Más de 40 años al servicio de la salud mental

Juan Carlos Taxa

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UN BANQUETE PARA LA PROMOCIÓN 39

Dr. Luis Alberto Suárez Rojas – Doctor en Antropología y psicoterapeuta en formación de la promoción 40 del CPPL

 

A continuación queremos compartir con ustedes el discurso que Luis Alberto Suárez preparó y leyó el pasado 13 de Diciembre, como parte de la ceremonia de graduación de la promoción 39 del CPPL y clausura del año académico 2025 de nuestra Institución.

 

 

En el 390-380 a. c., Platón, en Gorgias, recuerda que Homero confirma que Ticio, Tántalo y Sísifo fueron condenados en el Hades a castigos sin fin. En el mundo griego, ellos se convirtieron en tres ejemplos paradigmáticos de condenados eternos. Según los vio Odiseo en el canto XI de la Odisea (verso 576), a Ticio le devoraban el hígado dos buitres; Tántalo moría de sed en medio del agua, sin poder alcanzar los frutos que pendían sobre él; y Sísifo empujaba incesantemente hacia arriba una gran piedra que, al llegar casi a la cima, volvía siempre a rodar hacia abajo.

Con esto en mente, me siento en la convicción de creer que, como psico­terapeutas psicoanalíticos en formación, estamos fuertemente intersectados por las implicancias dolorosas de la repetición como forma de síntoma. Quizá, ahí están, justamente, en Ticio, Tántalo y Sísifo, las figuras arcaicas de la compulsión a la repetición: formas primordiales del sufrimiento y del dolor psíquico expresada como una pesada condena, como una declinación del ser, como la única manera —a veces la única posible— de vivir y de sentir el mundo. Como en el caso de “El Hombre de las Ratas” (Ernst Lanzer) cuando “Pone y saca la piedra”.

Aquí, nuestra formación no nos hace inmunes; más bien, gracias a esa escucha atenta, nos vuelve más sensibles y conmovidos ante la vivencia de la repetición como un destino trágico amalgamado en el trauma, ya sea como un agujero inasible o como un desamparo universal. Con Freud en la mente, cuando estamos con un paciente, ahí estamos en la escena de una vida en la que el sufrimiento ocupa un lugar trágico e incluso con matices siniestros, como un destino que insiste en repetirse, una y otra vez.

Después de 2,400 años, el psicoanalista italiano Massimo Recalcati le da un giro al mito de Sísifo y sugiere que la vida contemporánea parece traer la repetición como imperativos, obligaciones y productividad sin pausa: repeticiones vacías donde el sujeto siente que “la piedra siempre vuelve a caer”. Para Recalcati, la roca es la tarea, el esfuerzo que no para, que no se colma; así, nuevamente, emerge el destino trágico. Pero, en su giro, Recalcati subraya que no se trata de una condena ciega, sino de un lugar donde el sujeto puede encontrarse con su propio deseo, más allá de la compulsión del superyó capitalista que exige “quererlo todo” y “sin límites para el yo”.

En este devenir como psico­terapeutas psicoanalíticos, se ha enfatizado la importancia de revestir nuestro entrenamiento con empatía, contención, apertura; de sostener el no-saber y movernos más allá del supuesto saber; de permanecer atentos a los afectos que circulan, a la retórica y a los ritmos de la palabra, a las metáforas y metonimias del discurso. Ante la angustia y la confusión que llegan al consultorio, quizá podamos decir, en nuestros fueros internos: “No se preocupe, Usted puede venir a la sesión y también la pesada roca de Sísifo”. De-venir-juntos, para quizá comprender ese dolor y sufrimiento, para darle un nuevo sentido o simplemente atravesarlo; en fin, para “dejar rodar” la piedra de Sísifo y seguir el camino. Pero esto implica sostener, encontrar un espacio, dar lugar a la regresión, y abrir un camino para hacer circular los afectos y pensar.

