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¿Por qué leer a Ferenczi?

Mg. Olinda Serrano de Dreifuss– Psicoterapeuta psicoanalítica

Abordaremos esta pregunta empezando por su contraparte, ¿por qué no se ha leído o no se leyó a Ferenczi durante décadas? y aún al presente ¿por qué autores afines al pensamiento y propuestas de Ferenczi no lo citan directamente? Sándor Ferenczi (1873-1933) fue rechazado y ocultado de muchas maneras y por varias razones: porque sus aportes parecieron una vuelta al tiempo previo del reconocimiento freudiano de la realidad psíquica, porque plantearon cuestionamientos a las supuestas formas analíticas de entonces, y por si fuera poco porque llevó a la práctica innovaciones técnicas, algunas de ellas inaceptables que él mismo deshechó. Más aún, el celo de algunos colegas por la mutua relación tan cercana con Freud propició versiones distorsionadas de su persona y los acontecimientos por aquella época.

Curiosamente Ferenczi es, hoy por hoy, un autor muy actual como lo muestran los permanentes grupos de estudio y reflexión, eventos y publicaciones en diferentes países que lo vinculan con otros autores y sus elaboraciones en la línea de un psicoanálisis contemporáneo atento a la subjetivación y al lugar del analista en el proceso terapéutico. En los entornos más conservadores si se quiere, ya puede ser mencionado y eventualmente rescatado sin producir una reacción de repudio. Sin duda, va siendo reconocido como un pionero en su comprensión del papel de la realidad en el trauma, su concepción del vínculo analítico en cuanto a la transferencia y las bases de la contratransferencia, y el planteamiento del análisis didáctico en cuanto a la ética de la formación. Autores posteriores desarrollan conceptos y modos de comprensión y trabajo analítico a partir de sus aportes.

Hay variados testimonios de la cercanía de Freud y Ferenczi, especialmente a partir de la correspondencia entre ambos y los posteriores estudios a partir de esta, así como por los viajes a los que Freud lo invitó; sin embargo, Ferenczi sólo tuvo 90 sesiones, “seguido por un análisis informal a lo largo de su vida”[1]. La dificultad para compartir el vínculo amical junto con el analítico nos queda muy claro a partir de la relación entre ambos. El encuadre es sin duda indispensable para el proceso analítico y para la formación del analista. Ferenczi nos deja este legado: hay que analizarse y no sólo ejercer un furor curandis o una aplicación de variaciones técnicas, algunas de las cuales documentó y deshechó en su Diario Clínico (1923).

Veamos con más detalle nuestra pregunta inicial. Leer a Ferenczi y leer sobre Ferenczi nos permite acceder a la centralidad del ambiente que ha de adaptarse al bebé en tanto sus efectos en el psiquismo, atendiendo a la confusión de lenguas de la pasión y de la ternura que puede producirse de parte de los adultos hacia el menor y, en tal caso, la desmentida del adulto que no escucha al niño o niña en su queja y denuncia, lo que efectivamente produce una experiencia traumática.  Su aporte es un esbozo de una teoría de la intersubjetividad a partir de la influencia del analista como persona y no sólo al interpretar lo inconsciente.

A su vez, nos permite subrayar una actitud analítica, con innovaciones técnicas pero principalmente ética, es decir, no autoritaria en tanto esta pueda ser retraumatizante; más bien nos invita a desarrollar el tacto y la empatía, la regresión y la mutualidad, que no es lo mismo que el infortunado análisis mutuo concreto sino una elaboración de este. Su propuesta se centra en aliviar a sus pacientes de su sufrimiento psíquico.


[1] Ávila Espada, A. (2013) La tradición interpersonal. Perspectiva social y cultural en psicoanálisis. Madrid: Agora relacional, pág. 81.

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