41 años al servicio de la salud mental

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Sección especial: Pensamientos y sentires de Ana

“Muestro mi cuerpo porque lo siento como  material literario. Igual que con la escritura es lo más auténtico que tengo. Estas dos armas me han trasformado en una mujer libre y sin-vergüenza. Y de eso ya no se vuelve. Ya no hay retroceso. Cuando una mujer se apropia de su cuerpo y de su deseo ya nada la detiene. Pero cuando una mujer con condiciones físicas limitadas y,  con dos dispositivos extraños en su cuerpo, se exhibe, puede llegar a interpelar, incomodar y generar censura y rechazo. Porque para la sociedad una mujer con discapacidad es asexuada, sin deseo y  no es una mujer sino una niña”.

Entrada del 9 de junio de 2019 en el blog anabuscalamuertedigna.wordpress.com

 

 

Antes del olvido – por Ana Estrada

 

Tus ojos salivaron esta canción que alimento,
la sutura en sus notas es gorjeo en mi respiración.

 

He intentado melodías, una selva grácil.
Pero este indómito lugar desde donde te escribo
tiene los sonidos azules de mi abandono.

 

Y toco mi voz milenaria de ondas verdosas
y adivino el reclamo en mi pecho.
Atravieso constelaciones acuosas.
Visto un tramado de espuma y calma.

 

La sal de mis poros.

 

Aquí todo respira.

Entrada del 14 de marzo de 2024 en el blog anabuscalamuertedigna.wordpress.com

Selección realizada por el equipo editorial del Boletín Asociación Libre del CPPL

 

Bienvenida eterna Anita

Lic. Fanny Eliana Ludeña – Psicoterapeuta en el CPPL de Pareja y Familia

Este escrito más que una despedida es una  bienvenida a Anita al sitial  de lo memorable, de aquello que hace historia, dándola a conocer como  persona y terapeuta, y hoy es la figura  que nos deja un precedente que puede aliviar y dar esperanza a otras personas sometidas a sufrimientos inútiles, que hacen que realmente no tengan una “vida”.

Anita era alegre, sonreía a menudo, siempre activa, sociable. Tenía un  trato amable y  delicado,  vestía siempre elegante, combinaba tonos suaves de colores,  llevaba el  cabello largo, suelto y brillante, en resumen era la imagen de una persona que se cuidaba con cariño. Hacía reuniones alegres en su departamento, era conversadora y atenta, vivía con su gato Amaro, al que quería mucho y al que tuvo que renunciar. Cultivaba amistades significativas, sus amigas la aman con admiración, respeto y siempre la acompañaron.

Anita llegaba temprano a trabajar. Una vez, contaba animada su entrevista con el alcalde de Miraflores para solicitar rampas para sillas de ruedas en las calles, años antes que se diera esa ordenanza en Lima.

Tomaba fuerza para expresarse cuando había algo que le sonaba contradictorio ó absurdo, siendo perspicaz daba su opinión, era aguda en sus comentarios, hablaba con seriedad y argumentos. Era libre de decir lo que pensaba y sentía, sin ser condescendiente. Solidaria siempre, muy sincera, podías preguntarle algo que otros podían evadir responderte.

En las supervisiones de casos en grupo, cuando tomaba la palabra la escuchábamos con respeto y con cierta tensión de que nos observara algo; sus apreciaciones eran iluminadoras, con sustento teórico y daba con frecuencia un punto de vista de su propia contratransferencia, con finas interpretaciones. Presentaba sus casos por escrito, lo hacía con una grabadora de voz, tecnología nueva en ese entonces. Es decir se desempeñaba con naturalidad, sorteando lo que podían ser dificultades.

Confiaba en derivarle pacientes que necesitaban empoderarse en sus vidas ante desavenencias con sus parejas y familiares. Complicados y pesarosos eran algunos casos, y Anita con gran compromiso hacia sus pacientes sabía transmitirles algo, no hay una palabra que pueda describir lo que transmitía, en realidad las palabras se quedan cortas para describir lo que algunos dicen energías, vibras.

Yo me sorprendí a mi misma despertándome de madrugada para hacer anotaciones a este escrito, que ya había avanzado apenas me lo pidieron, no es mi estilo, me dí cuenta que lo inicié “al toque”,  y eso de madrugar no suelo hacerlo, y entonces me doy cuenta que es la influencia de Anita, lo que ella transmite. Me hace bien recordarla  y también  da valor. Es así que decidí escribir a pesar que un familiar me dice, ten cuidado, es un caso que ha generado controversia, te “funan” por Internet. Y es que en la cultura popular, puede ser incomprensible su hazaña, el hecho de poner la dignidad y libertad de decidir como seres humanos en nuestra vida y muerte por encima de normas rígidas y paradigmas.

Ana siempre fue libre y muy lúcida, y cuando ya no pudo trabajar,  ni aportar más, postrada,  parecía que se apagaba su luz en el olvido, pudimos ver cómo ella más bien cobró más  fuerza con su voz y mensaje, y firme decisión final, siendo noticia a nivel mundial, convirtiendo su lucha en un hito en la historia del Perú, como reconoció la Defensoría del Pueblo.