Qué importante ha sido, y continúa siendo, no una formación centrada en la disputatio medieval, sino en el trabajo artesanal y en el diálogo pedagógico humanista y tolerante de la diferencia: un proceso vivo, centrado en la relación aprendiz–maestros (en plural), formando–supervisor–analista, donde la palabra, el silencio y el deseo pueden encontrar su lugar.

Hoy estamos reunidos para despedir a la Promoción 39 y para festejar, en este banquete simbólico, el devenir de nuestros amigos y colegas psicoterapeutas psicoanalíticos. Este encuentro, es un gesto de reconocimiento, de gratitud y de profunda celebración del camino que han recorrido. He tenido la oportunidad de compartir los espacios de supervisión de varios de los miembros de la Promoción 39, y cada uno de ellos ha mostrado con humildad, cómo el antiguo “furor curandis” va mutando hacia un manejo más sensible de la atención flotante, de la abstinencia, del saber esperar, del sostener con la presencia y con la palabra. Y me siento, honestamente privilegiado de haber sido testigo de esa transformación.

Y en medio de estos mitos, de estas repeticiones y de estos destinos, he tenido el privilegio de ver cómo ustedes, en su formación, transforman como el trabajo de artesanos estas “pesadas rocas” en “senderos transitables”.

De igual modo, quiero reconocer y agradecer a todos por este maravilloso XXI Congreso “Tensión y conflicto: psicoanálisis en tiempos de polarización” que la Promoción 39 nos regaló a la comunidad de formandos de nuestro centro. Es verdaderamente notable su empeño, su entrega, su compromiso. Aunque sabemos que fue un auténtico tour de force, como toda empresa de esta naturaleza, nos dejaron un trabajo entrañable para quienes lo vivimos y lo compartimos.

Estoy convencido que todos ustedes, en su singularidad, componen el rostro plural y vivo de esta Promoción 39 que hoy celebramos.

Finalmente, hoy estamos ante el “banquete platónico”, ese espacio donde el eros, el conocimiento y la búsqueda sellan nuestro destino como futuros psicoterapeutas psicoanalíticos. Les deseo todo lo mejor y estoy convencido de que este es el inicio de una aventura nueva, profunda y luminosa. Hoy zarpa el barco desde el buen puerto que es el CPPL, y es mi deseo que cada uno descubra, en su travesía, la alegría del encuentro, la serenidad del pensar y el valor de escuchar la verdad de los otros y de sí mismos.

Que cada uno encuentre su Ítaca, y que el viaje —como decía el poeta griego Constantino Kavafis— sea largo, fértil y luminoso.

 

Gracias.

 

Entre huellas y resonancias: Reflexiones sobre el XIII Congreso de FLAPPSIP

Sigrid Buitrón – Psicóloga clínica (PUCP) y formanda de la promoción 40 del Centro de Psicoterapia

 Psicoanalítica de Lima (CPPL)

 

Este año, la edición XIII del Congreso de FLAPPSIP se llevó a cabo en Lima y fue una oportunidad privilegiada para escuchar a psicoterapeutas y psicoanalistas de diversos países latinoamericanos. Desde mi punto de vista, las ponencias resultaron estimulantes, provocadoras y en algunos casos, particularmente conmovedoras. De modo personal, me impresionó mucho la conferencia magistral de Isildinha Baptista Nogueira sobre el “Efecto del racismo en el narcisismo del sujeto negro”. Aprecié la sensibilidad, la honestidad y la profundidad teórica y clínica con que fueron abordados algunos tema transversales y tan arraigados y comunes en nuestros países latinoamericanos, como el racismo, la estratificación, la discriminación y la exclusión social, y la forma en que estos fenómenos históricos y sociales impactan en la constitución de la mente de las personas racializadas, procesos que no siempre atendemos y/o comprendemos con todos sus matices y que, considero, requieren ser pensados en espacios tanto individuales como institucionales.

