse a hacia la certeza… A mí me gusta siempre dejar abierta, como el squirrel, dejar abierto el sentido. Ese garabato puede tener un día un sentido y otro día otro sentido, que se juegue con los sentidos. Vuelvo a la crítica del pensamiento excluyente, porque no es que un sentido sea mejor que otro, pueden ser complementarios. La vida es eso: ir armando sentidos, como las sesiones, un descanso en las escaleras donde uno puede mirar dónde está, toma un respiro, y sigue caminando.

 

Gracias, Leopoldo.

 

*Formando del CPPL, Promoción 39

Siniestro y silencioso: el suicidio en la historia psicoanalítica

Lic. Erik Romero, psicoterapeuta psicoanalítico, graduado de la formación psicoanalítica Prom. XXVII

Desde el 2003, el 10 de setiembre se conmemora el Día Mundial de Prevención del Suicidio, fecha alrededor de la cual solemos ver actividades destinadas a concientizar y sensibilizar acerca de esta problemática, así como a informar acerca de las alternativas de prevención y contención con las que se cuenta desde los servicios de salud públicos y privados. Sin embargo, según datos de la OMS (WHO, 2025), las cifras relacionadas al suicidio vienen en aumento (como ideación, intento o acto consumado), especialmente para el rango de edad comprendido entre 15 a 29 años.

La ideación suicida es uno de los fenómenos clínicos que más nos hace cuestionarnos acerca de nuestras capacidades y posibilidades para contener dicho riesgo y amenaza en el espacio terapéutico y, en simultáneo, mantener un enfoque analítico que nos permita trabajar con este tipo de material clínico y todo aquello que evoca en nosotros como terapeutas. Apelamos a supervisiones, lecturas e interconsultas de psiquiatría, pero la interrogante acerca de si nuestros esfuerzos serán suficientes puede mantenerse siempre presente. Si bien en todo proceso analítico hay componentes de incertidumbre e impredecibilidad, además de elementos de riesgo y peligrosidad que pueden situarse en el límite entre lo simbólico y lo concreto, cuando se presenta la ideación suicida en el consultorio nos confronta con los límites de la representatividad y los propios aspectos autoagresivos.

A través de múltiples estudios cuantitativos (Dultheil et al., 2019) publicados a partir de los años 60s, se puede apreciar que la prevalencia de ideación e intento suicida suele ser significativamente más alta en profesiones de la salud respecto a otras carreras, especialmente para ciertas especialidades, entre las que destacan aquellas relacionadas al cuidado directo (enfermería), al manejo de situaciones de riesgo (emergencistas, anestesiólogos), y a las de salud mental.

Si bien no contamos con publicaciones que detallen cuantitativamente la extensión y magnitud de este fenómeno en profesionales cuya practica sea específicamente de orientación psicoanalítica, podemos encontrar diversos casos a lo largo de la historia del psicoanálisis, cuyo abordaje puede resultar revelador. Un caso especialmente emblemático, tanto por su cercanía con el fundador como por el tono lúgubre y siniestro que acompaño a su figura y su desenlace, es el de Viktor Tausk, miembro distinguido de la Sociedad Psicológica de los Miércoles.

Nacido en 1879, de origen eslavo, Tausk ejerce la carrera de derecho e incursiona en la literatura, sin mayor fortuna, antes de tener un primer acercamiento al psicoanálisis en 1907, en medio de una profunda depresión, posterior a un juicio de divorcio y un internamiento por una enfermedad pulmonar. En 1908 es acogido por el propio Freud como parte de sus primeros discípulos, recibiendo apoyo económicamente para sus estudios de Medicina y Psiquiatría (Massotta, 1983)

En las minutas de las reuniones de la Sociedad Psicoanalítica de Viena (1967), podemos ver que ya en abril de 1910, años antes de que se publique Duelo y Melancolía, Tausk planteaba que la pregunta acerca del suicidio contiene dos interrogantes relacionadas, pero sutilmente diferentes: la pregunta por el significado del suicidio y la pregunta por el mecanismo psíquico del suicido. Reflexionaba además sobre el papel de la culpa, y hacía referencia a experiencias cercanas, de colegas y compañeros de estudio que habían tenido intentos suicidas, y el papel protector que los docentes habían dejado de tener al desconocer al estudiante como un individuo deseante, inhibiendo el desarrollo de una relación transferencial. En retrospectiva, podemos preguntarnos si en estos planteamientos ya se iba gestando una fantasía de curación que invocaba la participación y reconocimiento de Freud como figura paterna.

Fue reclutado como psiquiatra del frente serbio durante la Primera Guerra Mundial, y a su retorno, publicó diversos trabajos psicoanalíticos, entre los que se destacó el texto “Acerca de la génesis del aparato de influir en la esquizofrenia”, a partir de sus experiencias con la psicosis posguerra, publicado justo antes de su suicidio en 1919. Otro título sugerente de su experiencia en la guerra, pero también de su desenlace futuro, fue “Una contribución a la psicología del desertor”, publicado en 1917. La impactante forma en que llevo a cabo su suicidio, disparándose mientras se encontraba colgado por una soga (una especie de doble suicidio simultáneo), así como las cartas de despedida que escribió en que describía su decisión como fruto de su mayor estado de lucidez, puede dar pie también a interpretaciones sugerentes sobre las dos preguntas que el anunciaba años atrás, acerca del significado de su suicidio y el mecanismo psíquico involucrado.