Gracias por su vida y su legado.

Vuela alto eterna Anita.

Ana Estrada. A pocos días de su partida

Lic. Elizabeth Selem – Psicoterapeuta psicoanalítica de la promoción XXI del CPPL

Ana Estrada: amiga muy estimada y admirada

Me ha sido tan difícil escribir este texto, que agradezco me lo hayan solicitado. No sabía si debía hacerlo a modo de despedida, de expresión de mi admiración hacia Ana y/o del cariño que le he tenido y seguiré teniéndole. Ella estará presente siempre en mi mente y en mi corazón.

La recordaré como la mujer clara, fuerte y de una gran firmeza, persistencia y coraje para, desde el lecho en el que permanecía llevar adelante su lucha por una causa que no solo le iba a favorecer a ella. No fue egoísta ni quiso beneficiarse ella solamente. Su empeño se desplegó sabiendo que la ley que lograra podría favorecerle, pero también a otros. Y, sabemos que supo, a pesar de que sus fuerzas físicas no le acompañaban, creer y pelear por algo que significaba poner coto a lo que ya no era vida plena y sí evitar dolores y suplicios que no la engrandecían. Ella fue una gran mujer. Los que estuvimos cerca somos testigos de su fortaleza y valentía.

Ana tuvo paciencia. Empezó creyendo en algo que parecía imposible ser aceptado en nuestro medio. No fue fácil ni agradable esperar algo que al inicio nos parecía casi imposible.

Ana será siempre recordada y querida por todas las personas que, como ella necesitarán de ese recurso que ahora está siendo aceptado en nuestro país como un derecho. Ana no fue ni débil, ni egoísta, al contrario: consiguió lo que todos veíamos muy lejanamente posible.

Fue una persona digna como también lo fue su muerte. Es de admirar cómo tuvo no solo valentía sino paz y tranquilidad para planificar su partida de este mundo.

Lo que ha logrado Ana es no solo su descanso definitivo sino también convencernos de que la solidaridad es poderosa, igual que necesaria, pues hace fuerte a los que necesitan “caminar” hacia un objetivo significativo y valioso. Ella empezó publicando sus sus blogs, que nos ayudaron a tomar verdadera conciencia de su situación (reales limitaciones y dolores) que la apresaban y la disminuían como persona. Nos hizo partícipes, en ese entonces, de su padecer, y lo hizo sin quejas, ni reclamos a nadie. Esos escritos que leímos con admiración y extrañeza nos convocaron, no a tenerle pena o lástima sino que nos abrió el entendimiento y el alma, y nos invitó a un contacto y acompañamiento más cercano a pesar de no poder acudir físicamente a su lado siempre. Nos mantuvo siempre expectantes.

Soy yo testigo de su delicadeza y de su humor característicos. No la percibí nunca amargada; sí con cólera, por ejemplo, ante la pérdida de su intimidad, de su libertad, y ante la demora en la atención de su demanda de parte de la oficialidad, ante la desidia de muchos. Y también fui testigo de su reconocimiento y agradecimiento a las personas más cercanas (su familia, sus buenas enfermeras y sus amigo/as) y hacia los que pública y anónimamente creyeron en su lucha y la apoyaron en la búsqueda y consecución de lo que necesitaba para lograr la paz anhelada.

Sé que algunas personas no estarán de acuerdo con mis apreciaciones pero no importa. Yo logré, hasta donde se pudo, sentirla y estar cercana. Así leímos, y ella más que yo (mil veces, me lo dijo) el texto bíblico titulado. “No hay valores absolutos” y que empieza diciendo: “Hay bajo el sol un momento para todo, y un tiempo para hacer cada cosa: Tiempo para nacer y tiempo para morir; tiempo para plantar y tiempo para arrancar lo plantado… (Sigue, en Eclesiastés, 3)

 

Siempre se puede volver

Lic. Enma Raquel Quispe – Psicoterapeuta en formación Prom 38

Y es que tres años se han ido volando…Una lo puede pensar así, pero de mil maneras, seguramente han pasado infinidad de cosas, muchas de ellas más significativas se han quedado, haciendo un espacio en nuestros corazones.

Haber podido formar parte del equipo de editores del Boletín del Centro, siempre será un recuerdo grato, dulce y, cómo no, un reto. Reto que se puede resumir en llamadas que buscan la generosidad de quienes comparten el psicoanálisis, para que nos permitan acceder a sus reflexiones plasmadas en una hoja, siempre digital, que llevaba en sí misma la profundidad de quienes nos comparten sus escritos.

Y es que no siempre es fácil, coincidir con los tiempos libres de quienes buscan en las letras enlazar ideas, sentimientos y reflexiones. Porque creo que un escrito no solo puede ser fruto de una reflexión meramente racional y entonces sí, nos regalan algo más que se une a nuestras propias fibras íntimas y entonces el texto cobra vida, así me gusta pensarlo.