La ponencia previamente mencionada, como otras que se presentaron en el marco del evento, hicieron énfasis en el eje de la alteridad y los tiempos de asombro, y pusieron en diálogo al psicoanálisis con la política, los fenómenos sociales y los avances en la ciencia y la tecnología. Esta integración virtuosa generó un espacio propicio para reflexionar en torno al malestar cultural que se configura en nuestros tiempos, y que nos moviliza como sujetos y como sociedades. En este sentido, considero que el congreso fue una suerte de experiencia inmersiva que nos invitó, durante tres días intensos, a repensar cómo estas coordenadas sociales y culturales impactan en la constitución de nuestras subjetividades y en las formas que hemos desarrollado para vincularnos – tanto fuera como dentro del consultorio –, con el apoyo y, a veces, la interferencia de la tecnología. Como consecuencia natural de ello, se generó también un contexto favorable para cuestionar, en distintas mesas y espacios de discusión, las formas como actualmente se expresan los conceptos psicoanalíticos, las adaptaciones técnicas que demanda la época, y sobre todo, el rol y las responsabilidades éticas que recaen en quienes nos dedicamos o aspiramos a dedicarnos a la psicoterapia psicoanalítica, como el ejercicio de un oficio, una práctica profesional y un arte que supone la preservación de lo más humano que tenemos los humanos: nuestra mente, nuestros afectos, nuestro mundo interno.

Me quedo con las sabias palabras de Moisés Lemlij, quien nos invitó – y tal vez, inclusive, nos desafió –  a disfrutar de las oportunidades que supuso este evento: los encuentros y reencuentros con colegas y amigos; la posibilidad de replantearnos algunas ideas previas, de dejarnos sorprender por lo nuevo, de nutrirnos a partir de las experiencias y reflexiones compartidas generosamente por quienes realizaron alguna ponencia y de esta manera estimularon el intercambio de ideas, cuestionamientos y la movilización de afectos. Me quedo, por supuesto, con el deseo y las ansias de participar nuevamente en un congreso de FLAPPSIP, y de poder acceder, otra vez, a una propuesta amplia y variada de trabajos, con un contenido valioso y estimulante sobre el psicoanálisis y la psicoterapia psicoanalítica.

 

Entrevista a Marcos Herrera, psicoanalista y director del doctorado en psicoanálisis de la PUCP

Entrevista realizada por Giancarlo Portugal Velasco, egresado de la promoción 39 del CPPL

 

Marcos Herrera es psicoanalista de la Sociedad Peruana de Psicoanálisis (SPP) y, actualmente, director del Doctorado en psicoanálisis de la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP). Entre sus funciones es, además, profesor de cursos de técnica psicoanalítica, en los que plantea una mirada de intención justa con respecto a Freud; es decir, procura asignar correctamente los valores y las críticas a los planteamientos del mismo. Así, desde un intento de comprender el estatus psicoanalítico, él plantea separar a, por un lado, el Freud científico y, por otro lado, el Freud terapeuta. Con ello, Herrera también separa el psicoanálisis como teoría del psicoanálisis como terapia. En esta entrevista podemos aproximarnos al pensamiento crítico de Marcos Herrera, quien, en última instancia, está realizando una invitación a quienes somos parte de la comunidad psicoanalítica a reflexionar, a preguntarnos, aunque no sea posible una respuesta, sobre aquello que sucede en la clínica y el por qué sucede. 

 

“Para mí los conceptos psicoanalíticos son como piezas de rompecabezas distintas, que no necesariamente tienen que encajar. A veces pueden encajar unas u otras”

 

Bueno, primero, gracias Marcos por el tiempo. Tú tienes una característica en tu historial académico que me llama la atención y que no es tan usual, has leído a Freud en alemán. Dices específicamente que hay como un valor en Freud, pero a la vez, no voy a decir mala interpretación, pero como una suerte de limitación en Freud ¿Cuál es tu postura frente a sus planteamientos a grosso modo?