Pero una controversia mayor se generó a partir de la respuesta de las instituciones psicoanalíticas. Si bien Freud escribió un extenso y sentido elogio fúnebre, sus textos posteriores hacen escasa mención al impacto de este acontecimiento en el movimiento psicoanalítico y en su propia persona. Este episodio es también escasamente mencionado por sus primeros biógrafos, incluyendo la obra de Ernest Jones, designado como biógrafo oficial por Anna Freud. Mucho después, autores como Paul Roazen (1971) retoman la figura de Tausk y acusan a las instituciones psicoanalíticas de intentar silenciar y encubrir este episodio para no perjudicar la imagen del psicoanálisis como disciplina que aún se encontraba en proceso de posicionamiento en el mundo científico y académico. Pero en esta perspectiva, si bien hay un esfuerzo importante por señalar la omisión, se enfatiza el aspecto conspirador y polémico antes que un esfuerzo interpretativo que articule las diferentes respuestas del mundo psicoanalítico, ya sea como parte de enactments, evocaciones contratransferenciales, o el despliegue de mecanismos defensivos de negación o desmentida.

Cada vez que se presentan aspectos de ideación o riesgo suicida en el consultorio, no solo nos confronta de manera individual con los límites de la representación y la contención clínica, sino que también evoca una tarea pendiente del psicoanálisis consigo mismo: integrar, sin negación ni silenciamiento, los actos autoagresivos que han marcado la propia historia. La tarea de metabolizar lo indecible permanece inacabada, tanto en la práctica clínica como en la memoria institucional.

 

Referencias Bibliográficas

Dutheil, F. et.al (2019). Suicide among physicians and health-care workers: A systematic review and meta-analysis. PloS one, 14(12)

Massotta, O. (1983). Prologo. En: Victor Tausk: Trabajos Psicoanalíticos. Gedisa

Nunberg, H. (1967).  Minutes of the Vienna Psychoanalytic Society. Volume II, 1908-1910. Vol. 2. New York: International Universities Press.

Roazen, P. (1971). Freud y sus discípulos. Madrid: Alianza Editorial

World Health Organization – WHO (2025). Suicide worldwide in 2021: global health estimates.

UNA INVITACIÓN CON ENTUSIASMO AL PRÓXIMO “XIII CONGRESO FLAPPSIP”

Mg. Daniel Dreifuss: Psicoterapeuta de orientación psicoanalítica. Director de Comunicaciones del CPPL. Docente y Coordinador de la cátedra de Psicopatología.

 

Con gusto queremos anunciarles que la Federación Latinoamericana de Asociaciones de Psicoterapia Psicoanalítica y Psicoanálisis (FLAPPSIP), se reúne este año en nuestra ciudad, Lima-Perú.

Antes de dar detalles de este evento creo que es importante recordar que el 21 de mayo de 1998, en la ciudad de Montevideo, se anunció la creación de FLAPPSIP, fruto del diálogo y tesón de instituciones de Argentina, Brasil, Chile, Perú y Uruguay[1]. FLAPPSIP nace por el deseo de conocernos, discutir, intercambiar y analizar problemáticas de la región desde una mirada psicoanalítica.

A lo largo de estos años, se ha buscado profundizar el estudio del nexo entre lo teórico-clínico y lo social, comprometidos con nuestra realidad latinoamericana. Es nuestro deseo, desplegar modos de intervención desde el contexto histórico y cultural, con interrogantes que nos convocan a encontrarnos periódicamente en nuestros Congresos cada dos años.

Los Congresos son espacios de expresión amplia y libre, en la que conviven las diversas miradas que el psicoanálisis tiene de la complejidad humana, conociendo así nuestras diferencias, pero sobre todo asombrándonos de nuestras convergencias.

Este año, estamos contentos de que los días 16, 17 y18 de octubre, el XIII Congreso se realiza en Lima, con el nombre de “Eros, Alteridad & Creatividad en tiempos de Asombro. El pulso actual del Psicoanálisis”, con seis ejes temáticos:

  1. Eros entre el deseo y el conflicto.
  2. Alteridad entre la inclusión y el rechazo del otro.
  3. Creatividad: en los límites entre lo perturbador y lo transformador.
  4. Tecnología, subjetividad y nuevos desafíos.
  5. El pulso actual del psicoanálisis y los desafíos actuales.
  6. El asombro en la clínica y en la existencia: oportunidad y amenaza.

 

A lo largo de todos estos años nos hemos encontrado en camaradería, en afectos, espacios en los que la creatividad prevalece. Es una excelente oportunidad de conocer a colegas de la región con los que compartiremos mesas científicas, discutiremos casos clínicos y, sobre todo, pasaremos momentos muy gratos e incluso lúdicos.

 

 

[1] Página Web de FLAPPSIP: https://flappsip.net