Considero que esta experiencia ha significado muchas vivencias para mí también: el proceso de aprender, la dedicación al editar y esperar que cada tema que el equipo pensó sirva como punto de reflexión a quienes llegue el boletín.

Pienso que desde el psicoanálisis, acompañando lo que duele en la vida de las personas, poder acercarnos al arte, a la escritura, la música, o cual quiera otra expresión de este tipo, nos permite poder,  decir  y quizá  elaborar esa parte dolorosa de la vida que nos traen  a quienes acompañamos.

Estoy agradecida por esta experiencia, cada uno sabe en la intimidad de su corazón qué significa, en lo más profundo, lo que se vive día a día.  Parafraseando a Mercedes Sosa, uno no siempre se despide insensiblemente de pequeñas cosas. Uno a veces se va de estas pequeñas grandes cosas, con recuerdos amables y con muchas cosas que pensar cuando sea el momento.

Que las letras sigan danzando a son del psicoanálisis, para poder leer a nuestros compañeros en formación, a nuestros maestros y quien quiera escribir para contarnos un poquito de lo que guste.

Por mi parte, toca que me baje en esta parada del tren, para dar lugar a otra persona como parte del equipo de edición, agradecida y convencida que hay cosas cotidianas que se tiñen de sabor a eternidad. Sigamos escribiendo y leyendo, para comunicarnos un poco más.

Pescadores arrastrando la barca

Bienvenida año académico 2024

Mg. Liliana Granel – presidenta del Consejo Directivo CPPL

Es un verdadero gusto dirigirme a ustedes, a través del Boletín, para darles a todos una cálida bienvenida al año académico 2024.

Un nuevo año, un nuevo comienzo lleno de anhelos, expectativas y deseos. Pienso que la formación en psicoanálisis es una experiencia única, porque se comparten ideales, nuevas metas, amistades, camaradería y anécdotas vividas, que, con humor y alegría, se pasan de promoción a promoción ¡Y ya estamos con la Promoción 41!!

Aprendemos a través de las lecturas, de las supervisiones y del propio análisis personal, nos acercamos a las emociones, los afectos, los impulsos, las fantasías organizadas a través del pensamiento. Esto lo hace un oficio difícil, porque usamos el recurso de nuestra propia mente para comprender la del otro y poder inferir y deducir sobre el psiquismo.

Nuestro trabajo en sí mismo es una aventura cotidiana, donde en los consultorios podemos cumplir con el anhelo de cuidar, curar y mejorar el mundo externo e interno.

Valorar la escucha, el diálogo íntimo entre analista y paciente, sostenido por el deseo de acercarnos al sufrimiento del otro, que, a veces, es tan parecido al de uno mismo, y desde ahí analizar, explorar el inconsciente y sus múltiples despliegues, para pasar de lo desconocido a lo conocido. Ahí, donde el dolor ha de convertirse en pregunta, ahí donde la angustia invade y ciega el disfrute y placer por la vida, ahí estamos para escuchar, sostener e interpretar.

Nuestra institución, querida y cuidada, privilegia el intercambio de ideas, de teorías fundantes del psicoanálisis que dialogan con un psicoanálisis contemporáneo, con nuevas y diversas maneras de entender el funcionamiento de la mente.

Desde el área académica, nuestra preocupación es la de mejorar y enriquecer diversos aspectos de la formación, acompañar a los alumnos durante los cuatro años, en su proceso de aprendizaje, tratando de mantener y crear nuevos canales de comunicación, favoreciendo el intercambio y la recepción de aportes.

Escribiendo estas palabras para ustedes, en este Boletín, encontré una carta de Ana Freud, que se le preguntaba sobre lo que se espera de las cualidades de alguien que comienza el camino de estudiar psicoanálisis, aquí su respuesta:

“…si uno desea ser un verdadero psicoanalista, tiene que amar la verdad, tanto la científica como la personal, y tiene uno que colocar esa apreciación de la verdad más allá del malestar que reconocer cosas desagradables pueda causar, sea del mundo exterior o en uno mismo.

Es más, creo que el psicoanalista debe tener diversos intereses en la sociología, la religión, la historia, la literatura…porque de lo contrario su visión y comprensión del paciente serán incompletas. Ser un lector y familiarizarse con la literatura de muchos países y culturas…”

 

¡Doy la bienvenida a todas las Promociones! Pero, un saludo muy especial a la Promoción 41, que comienzan esta nueva aventura, este viaje incierto y algo peligroso…

Espero y deseo, que todos los miembros del CPPL, continúen con entusiasmo la transmisión del pensamiento psicoanalítico, trabajando juntos, compartiendo espacios de diálogo, enfrentando nuevos desafíos y haciendo que nuestra Institución siga creciendo.

Muy buen comienzo 2024

Con Cariño,

Mg. Liliana Granel La Danse

¡Hasta siempre querida amiga!

Mg. Olinda Serrano de Dreiffus – Psicoterapeuta psicoanalítica 

  • “Cuando se escribe, es preferible hacer frases más o menos cortas para transmitir claramente lo que quieres decir.”
  • “¡Ahhh, sí pues, tienes razón!”
  • “Claro pues, Chica.”