Antes que nada, gracias, Giancarlo, por la entrevista. Hemos estado conversando un rato antes sobre estas cosas. A ver, a mí me gusta mucho leer a Freud, quiero enseñarlo y básicamente mi posición es incentivar una lectura crítica de Freud. Que esté un poco en el justo medio, entre un fanatismo que asume que todo lo que dice Freud es cierto (que lamentablemente se ha visto durante un tiempo en el mundo psicoanalítico) y una posición muchas veces ignorante con Freud, que simplemente lo rechaza de plano. Creo que en los textos freudianos hay muchas cosas apasionantes, muy útiles, pero promuevo – he tomado el concepto de Jessica Benjamin – una dinámica entre semejanza y diferencia. Lo suelo decir en mis clases, ver qué cosa en los textos freudianos nos sigue razonando, nos sigue interpelando, nos sigue sirviendo, pero también atrevernos a decir frente a qué tomamos distancia.

Ahora, por otro lado, creo importante separar lo clínico y lo teórico. A mí me ha marcado mucho la crítica de que el psicoanálisis no es una ciencia, desde que empecé a estudiar psicología. Y es una pregunta a la que he tratado de responder durante muchos años. La respuesta que me he dado a mí mismo a esa pregunta, y que comparto con quien le parezca útil, es que la mejor solución para mí es separar el psicoanálisis como método de comprensión clínica y el psicoanálisis como pensamiento teórico sobre la mente. Como método de comprensión clínica, que aplicamos en la terapia, digamos en el consultorio, considero que es un método valioso y con el cual podemos ayudar a las personas. El problema con la teoría psicoanalítica de Freud es que Freud inicialmente quiso ser un científico, incluso un científico natural y tuvo que abandonar ese proyecto para casarse. Se dedicó a la medicina, a la práctica de la medicina, y por ese camino terminó inventando el psicoanálisis ¡Bien para nosotros! Pero el punto es que, luego de haber inventado su método terapéutico psicoanalítico, se le ocurrió que de repente también podía ser un científico. Y podía usar ese método terapéutico como un instrumento de investigación científica para validar teorías sobre la mente. Creo que el problema está ahí. Yo creo que el psicoanálisis es un método de comprensión clínica para ayudar terapéuticamente a personas, pero no creo que tenga las características de un instrumento de investigación científica. Entonces, ¿qué hacer con toda la teorización que desde Freud y los post-freudianos ha surgido a partir del método de comprensión clínica que llamamos psicoanálisis? Como lo sostengo en un trabajo que publiqué hace algunos años, creo que son teorías indecidibles. No se puede decir que sean falsas ni verdaderas. En algún lado las he llamado, de una manera un poco provocadora, ficciones epistémicas (Herrera, 2014). Considero que es posible que para muchas de ellas se pudiese conseguir evidencia científica en un diálogo desprejuiciado y abierto con otras disciplinas como la psicología o las neurociencias. Pero lo que no podemos hacer es tratarlas como verdades científicas, como mucha gente hace en nuestro medio. Entiendo que tú tienes también una posición crítica al respecto. Entonces creo que hay que cuidarse de asumir que esas cosas son descripciones de hechos. Ahora, al mismo tiempo, las teorías psicoanalíticas, si bien tienen para mí un estatus no decidible, no dejan de ser útiles en el ámbito clínico. En particular aquellos conceptos que están más vinculados a la clínica misma. Te ponía el ejemplo hace un rato de los conceptos freudianos de la resistencia y contrainvestidura. Contrainvestidura es la explicación metapsicológica de la resistencia, por decirlo así. Yo no creo que, para ser un buen terapeuta psicoanalítico, un buen psicoanalista, se tenga que conocer el concepto de contrainvestidura. Algunos colegas leerán esta entrevista y se preguntarán, ‘pucha, ¿qué es contrainvestidura? Voy a sacar mi Laplanche’. Pero yo creo que eso no los hace menos buenos psicoanalistas o terapeutas psicoanalíticos. Probablemente, en cambio, se manejen muy bien el concepto de resistencia. Y ese es el que tienen que conocer para ser terapeutas psicoanalíticos. Lo otro es más para el ámbito a los que nos gusta también el trabajo académico psicoanalítico. Ser un psicoanalítico que no se excluye de ser un clínico, simplemente son dos cosas distintas.

