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Narcisismo y sociedad, según Joan Coderch

Joan Coderch (2013-2004). “La personalidad narcisista de nuestro tiempo”. En: Temas de Psicoanálisis, VIII-IX. Pp. 11-33.

Me parece razonable pensar que el incremento en el número de pacientes con personalidad narcisista que vemos en nuestros consultorios es, por lo menos en gran parte, debido a los cambios que, en forma progresivamente acelerada, desde las últimas décadas del siglo XX han ido desarrollándose en el tejido social. Y, dicho de forma más radical, pienso que si el número de personalidades narcisistas va en aumento es porque la nuestra es una sociedad notablemente narcisista, y una sociedad narcisista estimula y alimenta la aparición de personalidades narcisistas.

Todo ser humano ha de resolver los puntos álgidos de su existencia -sexualidad, pareja, trabajo, creación de la propia identidad y sentido de sí mismo, etc.- dentro de la trama psicosocial en la que ha nacido y se desarrolla. Y no parece difícil pensar que todas las carencias afectivas, formas distorsionadas de relación, intolerancia, agresividad, etc., de este tejido social repercutirán en la forma con la que el sujeto tratará de hacer frente a sus pulsiones, frustraciones y necesidades. Y mi opinión es la que de una sociedad y cultura narcisistas tienden a favorecer el desarrollo de personalidades narcisistas.

Hemos de tener en cuenta que aquello que ha sido más general en el pensamiento psicoanalítico ha sido el hecho de considerar la mente humana como definida por el desarrollo de unas estructuras predeterminadas, innatas y universales, que sólo precisan para desarrollarse de unas condiciones suficientes para la supervivencia, y desde este punto de vista, no se ha considerado que lo cambios sociales tengan una incidencia significativa en el desarrollo de la mente ni en su patología. Pero yo pienso que somos cada vez más los que creemos que la mente es un producto, así como un participante interactivo, del contexto social, cultural y lingüístico en el cual el sujeto construye su vida (Mitchell, S., 1988). Dicho de otra manera, creo que no son las pulsiones universales e innatas -sexuales y agresivas- las que determinan las relaciones objetales -y más tarde las relaciones interpersonales- sino, al contrario, las relaciones objetales las que determinan las vicisitudes, expresiones y caminos de las pulsiones. Y, desde esta perspectiva, queda claro que la trama psicosocial posee una decisiva influencia en el progresivo aumento del número de personalidades narcisistas. Y creo esto es especialmente cierto por lo que concierne a las personalidades narcisistas de tipo infantil a las que antes me he referido.

Se trata de personalidades con una gran intolerancia a la espera, que exigen una gratificación inmediata de sus necesidades y pesudo necesidades, con la boca siempre abierta para ingerir toda clase de bienes de consumo, drogas y todo aquello que les presuponga alguna clase de satisfacción, con un alto nivel de demanda hacia los otros y hacia “la sociedad”, entendida esta última como una imagen omnipotente que ha de facilitarles todo lo que desean, pero con un sentido nulo o muy escaso de aquello que los otros tienen derecho a esperar de ellos. Además, y en esto concuerda este concepto con el de los narcisistas de piel fina descritos por Rosenfeld, se sienten profundamente heridos cuando no son satisfechas sus demandas o cuando se les recuerda sus obligaciones, como si ello constituyera una tremenda injusticia. Pues bien, yo pienso que estas personalidades narcisistas de hoy en día vienen a ser los exponentes destacados y concretos del narcisismo que impera en nuestra sociedad. […]

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