Lo decía sonriendo y guiñando el ojo. Sin duda que mi amiga Nené, doctora en lengua y literatura como primera profesión, sabía lo que me decía, y su enseñanza, como tantas otras, me quedó para siempre y para compartir, una redacción y una actitud clara, simple y directa. Corrían los años 90, habíamos llevado años de una formación docente en la Escuela y andábamos con mucho entusiasmo y dedicación, explorando diversos temas clínicos y dentro de ellos los procesos breves y focales. Nuestro entusiasmo se extendía con el de otros colegas interesados en aprender y llevar a la práctica una forma de trabajo que nos permitía ser creativos y a la vez rigurosos. Encontramos y formulamos, incluso, nuestro insight primordial como la posibilidad de darnos cuenta de algo que pasaba en el encuentro clínico, aunque sea que no entendíamos nada. Nos reuníamos cada semana en la Escuela y también en su casa, encontrando a una amiga hospitalaria y excelente anfitriona, también en su mente y en su corazón, con cariño y detalles generosos. A partir de ese espacio y en el tiempo necesario pudimos preparar una publicación que aún consideramos vigente.

Inés, o Nené como le decíamos cariñosamente, era una persona muy querida y muy valiosa por la integración e intensidad de sus afectos y su agudeza, su humor y a la vez su formalidad. Con esto me refiero a su profundo respeto por lo institucional, desplegando compromiso y responsabilidad. Era íntegra y leal; muy colaboradora y de muchas formas con la institución. En algún momento, fue surgiendo un intenso proceso de tránsito generacional en el que paulatinamente los fundadores asumían la necesidad de dejarnos la posta a los exalumnos más vinculados en diferentes roles a la institución. La lectura psicoanalítica de la dinámica que se daba era imprescindible como herramienta para rescatarnos siempre en tarea. En esos avatares, Nené tuvo un rol protagónico mostrando su fe en el grupo y en el sostenimiento del trabajo grupal. Esos atributos, comunes en muchas personas, eran en ella muy palpables. La claridad de la tarea podía combinarse sin duda con la suavidad, la firmeza y el respeto. Lo mostró y me lo dijo de esta manera: “Suaviter in modo, firmiter in res”.

Nené se desempeñó y aportó desde diferentes lugares, como integrante de la 5ª promoción, docente, supervisora, tutora e integrante de la directiva, con esa entrega y agudeza que hemos mencionado. “Los cargos son cargas”, decía en ocasiones, requieren un amor y generosidad hacia la institución y sus miembros. Sabemos también que el tiempo que le damos, que nos damos, nos reditúa en aprendizajes y experiencias compartidas, en afectos, vínculos y desarrollo profesional. Atenta en lo personal y cercana a todos en mi familia y amigos, se mostró también generosa en este sentido, sensible a darle confianza y amistad a quien lo necesitara.

Como alguien decía recientemente, “Nené vino a hacer lo que tenía que hacer, lo hizo muy bien y se fue”, dejándonos modelos, inspiración y recuerdos muy vivos de espacios y buenos ratos compartidos ¡Nos queda mucho por agradecerte, querida amiga!

Para mi amiga Nené

Lic. Verónica Zevallos – Psicoterapeuta psicoanalítica 

Para Nene, una gran amiga:

Es aún muy difícil y creo que muy pronto asimilar no estar más con una maravillosa compañera en la vida. Los sentimientos se me aglomeran en el corazón, buscan inútilmente, hasta ahora, encontrar palabras que expresen la profunda pena por la partida de una querida amiga que agradezco haber tenido.

Conocí a Nene como compañera de estudios en la promo V del Cppl. Recuerdo una anécdota que solíamos decir a modo de juego y supongo con un aire de singularidad “no hay quinto malo”.

Con el tiempo se fue tejiendo una amistad que me permitió conocer a una mujer inteligente, generosa, honesta, solidaria. Con gran sentido de humor que transmitía paz y, sobre todo, la esperanza de que las dificultades ayudan a congregar a aquellos amigos que ayudan a llevar la vida.

Una característica de Nene que nos mantenía cerca de ella fue su sonrisa.  La recuerdo muy bien. Tenía poder, el poder de hacerte creer que los deseos no son solo sueños, sino que son pasos de un camino que se construye con la mente y con el corazón. Mirar la vida desde ese matiz definitivamente la alimenta.

Tenía una gran confianza para plantear con sencillez y simpleza preguntas que le generaban las circunstancias que la rodeaban. Con una actitud crítica que, indiscutiblemente, motivaba a pensar con mayor profundidad. Ya sea como alumna o como profesora, amiga, hermana.

Como parte de la directiva del Cppl su trabajo se caracterizó por ser desinteresado, pero siempre  fértil y productivo.