¿Cómo calificas que son conceptos útiles? Porque entiendo que en tu postura es algo así como mientras no logren el estatus de científico, no se pueden asumir como verdades. Como verdades empíricas. Pero mientras eso sucede, ¿si crees que es legítimo seguirlos utilizando a nivel pragmático en la clínica? ¿Cómo se justifica eso?

Sí. Digamos porque, de hecho, en este trabajo del 2014 de ficciones epistémicas, trato de argumentar por eso justamente con un ejemplo clínico: cómo en una situación clínica con un paciente, me sirve el concepto de la envidia de Klein para poder comprender un material clínico e interpretarlo. Es decir, sí creo que manejar conceptos del modelo tópico, estructural, las nociones de la posición esquizoparanoide y depresiva de Klein; o la noción del continente contenido o la noción de elementos alfa y beta de Bion; o en Winnicott el espacio transicional… Hay una serie de conceptos que sí me parece que un clínico psicoanalítico debe conocer. Yo sería el último en prohibir los cursos de teoría en la formación de un psicoanalista clínico, de un terapeuta psicoanalítico, pero favorecería que en esos cursos se use aquellos conceptos que son más cercanos a la experiencia clínica.

Pero, ¿por qué entonces…? Porque entiendo que la lógica es algo así como, claro, esto no puedo aseverar que es verdadero, no obstante me es útil, y puedo aplicarlo transversalmente en mi práctica clínica.

Eso es lo que estoy planteando. Qué bueno que se entienda.

Y ¿por qué asumir que sí pueden ser transversales a cualquier persona que llega a consulta?

Es que eso dependerá de cada caso, de cada situación. Es decir, con un paciente en un momento dado, un concepto te orientará. Yo me pregunto si yo hubiese podido comprender el material clínico de mi paciente si no hubiese leído el texto de Klein sobre envidia y gratitud, por ejemplo. Creo que no.

¿Te hizo sentido?

Eso. Me hizo sentido. Por eso digamos el artículo se llama ficciones epistémicas o utensilios hermenéuticos. Considero que los conceptos psicoanalíticos son utensilios hermenéuticos que ayudan a dar sentido. Y no sabes cuáles te van a ayudar en qué sesión, pero mientras más conozcas, mejor.

Ahora, igualmente tú tienes una postura en la que sí aspirarías, me da la impresión de que hay como un deseo de que el psicoanálisis en algún momento cobre el estatus de ciencia.

Más que el psicoanálisis, que ideas psicoanalíticas de Freud u otros autores posfreudianos o contemporáneos sean recogidas por disciplinas que tienen métodos más estándar de validación de teorías científicas, sobre la mente en este caso. Y sí, eso porque sí tengo que decir que me duele y me enoja y me da rabia cuando veo críticas muy simples al psicoanálisis desde otras disciplinas con mucha ignorancia. Y de las cuales nosotros mismos somos culpables porque hablamos tan difícil a veces que ellos no entienden de qué estamos hablando. Entonces, sí me parece que, si logramos traducir un poco algunos conceptos, quizás nos entendamos… porque además uno encuentra todos los ejemplos. Es decir, creo que el concepto del narcisismo – que no he hecho una lectura de rastreo, pero entiendo que se origina en Freud y tiene todo un desarrollo en la psicopatología psicoanalítica posfreudiana – es un concepto sin el cual es muy difícil entender la política actual en el mundo, por ejemplo.

