Maricela García Villalta, egresada de la promoción 15 del CPPL.

«El dolor es el precio que pagamos por el amor y por el vínculo genuino; atravesarlo es, en última instancia, el acto más fiel al legado de quien nos enseñó a sostener la palabra y la verdad del deseo.»
En memoria de Lucho Herrera
Duele el tiempo, duele la distancia irrevocable que impone la muerte, y hoy la tristeza se abre paso con la fuerza ineludible de lo real. Perder a quien fue analista, guía y testigo de nuestras propias contradicciones no es solo despedir a una persona; es enfrentar el vacío de un espacio donde la palabra solía ordenarnos.
Lucho, me enseñaste a habitar las tensiones sin fracturarme: a reconciliar la fe y el psicoanálisis sin necesidad de librar una guerra estéril, y a entender la reserva no como silencio vacío, sino como el santuario donde el propio deseo puede protegerse y crecer.
Qué conmovedora y, a la vez, implacable es la experiencia del tiempo: retener la imagen intacta del primer día en que nos conocimos, y ver cómo los cuerpos envejecen, se transforman y, finalmente, se quiebran ante la ley inexorable de la vida. Cuesta aceptar que esta vez te toca partir, que el ciclo de las horas compartidas en el consultorio ha llegado a su fin.
Hoy me permito estar triste, porque la tristeza no es más que el afecto que intenta dar cuenta de una ausencia imposible de llenar con facilidad. Gracias, Lucho, por tantas horas de escucha, por sostener el análisis y por enseñarme a transitar el dolor con dignidad.
Descansa en paz.
Tu alumna,
Maricela