Miguel Eduardo Requena Agüero. Egresado XXXVI.
Hace algunos sábados tuve la oportunidad de extender mi actividad académica participando en el espacio “La clínica del acontecimiento” que el CPPL organizó con la finalidad de convocar ex alumnos, alumnos, profesores e interesados que quieran juntos pensar respecto a cómo la pandemia nos ha violentado y establecido en un nuevo tiempo, que aun siendo todavía caótico nos enfrenta a desafíos que serán material para un estudio venidero, pero también un hecho traumático que presumiblemente dejará secuelas, no sólo como sociedad, sino también en el quehacer profesional de la práctica clínica.
Tuve una experiencia especial, porque se me encomendó la responsabilidad de estar a cargo de la sala virtual. Esta suerte de nuevo “lugar” que nos permite conectarnos y “estar” juntos sin estarlo. Una posibilidad que nos brinda la tecnología para también “estar” como pacientes y terapeutas manteniendo nuestra actividad.
Los panelistas invitados expresaron ideas claras que sirven como “luces” en medio de esta suerte de “obscuridad”, como bien lo graficó Eitan Gomberoff y además escuchamos material clínico de Paula Escribens y Audrey Fleischman que ilustraron bastante bien, cómo se vienen movilizando conceptos como el “adentro y afuera”, lo “nuevo y lo viejo”, lo “permanente y temporal”, etc.
La actividad me hizo reflexionar en cómo aún no estamos en la capacidad de hacer todas las preguntas. No hemos podido finalizar con esta suerte de tiempo “transitorio” que nos afecta y lo cambia todo, sin saber aún hasta qué punto. Como en el juego tuti frutti, que nos contó Eitan o el paseo virtual que recibió Paula, donde el niño establece nuevas reglas, pero no sólo para jugar, sino creo yo, para expresar lo que siente y poder sostenerse.
Este espacio “transitorio” nos descoloca y hace que inclusive nuestro encuadre interno, se vea trastocado, permitiendo licencias, seguramente por la ilusión de que en algún momento todo vuelva a ser como antes. ¿Podremos?