En ese sentido, podemos decir que el narcisismo no existe, pero que permite una interpretación de…

El concepto psicoanalítico de narcisismo, quizás para este no tengamos la evidencia científica, entre comillas, pero creo que es útil incluso fuera del consultorio. Entonces, sí creo que incluso se usa. Es decir, mucha gente utiliza el concepto narcisista para describir la personalidad de estos líderes, y no le reconocen al psicoanálisis.

Pero ahí, digamos, me queda la duda de… Bueno, tú acabas de esgrimir, o de revelar, en realidad, cómo te da rabia y cólera. Yo me pregunto pensando desde el ‘sentido común’… para dejarme entender, pondré un ejemplo: es muy común que en las cenas navideñas llegue el tío de la familia, o el cuñado, a decir en una discusión de sobremesa que científicamente se ha demostrado que…’, y con el adverbio científicamente, asume que lo que va a decir es fulminante en esta construcción argumental, y es un punto final. Quiero decir, por una cuestión cultural, muchas veces colocamos un estatus a la Ciencia que es problemático a nivel epistemológico (la filosofía de la ciencia reflexiona sobre estos puntos, por ejemplo). Espero no se me malentienda, porque evidentemente la Ciencia es vital, pero, desde una postura que sacraliza menos a la Ciencia, me pregunto por qué no podría ser suficiente que entendamos al psicoanálisis, no como un sistema de postulados, de verdades fácticas, sino como un sistema conceptual que permite generar sentidos en la vida de las personas.

Yo no tengo ningún problema con eso último. El tema es que en la historia del movimiento psicoanalítico, esa no ha sido la posición. La posición es que se trata de enunciados empíricos, fácticos, validados, y nos reforzamos entre nosotros esa creencia. Entonces, yo estoy de acuerdo con tu posición. Sí, pienso que se podría revisar que tengan que constituir necesariamente un sistema. Tengo una idea más fragmentaria.

Más archipiélago del continente.

Eso, más archipiélago del continente. Para mí los conceptos psicoanalíticos son como piezas de rompecabezas distintos, que no necesariamente tienen que encajar. A veces pueden encajar unas u otras.

Yo lo pensaría, si me permites, como un gran rompecabezas de la psique, del cuál nos faltan piezas. Pero es un postulado, ¿eh?

No, eso no es un postulado, eso es un acto de fe.

Claro, sí, de acuerdo.

Yo soy alguien más posmoderno, en el sentido de que yo considero que no hay el gran rompecabezas.

No hay una totalidad.

Puede haber una totalidad, pero que la podamos conocer no lo sé.

En eso podría estar de acuerdo.

Entonces, que haya una totalidad es una cosa, pero sí creo que los diferentes desarrollos psicoanalíticos no tienen por qué formar una gran imagen donde todo encaja. Ahora, sobre el asunto de mi enojo, también tiene que ver con que, y bueno, tú también eres terapeuta psicoanalítico, yo creo que a quienes trabajamos en terapia psicoanalítica, y más aún a los terapeutas jóvenes que van a continuar trabajando en esto, creo que nos hace daño la mala fama científica de nuestra disciplina. Porque incluso uno ve en el mundo de la salud mental cómo se va marginando al método psicoanalítico frente a otras propuestas. Y creo que esa es una pelea que tenemos que dar. En ese sentido, esa pelea se da en dos frentes. Uno es el frente de rescatar aspectos de la teoría, que yo creo que vale la pena usarlos, pero repito, en diálogo con otras disciplinas. Pero el otro, que es muy importante, es mostrar que la terapia psicoanalítica puede ayudar y cómo puede ayudar. Sin embargo, de nuevo, yo no creo que el propio psicoanálisis sea el que pueda hacer este trabajo, sino que creo que ese es el trabajo del campo llamado investigación en psicoterapia. Y sí estoy convencido de que la terapia psicoanalítica ayuda a muchas personas y que es cuestión de que seamos capaces de mostrarlo.

¿Cómo sabes que la psicoterapia ayuda? Porque ahí, digamos, mi re-pregunta sería, ¿ese también podría ser un salto de fe o que uno lo considere?