Su amor por el conocimiento y en especial por el psicoanálisis fue uno de los motivos que la llevó a buscar grupos de estudio para profundizar lo aprendido, ampliarlo y, con gran respeto, valorar las ideas que surjan del trabajo grupal. Porque lo significativo era entender. Su participación siempre rigurosa y comprometida nunca dejó de lado el cariño y la familiaridad que hacía sentir a los demás, definitivamente dejaba huella.

Siempre bien dispuesta a escuchar,

siempre percibía el momento preciso para entregar detalles que devuelven las ganas,

siempre el espacio seguro en los momentos complicados,

siempre ofreciendo sus palabras para trasmitir con cariño que el día a día era una cosa de todos y que ella, con la sabiduría de su risa, estaba para ayudar a construir una historia con afecto y cariño.

“¿Cómo estás Nene?” – “de bien a mejor, subiendo”

Estar con Nene modificaba a quien estuviera con ella, sean compañeros de estudio, alumnos, amistades, familia. Cruzarse, atravesarse o participar con ella en la vida, teniéndola como amiga no permitía seguir siendo la misma. Era una relación de aleaciones, mutaciones enriquecedoras que producen su presencia y su manera de estar.

Me siento afortunada de haberla conocido y sé que hay otro lugar para encontrarla, el tiempo no es distancia es movimiento. Son pliegues de diferentes espacios para hacer conexiones.

Muchísimas gracias, Nene

Una aproximación acerca de la guerra como expresión de la violencia mortal del ser humano

Mg. Luis Herrera – Psicoanalista docente del CPPL

En abril de 1915, seis meses después del estallido de la Primera Guerra Mundial, Sigmund Freud escribió su ensayo sobre la guerra y la muerte en el que sostenía que la guerra producía en el ser humano una desilusión y un cambio en su actitud hacia la muerte.

Esta guerra, no esperada, estalló destruyendo todas las ilusiones; fue más cruel y sangrienta que todas las guerras anteriores. Se transgredieron todas las prohibiciones que habían sido establecidas en tiempos de paz, cuando no se sospechaba que el ser humano fuese capaz de tales matanzas. La población no combatiente era muerta, los heridos eran “repasados”. Las heridas que esta Gran Guerra dejó no serían cicatrizadas con facilidad. Agrega Freud que los pueblos más cultos de la tierra se vieron envueltos en ella mirándose entre sí con odio y horror. Justamente, aquellas naciones que parecían encontrarse más alejadas de la barbarie vieron cómo sus habitantes se envilecían y brutalizaban. Cuando se refiere a esta desilusión, Freud resalta dos aspectos, especialmente: uno, la ínfima eticidad mostrada hacia el exterior por los Estados que hacia el interior se habían presentado como guardianes de las normas éticas; segundo, la brutalidad en la conducta de individuos a quienes por su condición de partícipes en la más elevada cultura humana no se les habría creído capaces de algo semejante. En realidad, sólo debemos sorprendernos en parte; la desilusión proviene de la creencia de que la bondad y el amor son lo primordial en el ser humano: esta es una ilusión.

Hace poco, en un evento, una colega quien no era psicoanalista, indignada porque yo afirmara que el hombre posee en su naturaleza la violencia – que originariamente no es buena ni mala sino primordial – enfurecida, me enrostró que yo mentía, que el hombre era bueno y el ambiente – supongo que otros hombres – lo podía volver malo.

A esto me refiero: a la ilusión que, al destruirse, suscitó que sobreviniera la desilusión. Arnold Toynbee decía que el postulado fundamental de la guerra es que en ella “matar no es un crimen”. La prohibición de matar al prójimo se convierte en “el deber de matarlo”, inclusive ese objetivo podría tener un matiz religioso o patriótico. Por otro lado, a la guerra se le intentó poner algunos límites y evitar así que se cometieran excesos, por ejemplo: a las mujeres se les eximía de combatir, aunque no eran exentas de ser muertas o violadas por los soldados. Recordemos que hace años en Ginebra se dio la famosa “Convención” que buscaba, entre otras cosas, evitar el abuso y la tortura de los prisioneros de guerra. Evidentemente, en el Perú no estuvimos ante la guerra convencional. No existieron dos ejércitos en enfrentamiento. Salvo en la guerra con Chile.

Freud, al momento de escribir el trabajo mencionado, no podía imaginar – o quizá sí – que a esa Gran Guerra sobrevendría otra cuyas atrocidades serían mayores. Dice Toynbee al respecto: la atrocidad en sí no es suficiente, debe además ser novedosa. El corazón humano se endurece ante cualquier hecho que le resulte familiar.

De este modo, hace cincuenta años, nos podíamos horrorizar de ver en el cine un documental sobre la guerra de Vietnam que seguro sobrecogería a un veterano de la Segunda Guerra Mundial. Siempre se ha pensado que la televisión le da a lo siniestro un carácter irreal que hace difícil que uno les tome el peso a los sucesos. Lo real se tiende a convertir en algo “como si” que puede acabar si apago el televisor y me voy a dormir. Además, la guerra nuclear con armas sofisticadas manejadas con botones abstrae a la realidad de su contenido macabro y convierte a la muerte en un número, en un cuadro estadístico.

