Leopoldo Caravedo – Psicoanalista de la Sociedad Peruana de Psicoanálisis. Magíster en Estudios Teóricos en Psicoanálisis, Pucp.
El psicoanálisis actual se está enriqueciendo, a mi entender, por el diálogo que muchos analistas están proponiendo con diversas ciencias, como Coderch (2006) propone en su texto de la Pluralidad del Psicoanálisis, que, a mi entender, transforma el psicoanálisis en un campo. Es decir, un espacio mental y contextual que nos invita a repensar muchas formas de intervenir y de comprender, al mismo tiempo que recurrir a diversos dispositivos en los que “lo inconsciente” puede ser pensado. Juana es una joven mujer de unos 23 años, que viene a consulta pues su hijo de 7 años le ha dicho que si nace su hermanito, se mata. Ella se encuentra horrorizada y paralizada, ha bloqueado sus afectos hacia ese nuevo hijo que está por nacer. La sensación que me produjo era la de estar abrumada sin poder tener respuestas para uno o para el otro. Su demanda no verbalizada era, creo yo, que la ayude a desanudar este tremendo conflicto personal y familiar.
El embarazo estaba por los 7 meses y mi sensación era que no disponíamos de tiempo para proponer un trabajo a largo plazo. Era como intervenir en tres subjetividades, la madre, el hijo de 7 años y el bebé por nacer. Luego de escucharla unos momentos, se me viene a la mente la escena en la que la madre no podía entrar en relación con el bebé, y vivir en el “como si” de la dramatización el conflicto que la atravesaba. Con el uso de un objeto intermediario (un cojín) le propuse un diálogo imaginario con este bebé. Fue impactante para ella y para mí la transformación que se operó, apelando a diversos recursos como el soliloquio y el doblaje, donde ella, que mostraba una inmensa rigidez y no podía casi tocar el cojín, fue poco a poco animándose a tocarlo, acercándose hacia él, para finalmente abrazarlo con inmensa ternura. A la sesión siguiente me comentó que todo había cambiado en su casa, y su hijo mayor ya no quería suicidarse. La que cambió fue ella, cambiaron sus reflexiones.
En la perspectiva de Fonagy, se podría decir que esta habría sido una experiencia de reflexividad, donde pudo pensarse, pensar en sus hijos, y conectar con sus recursos internos que habían estado “congelados.”
Como Bollas propone, un analista o un terapeuta puede tener un bagaje técnico, pero que no someta a los pacientes a que se acomoden a su teoría, sino que como terapeuta podamos pensar qué es lo que necesita el paciente, y podamos apelar a los recursos que lo puedan encaminar a su alivio. Es un tema para pensar.