Sí, es que es una convicción particular. Es decir, digamos, es porque a mí me ha ayudado, porque ha ayudado a personas cercanas a mí, y porque creo que ha ayudado a algunas personas que han recurrido a mí. No a todas, pero a muchas. Entonces sí, yo tengo esa convicción. Pero es por una experiencia personal.

Ahí pienso en Erich Fromm, que habla de la diferencia entre una fe dogmática y una fe racional. Y para mí el psicoanálisis, en ese sentido, yo lo asumo así: La propuesta psicoanalítica es una fe racional.

Pero sería una fe racional en el método, más que en los conceptos.

Claro, ¿tú tienes esta idea como para retomar el tema – de que hay que separarlos?

Sí, yo considero que es bien importante separar. Una cosa es la terapia psicoanalítica, ¿no? Y entender, digamos, repito, mi experiencia ayuda. Y mostrar cómo ayuda. Y la otra es esta maravillosa… Dijimos el otro día la palabra enjambre. Ese maravilloso enjambre de conceptos psicoanalíticos, que son fascinantes y que está bien conocerlos, enseñarlos y mantenerlos como un legado, pero, al mismo tiempo, mantener una posición distante acerca de su facticidad.

Y para ti qué es quiero hacer aquí como el énfasis de que cuando tú haces la crítica a la metapsicología y al dogma metapsicológico, estás hablando como una crítica, no a la metapsicología como herramienta útil, sino más bien a la pretensión de que la metapsicología es una verdad fáctica y que realmente el superyo está allí

O el inconsciente.

Sí, claro, la idea del iceberg, que lo malo es que se entiende de manera literal.

Como ‘cosas del mundo’.

Como cosas del mundo, sí, tal cual. Pero, ¿qué es lo que queda, quitando la metapsicología, de psicoanalítico en el método psicoanalítico?

Al escribir este trabajo, que se publicó en el marco de la revista Pulsión – por lo que agradezco a los editores – llamado “¿Cómo ayuda el psicoanálisis? Las dos vías de la terapia psicoanalítica” (Herrera, 2023). Tratando de contestar un poco qué es lo propio, más que lo-psicoanalítico-mismo, como si de una esencia se tratase, ¿en qué se parece lo que hacemos aquellos que trabajamos con orientación psicoanalítica? Yo señalaba ahí, por un lado, que son cosas que vienen de Freud. Es decir, creo que esta emoción de hacer consciente lo inconsciente, que esa fórmula tan clásica, tiene algo de eso. Es decir, el asumir que mediante el autoconocimiento, experiencial, vivencial, en el proceso psicoterapéutico, se logra un cambio. Y en ese sentido, tenemos un dispositivo, el encuadre psicoanalítico que facilita eso y donde tenemos una posición de espera, digamos. Por ejemplo, el paciente es el que saca y uno espera y ve qué va pasando, no tenemos un plan de lo que va a ocurrir en la sesión o en el proceso, y sin embargo estamos atentos para encontrar conexiones de las que el paciente no se da cuenta, ayudarlo a integrar aspectos de sí mismo en su representación intersubjetiva. Y, por otro lado, este otro aspecto más relacionado a la interacción y al vínculo terapéutico, que cada vez tengo más la convicción de que es algo que juega un papel muy importante en todo proceso psicoanalítico. Es decir, que mucho tiene que ver con la experiencia misma que tiene el paciente en la interacción con el terapeuta, no en los cálculos que se pueden dar ahí.

Lo que se llama lo relacional.

En general, sí, digamos.