Difícil experimentar culpa o duelo en una situación así. Pensemos, además, que en la guerra el enemigo se convierte en un ente maligno al que hay que destruir. Decía Freud que solo cuando hay extraños a los que odiar, puede que nos amemos en el interior de un grupo. Así, matar al extraño es un acto de amor a los míos a quienes libero de la amenaza exterior. Además, mientras más enemigos mate, más dueño de la vida y de la muerte me sentiré internamente. Segal, citando a Glover, decía que lo terrible de la era atómica consistía en que hacía realidad nuestras fantasías más pesadillescas, perdiéndose la capacidad de distinguir la realidad del sueño, aumentando el encanto de la omnipotencia sin límites y de la muerte.

Habiendo analizado en otros artículos la situación de guerra vivida en nuestro país, y luego de las reflexiones reseñadas, pasemos a hablar de la posibilidad de diálogo, luego del contexto de violencia vivido. En el caso del Perú, en sus formas variadas, en sus fragmentos que buscan armarse, en las diferentes razas y culturas que viven en él, aparece la imagen de la desintegración. Cada fragmento toma distancia del resto y desarrolla estereotipos e imágenes deformadas del otro. La distancia se incide en el desconocimiento y las relaciones se suelen regir por el dominio y la sumisión, siendo la violencia un nexo frecuente.

Esta situación nos plantea el reto de “conocer” estos ‘pedazos’, conocer el porqué de las distancias y las diferencias, buscando plantear la interrogante “¿quiénes somos?”. Responder esta pregunta, tal como se plantea en psicoanálisis, supone un interlocutor a quien formularla, un otro. En última instancia es una respuesta que plantea la necesidad de arraigo.

Desde el inicio de nuestras vidas, los peruanos estamos inmersos en relaciones autoritarias que van desde el uso de la fuerza física hasta la dominación mental. Éstas atraviesan la vida nacional desde los hogares hasta las instituciones, por ello la dificultad de reivindicar aspiraciones democráticas. La democracia, como decía Luis Pásara, no es una aspiración natural, es el producto de un aprendizaje. Aprendizaje que en el caso peruano sigue sin hacerse.

En esta perspectiva, surge el fenómeno de la “polarización”, esto es, el exacerbamiento de los intereses sociales discrepantes de forma tal que las personas o los hechos ya no se miden por lo que son sino por si son “nuestros” o “de ellos”, en donde “ellos” siempre son los “malos” y “nosotros” los buenos, produciéndose una diferenciación radical. Los rivales se contemplan en un espejo ético que invierte las mismas características y valores hasta el punto de que lo reprochado a “ellos” como defecto se alaba en “nosotros” como virtud.

La salud mental no sólo se adscribe al funcionamiento abstracto de un organismo individual, alude, además, al carácter de las relaciones sociales en donde se asienta, constituye y desarrolla la vida de cada persona. Por ello, la salud mental de un pueblo está en relaciones humanizadoras, de vínculos colectivos en los que pueda afianzarse la humanidad personal de cada cual. La constitución de una sociedad justa no consiste sólo en un problema económico y político, sino que también es un problema social.

En este sentido, los peruanos nos hemos acostumbrado, sin darnos cuenta, a que nuestras instituciones sean precisamente lo contrario de lo que les da la razón de ser. Así, las instituciones que deberían velar por nuestra seguridad son más bien en la práctica, la fuente principal de inseguridad, donde los encargados de la justicia amparan el abuso y la injusticia, los llamados para orientarnos y dirigirnos son los primeros en engañar y manipular.

En lo referido al tema de las ‘instituciones’, encontramos las primeras indagaciones freudianas en el “mito de la horda”, contenido en Tótem y tabú. Las claves de la formación de aquellas fueron el padre interdictor; el monopolio paterno sobre las mujeres; la posterior destitución, asesinato del padre, el “banquete totémico”, el pacto entre hermanos. El mito de la horda es una fantasía originaria de la especie. Es una alegoría de la lucha por el poder (del padre, del terapeuta, según), enfrentándose a lo prohibido y exponiéndose al castigo. Los individuos externalizan los impulsos violentos y objetos internos que, de otra manera, darían lugar a la ansiedad psicótica que mancomunan en la vida de las instituciones sociales en las que se asocian. Por esto, las relaciones grupales manifiestan sensaciones de irrealidad, disociación, hostilidad, suspicacia, etc. El carácter de las instituciones está determinado y coloreado por sus múltiples funciones explícitas o conscientes y por sus múltiples funciones fantaseadas. Vastos ejemplos de ello son el ejército y sus enemigos, el campo de concentración, el odio racial, las minorías perseguidas, y la inequidad racial, social y económica. De esto se desprende el papel de la cultura: el asegurar la supervivencia del grupo sustituyendo el azar por la organización.

