Silvia Rodríguez – Egresada Promoción XV.
Isidoro Berenstein sostiene que la subjetividad se constituye por lo representable, aquello del objeto que viene a inscribirse en los sistemas mnémicos. El proceso de la representación tiene su inicio con la inscripción de un acontecimiento (Huella mnémica) cuando se recatectiza la huella mnémica pasa a constituirse en representación cosa, ambos sucesos se dan en el sistema inconsciente. Cuando la huella mnémica se asocia a una imagen verbal adquiere una cualidad especifica de la conciencia y se constituyéndose en representación palabra. Este suceso se da en los sistemas pre-consciente y consciente formándose de esta manera nuestro mundo de representaciones. Otros ejes importantes en la construcción de la subjetividad es lo irrepresentable (lo que ocupa un lugar en el psiquismo a pesar de que no entra en el ámbito de la representación) y lo que Berenstein denomina como nuevo, es decir la inscripción en el psiquismo de algo que antes no estaba. El mundo representacional no se termina de constituir en los primeros años, sino que es un proceso que se puede dar en diferentes momentos de la vida. Es por esto por lo que nuestras concepciones sobre el mundo cambian, y que se producen cambios en nuestro interior. La teoría del vínculo plantea que la inscripción que se realiza en los sujetos del vínculo, producto de este, requiere aquello del otro no cubierto por la representación o que excede al objeto proyectado, a esto Berenstein denomina como lo ajeno. Es gracias a nuestro encuentro con lo ajeno, y las nuevas inscripciones que se generan por este encuentro, que en nuestros psiquismos se producen cambios y devenimos en otro.
Aceptar la presencia de lo ajeno no es fácil, es por esto, por lo que se dan situaciones en donde se buscaría suprimir al otro como una producción humana especifica. Una forma extrema de aniquilación de lo ajeno y de la subjetividad del otro es la eliminación de los sujetos registrados como otros. Lo que se busca es borrar las diferencias y que permanezca solo lo semejante. Sin embargo, Berenstein plantea otro camino frente a lo irrepresentable y es el reconocerlo como novedoso, poder aceptar la incertidumbre de lo que genera en uno lo desconocido del otro. Lo irrepresentable sería una fuente de novedad, al estar en contacto con lo ajeno del otro, el ser se modifica y se pasa a ser otro. Lo ajeno, lo no representado es lo que permite que en nuestro psiquismo se produzcan cambios, y al hacerlo nuestro modo de relacionarnos con nosotros mismos y con los demás se modifica.