Luisa Fernanda Montesinos, egresada del CPPL Promoción 38
En la investigación preliminar para escribir un texto sobre cambio climático y psicoanálisis solicitado para el boletín Asociación Libre, encontré un texto valioso, muy importante y necesario. Se trata de la ponencia de apertura al 54º Congreso Internacional de Psicoanálisis, realizado en Lisboa, Portugal del psicoanalista argentino Dr. César Merea. El tema del congreso fue: “Psicoanálisis: Un ancla en tiempo caóticos”. El Dr. Merea presentó el texto “Extensiones Del Narcisismo. Psicoanálisis, Guerra, Clima”[1]. Me he planteado, por lo tanto, escribir una breve reseña para motivar la lectura de su ponencia.
En primer lugar, esta la pregunta de por qué el psicoanálisis tendría que ocuparse de decir algo respecto del cambio climático. Para Merea, el medio ambiente, que contiene al ambiente familiar restringido en el cual es acogido un ser humano, como parte de un medio social, en un determinado momento histórico y económico, con sus costumbres y tradiciones que le son propias, no es solo un agente que constituye al psiquismo individualmente. Colectivamente, la psique humana, también es un agente que afecta al medio ambiente.
Merea nos plantea ver al ser humano colectivamente como un agente de caos cuando se produce la desligadura de la pulsión de vida, planteando que solo la vida pulsa. Su propuesta teórica es que la muerte no pulsa, por lo que no hay un dualismo entre pulsión de vida y pulsión de muerte. Para Merea lo que se está produciendo es una desligadura radical de la pulsión de vida, en el psiquismo individual, y colectivo que, en vez de llevar al ser humano hacia la búsqueda de una unidad amorosa de cuidado y protección de pares y objectos del mundo, lo pone en un enfrentamiento con una serie de obstáculos, producto de esa desligadura radical.
Sería el narcicismo y las extensiones del mismo lo que nos estaría llevando a dicha desligadura radical. Para entender este punto, el Dr. Merea nos plantea la idea del protonarcisismo. Como médico de profesión, formado en el mismo tipo de pensamiento científico que el creador del psicoanálisis, propone que la sustancia viva tomó millones de años para consolidarse en el planeta Tierra. Esto es lo que Merea denomina “protonarcisismo”, que, como resultado final, da origen a los seres vivos en el planeta. La psique humana también surge de esa evolución, la que, por efecto de la palabra, da el salto cuántico que nos separa del resto de seres vivos del planeta.
Pero ¿qué significa esa separación del resto de los seres vivos del planeta? Significa en última instancia la consciencia de tres diferencias fundantes que hace la psique humana: la diferencia yo-no yo, la diferencia de sexos, y la diferencia vida-muerte. Cuando estas diferencias no logran constituir el psiquismo, o se han dado fallas en la constitución del mismo por dificultades en la asimilación de las diferencias constitutivas de la psique, el individuo queda atrapado en una especie de “fuerza centrífuga” nos dice Merea, “en la creencia equivocada sobre nuestra unicidad individual, que reniega de los otros y de nuestra mortalidad.”
Lo que se produce en términos individuales, los sabemos por el libro “La Psicología de las Masas” de Freud, se produce también en términos colectivos. El ser humano ha caído en la creencia del antropocentrismo como una extensión del narcicismo individual, colectivamente, un narcisismo omnipotente que en su versión negacionista, no acepta ser agente del cambio climático; y en su versión todopoderosa, se propone como agente de soluciones de avanzada tecnología. La realidad es que no sabemos hasta qué punto va a afectar el cambio climático a la vida humana porque los modelos complejos de simulación son muy incipientes y lejos de aceptar la ansiedad colectivamente, estamos abrazando cada uno su muerte individual.
Merea nos plantea la necesidad de hacer un trabajo “antinarcisístico”. Merea sostiene que el psicoanálisis podría intervenir sobre individuos y grupos para esclarecer el narcisismo omnipotente de una actitud antropocéntrica. El narcisismo impediría renunciar a determinadas prácticas que dañan el medio ambiente porque proporcionan una experiencia de omnipotencia. Revertir el daño ambiental constituiría, por tanto, un trabajo “propiamente antinarcisístico” en el que el psicoanálisis podría contribuir.
Luego Merea nos propone el rol de la inhibición que el psiquismo debe cumplir como función reguladora: “a partir de un trabajo antinarcisístico, el ser humano aprendería a inhibir acciones que produzcan una descarga caótica de energía capaz de conducir al desastre ambiental.” Merea recupera la idea de dos textos freudianos, Proyecto de psicología (1895) e Inhibición, síntoma y angustia (1926), y la plantea en los siguientes términos: “la inhibición es necesaria para la protección y el cuidado del medio ambiente.”

Referencias
MEREA, E.C. (2025). Extensiones Del Narcisismo, Psicoanálisis, Guerra Y Clima
[1] Aquí se puede revisar la ponencia: https://www.cesarmerea.com.ar/e/blog/