Al interior del grupo se reglamentan los deseos, prohibiciones e intercambios. Para la institución, la sexualidad genera desorden por lo que debe ser canalizada, refrenada o desviada. Se busca el predominio del orden o del control social a través de la domesticación de las pulsiones y la organización de las pasiones. Es lo contrario a la masa o multitud que se caracteriza por ser regresiva, primitiva, atávica, como la horda. En estas circunstancias lo que predomina es el impulso sobre la razón. A decir de Canetti, en su texto Masa y Poder, el terror al contacto y la pérdida de los límites corporales en la masa, la fusión es central en el funcionamiento de los grupos humanos.

En la actualidad, lo mencionado tiene vigencia. Pensemos en las ansiedades que delatan las diferencias sociales y económicas de nuestro país y que surgen a partir de la crisis provocada

por la pandemia, en la cual se muestran los diferentes niveles de sufrimiento y carencia que vive nuestros pueblos. Pero no sólo tendríamos que quedarnos ahí sin tomar en cuenta las matanzas sin sentimientos de culpa que se ejercen sobre los manifestantes a quienes se les acusa de ser “terrucos”, ignorando toda una historia que sustentaría la necesidad y derecho de ser escuchados.

Una reflexión sobre la relación entre la teoría y la clínica

Lic. Verónica Zevallos – Psicoterapeuta psicoanalítica 

La relación entre la teoría y la práctica nos suele remitir a una línea con dos vectores que va de la teoría a la clínica y viceversa, siendo considerada la práctica clínica una aplicación de la teoría lo cual limita a ambas partes de la relación porque excluye el mutuo enriquecimiento.

El psicoanálisis se inició como una práctica instituyente de un pensamiento inédito para la época que dio una nueva forma de imaginar el funcionamiento psíquico y con ello abrió un campo nuevo, así el encuentro de Freud y la histeria fue la semilla para la reflexión psicoanalítica y la riqueza conceptual que Freud se dedicó a investigar con agudeza inspiradora generando un movimiento dialógico y de mutuo enriquecimiento entre la teoría, la clínica y la técnica. Al igual que en la dinámica transferencia-contratransferencia se produce una multideterminación constante entre aquellos tres espacios; es decir, la clínica va más allá de la intención de la teoría por abarcarlos. Sobre este punto Green piensa que “Podemos intentar acomodarlos a nuestros supuestos teóricos, pero algo obstinado y tenaz en ellos nos hace saber que no dependen totalmente de nosotros”.

Reconocer que situar en un lugar privilegiado a la teoría, como el tótem que organiza la clínica y que desde ese punto se oscila a la clínica y a la técnica, equivale a renunciar a los efectos de la producción de múltiples sentidos que se desprenden en la transferencia.

En la dimensión histórica del psicoanálisis la teoría y clínica resulta ser a la vez interior y exterior, confluyen, y de esa confluencia el psicoanálisis sortea los impasses clínicos y se libera del reduccionismo teórico que motiva la permanente búsqueda para reformulaciones teórico-técnicas frente al desafío clínico que posibilita la renovación del psicoanálisis, “una extensión del campo clínico y una reformulación de los fundamentos metapsicológicos”, como dice Fernando Urribarri en Hacia el futuro del psicoanálisis.

La teoría surge de una experiencia que se cristaliza en el pensamiento derivado de la clínica, la experiencia psicoanalítica excede los constructos teóricos dado que en la sesión entre terapeuta y paciente se cruzan miradas, respuestas corporales, en fin, es un encuentro repleto de detalles singulares que puede ser dejados de lado por la razón teórica. Es por ello que, a mi manera de ver, establecer que entre la teoría y la clínica hay una relación o se da un desplazamiento natural de una a la otra o, por último, situar a alguna en un lugar privilegiado no es apropiado para comprender dicha dinámica que inició Freud: un psicoanálisis cada vez más plural y complejo. El psicoanálisis es más cercano a ser pensado como un territorio, parafraseando a Heidegger, en devenir clínico y construcciones teóricas que acontecen al psicoanálisis, es decir es el encuentro con lo inédito que hasta ese momento no se puede nombrar, lo cual exige un esfuerzo al terapeuta de domeñar o cabalgar sus angustias despertadas en la transferencia para seguir la fórmula de Picasso: “yo no busco, encuentro”.

Es por ello que en el psicoanálisis convergen diferentes teorías, amplitud en la clínica y la técnica que emergen producto de una crisis en el saber constituido y que, desde Freud, el deseo de encontrar otras explicaciones y otros saberes, lo impulso a hacer una lectura nueva con otros parámetros alejados de antiguas concepciones, que requiere sostener la tensión que demanda ese encuentro con otras ideas sin caer en la tentación de explicarlas con lo ya sabido.

Charles Brenner afirmó “Las teorías psicoanalíticas dependen de los datos de observación que derivan de la aplicación del método psicoanalítico. Estos datos no son accesibles de ninguna otra manera que no sea por la aplicación del método. Eran esencialmente desconocidos antes de que Freud desarrollara el método analítico y aún lo serían sin él”.

 

 

¿Por qué leemos a Melanie Klein hoy?

