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De cómo empezar a estudiar psicoterapia psicoanalítica en tiempos de pandemia y no desfallecer en el intento

Promoción XXXVII

Nosotros, la Promoción XXXVII, iniciamos nuestra formación de una manera sui géneris: a través de una pantalla, en medio de una cuarentena; esto significó un reto y una experiencia nueva. Pese a las limitaciones que nos impuso esta modalidad virtual, encontramos varios beneficios. Hemos logrado construir vínculos positivos, un grupo que consideramos integrado. Por ello, nos propusimos compartir nuestra experiencia preguntándonos y reflexionando acerca de cómo creemos que la promoción se ha vinculado y lo que sentimos al respecto.

Las clases virtuales nos han sorprendido enormemente pues varios éramos escépticos a que este método, 100% virtual, pudiera funcionar. Sin embargo, el grupo ha estrechado vínculos de una manera muy extraña y especial. Normalmente es el contacto personal, la rutina de clases, el interés compartido por la formación lo que lentamente y con el paso del tiempo va generando una cercana relación. Pero, a pesar de no vernos de cuerpo completo, no solo logramos aprender muchísimo con respecto a los conceptos teóricos y prácticos del psicoanálisis, sino que también hicimos “amigos”.  Con la limitación de no poder conversar en los pasadizos, de no salir a comer algo juntos – entre otras cosas- hemos logrado la complicidad que surge entre “amigos”. Sentimos que estamos construyendo una amistad porque nos hablamos fuera de los horarios de clases, nos reímos, nos felicitamos, compartimos angustias, estudiamos juntos y estamos siempre pendientes los unos de los otros. Lo hacemos vía chat, videoconferencia o zoom. Con algunos ni siquiera nos conocemos físicamente, pero igual los lazos afectivos se dieron.

Hemos descubierto que lo virtual nos permite estar más atentos con nosotros mismos y los otros, así como con las lecturas y las clases, evitar el tráfico, tomar un trago (o más) en reuniones virtuales sin preocuparse por manejar un auto después, tomar capturas de pantalla durante la clase y “ampayar” a quienes están distraídos, conocer/compartir algo de nuestras casas, mascotas e hijos, vencer la resistencia de usar nuevas tecnologías y darnos cuenta que no era tan complicado al final del día. La necesidad de interacción y vinculación ha buscado su camino como una flor que florece en el pavimento, pues teníamos ansias de compartir nuestra experiencia e interactuar dada la intensidad de la formación y el escenario tan difícil y complejo que se nos ha impuesto a todos por la pandemia.

¿Hay buena química en la Promoción XXXVII? Muchos creen que la energía trasciende al tiempo y al espacio, así que quizás además de buena química hay también buena energía y se siente, aunque no estemos en la misma aula, físicamente juntos.

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