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Acontecidos: ante la paradoja de la presencia-ausencia

Paula Escribens Pareja. Profesora de Formación Académica en el CPPL.

En estos tiempos me he encontrado a mí misma pensando en la suerte que tengo al tener un trabajo que se puede hacer de forma virtual. Es verdad que la virtualidad abre la posibilidad de seguir encontrándonos con nuestros pacientes, sin embargo, supone una reflexión, ya que lejos de trasladar el trabajo a la virtualidad, abre una serie de fenómenos y especificidades que es clave pensar. Cada paciente y cada vínculo sigue siendo el mismo a la vez que se fundan nuevas subjetividades y nuevos espacios en la mente de cada paciente, así como en nosotros como analistas o terapeutas, que además estamos atravesados por el mismo acontecimiento.

Badiou (2006) definió el acontecimiento como aquello que es impredecible e incalculable y está sujeto a la suerte, y que además es indecible e inexplicable. No podemos usar ante él las reglas establecidas previamente, sino que éste inaugura su propio régimen de verdad. Tenemos entonces que poder pensar algunas de las cosas que nos van pasando a la vez que habitar y dejarnos impactar por otras, ojalá pudiendo tolerar la incertidumbre.

Hay quizá otras problemáticas sobre las que podemos ir pensando algunas cosas. Me viene a la mente una paciente con quien la presencia a través de una pantalla la lleva a encontrarse más bien con la ausencia de una forma desgarradora. A partir de esto se desatan procesos de duelo por una figura importante que perdió en su infancia y lo presente que ha sentido a su padre a partir de lo ausente que estuvo desde siempre. Una paradoja dolorosa que ahora se repite en el encuentro conmigo y que permite empezar a elaborar un duelo que parecía como detenido, congelado. El mundo tal como lo conocíamos ha desaparecido, sigue siendo el mismo y a la vez es absolutamente ajeno. ¿Cómo habitarlo e intentar ciertas coordenadas que permitan sentir que no se interrumpen todas las continuidades?

Qué tarea tan exigente pero necesaria, pensar lo específico de cada encuentro en este contexto, y qué puede estar significando en cada momento. Habitar nosotros mismos esas paradojas y poder experimentarlas y pensarlas, prestarnos para que nuestros pacientes exploren sus propios mundos internos y sus nuevas subjetividades, en un momento en el que estamos nosotros mismos atravesados por la experiencia de vivir un acontecimiento que nos ubica como habitantes de un mundo sin coordenadas claras y con una gran incertidumbre y desconcierto. Saldremos distintos, quizá esa es la gran ilusión.

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