Paula Escribens[1]


¿Sigue siendo vigente el pensamiento de Melanie Klein? ¿Por qué es importante leerla en la actualidad? Resulta peculiar encontrarme escribiendo este texto; si me pidieran que me defina como afín a alguna de las escuelas psicoanalíticas no me definiría como una kleiniana. Sin embargo, pienso que Klein fue una gran pensadora psicoanalítica y una gran clínica, cuyos aportes transformaron el pensamiento psicoanalítico de una forma definitiva. Trabajo con niños, adolescentes y adultos y desde mi experiencia clínica en el consultorio, no sería posible pensar en el análisis de niños como lo concebimos hoy sin los aportes de Klein, quien transformó definitivamente la técnica con niños, llevándonos a algo que en su momento era impensable, interpretar la transferencia en niños muy pequeños. Sin embargo, mi experiencia me dice que esto no solo tiene efectos transformadores en los niños, sino que es imposible pensar la clínica infantil sin esta herramienta.

Pienso que uno de los logros más complejos de alcanzar en el desarrollo psíquico es el de la integración, característica central de la posición depresiva. A su vez, quizá lo más retador de la posición depresiva no sea el acceso a la integración, sino la elaboración de todo lo que este estado implica. Es por eso que muchos analistas kleinianos han desarrollado miles de textos sobre las dificultades técnicas que uno encuentra cuando el paciente asoma a la posición depresiva. Quizá lo más complejo sea elaborar todo lo que implica la tolerancia de la dependencia, tema además muy actual si pensamos que como individuos vivimos inmersos en una sociedad capitalista que nos vende permanentemente la idea de que todo se puede lograr a través de recursos económicos, casi sin necesitar de nadie más que de nuestro dinero. Podemos soñar con ser eternamente jóvenes, por ejemplo, también, con ser felices inmediatamente y creer que solo depende de nosotros mismos, frase que vemos repetida cual mantra en los últimos tiempos. Sin Klein no podríamos pensar la dependencia objetal como un logro y como algo dificilísimo de sobrellevar psíquicamente. Ella nos propone que la integración implica no solo reconocer al otro como alguien integrado, con sus aspectos buenos y malos, sino sobre todo reconocernos a nosotros mismos de forma integrada, lo que nos llevaría a hacernos responsables por aquello que le hacemos al otro y a los otros. Parte de devenir sujetos implicaría que asumimos una responsabilidad subjetiva por aquello que le hacemos a los otros inclusive en nuestra fantasía, donde somos libres, pero a la vez responsables de nosotros mismos. Parte de elaborar la posición depresiva implica también la elaboración de la dependencia objetal, lo que supone que nos reconocemos como dependientes de los otros significativos. Esto pasa por las personas que son importantes para nosotros, pero también por el reconocimiento de cuánto dependemos del entorno en el que vivimos y de la naturaleza a la que venimos destruyendo sistemáticamente. Renunciaríamos así a nuestra omnipotencia infantil y con ello se sucederían una serie de experiencias en las que tenemos que poder reconocernos como necesitando de otro. Ese otro a su vez podría estar o no disponible para nosotros, podría en algunos momentos no querer estar con nosotros y con ello dejarnos excluidos, o inclusive podría morir o desaparecer de nuestras vidas. Sabernos dependientes del otro y que nuestro amor al otro sea lo que más vulnerable nos hace no es un aporte de Klein, lo decía ya Freud cuando proponía que era una de las razones, quizá la más potente, por la cual renunciamos al principio del placer. Sin embargo, Klein hace énfasis en la importancia de renunciar a nuestra omnipotencia y poder reparar al otro, ese que hemos dañado, en la fantasía y en la realidad.

No podríamos contar con la herramienta de la contratransferencia –o quién sabe, quizá sí, pero no de la misma manera– si ella no hubiera creado la noción de la identificación proyectiva. Podríamos pensar en Winnicott mismo, quien, en muchos de sus aportes teóricos y clínicos, construye y propone ideas que también han transformado el trabajo clínico; muchas de estas son respuestas a sus diferencias con Klein, quien fuera su supervisora por muchos años. No sabemos si Bion hubiera sido el genial Bion que aportó con su noción sobre la parte psicótica de la personalidad y la vuelta que le dio a la noción de identificación proyectiva, llevándonos a pensar el trabajo con pacientes psicóticos como algo posible de ser pensado y llevado a la práctica, si no hubiera sido paciente de Klein y seguidor de la escuela kleiniana. Pienso que conocer los planteamientos de Klein es casi un deber, para poder discrepar con ella y cuestionarla, a la vez que reconocer los aportes tan geniales que nos dejó al pensamiento psicoanalítico y a la clínica específicamente.

[1] Psicoanalista de la Sociedad Peruana de Psicoanálisis, egresada de la formación de niños y adolescentes por la misma institución. Licenciada en Psicología Clínica por la PUCP, con estudios de posgrado en género por la misma universidad. Magister en Temas de Raza, etnicidad y estudios poscoloniales por la London School of Economics. Ha trabajado con mujeres víctimas de diversas formas de violencia y actualmente se dedica a la práctica clínica y docencia.