Antes de entrar por ese lado, pensaba en esta pregunta que te hice hace un momento, en el sentido de que se ha intentado debatir y encontrar cuáles son los métodos específicos, lo indispensable para que un proceso sea psicoanalítico y que no sea de otra corriente. Comúnmente se hace alusión a lo que actualmente se llama asociación libre, que tú prefieres traducirlo como ocurrencias libres. También, por ejemplo, al tema del encuadre o sobre el diván o no el diván, sobre la frecuencia, el tiempo, incluso. Lo más famoso es los lacanianos haciendo su corte en el momento en el que se supone que se percibe que ha surgido el inconsciente. En cuanto a esos elementos, ¿tú consideras que algunos son elementos indispensables como para llamar práctica psicoanalítica o más bien pensarías que son más dispensables?

Tú vienes de la filosofía y allí me ayudó un filósofo para contestar esa pregunta. No es que conozca en profundidad, pero es un aspecto de su pensamiento que aquí he accedido más bien por temas de lingüística cognitiva, que es Wittgenstein. En las Investigaciones filosóficas [1953], cuando habla de los juegos del lenguaje, y él habla de los parecidos de familia. Es decir, que no hay tal cosa como una esencia, como características que tengan que estar. Y creo que esa sería mi respuesta. Digamos, creo que en lo que hacemos, las personas que trabajamos psicoterapéuticamente, en la psicoanalítica, hay parecidos de familia, pero no hay cosas que tengan que estar en todos. Entonces, no me atrevería a decir, que estas cinco son las que tienen que estar para que algo sea psicoanalítico.

Y regresando a esta división que hacías, porque tu respuesta de la pregunta de cómo ayuda el psicoanálisis, es, por un lado, la autoconciencia, el insight

El autoconocimiento.

El autoconocimiento…

Proporcionado por las interpretaciones del analista, pero también por el propio trato y la propagación. Y por otro lado está lo relacional.

Pensaba yo en que, no sé si es que estarías tú de acuerdo con el hecho de que en ambos casos lo que es transversal, lo que les une, es la búsqueda de la repetición.

¿En qué sentido?

En el sentido de que, por lo que entiendo, bueno, en el caso del autoconocimiento me queda clarísimo. A través de la interpretación se pueden develar patrones.

Ah, ya. Sí. Que se repite la interpretación del mismo contenido en diferentes contextos.

Exacto, ¿no? Porque Freud diría la pulsión de muerte y…

Creo que Freud diría la ‘compulsión a la repetición’ y en el capítulo en el que dice ‘lo que sigue es especulación y que muchas veces va muy lejos, y el lector decidirá’, ahí es que mete la pulsión de muerte.

Y claro, pero en la parte relacional también está el asunto de encontrar la repetición de patrones y por medio de la relación como no hablada, generar rupturas.

Claro. Podría ser, digamos, hay un… Es un punto de encuentro. Hay un analista relacional que me parece interesante, Donnel Stern, no Daniel, sino Donnel, que considera que la transferencia es como una relación rígida, una repetición rígida, una incapacidad de abrirse a nuevas maneras de relación. Y que en el trabajo con el terapeuta, con el analista, eso va cambiando. Ahora, como veíamos ayer en clase, que era un texto de Mitchell, un analista relacional, esto no significa que uno, como psicoanalista, como psicoterapeuta, se exima del trabajo de la comprensión y simplemente deje que las cosas pasen. No. Estamos permanentemente atentos a qué va pasando, ya sea que ocurra en ese momento o después de que ocurra. Entonces, sí hay un trabajo riguroso e implica un gran respeto del encuadre también.

Es que ahí justo es un tema donde puedo relacionar para mí, porque para mí una de las cosas que define la postura analítica es justamente que tu paciente puede tener el derecho de no estar siendo consciente de lo que está diciendo, pero tú no tienes el derecho a no ser consciente de lo que estás…

¿Se podría agregar una palabra ahí? Diría ‘no tienes el derecho a no intentar’.

De acuerdo. A no intentar comprenderlo. Estoy totalmente de acuerdo. Porque incluso hasta tu contratransferencia…. Pero claro, tú tienes que ser consciente. Y a veces desde lo relacional me da la impresión de que hay como esta cuestión… simplificando mucho como muy desde las buenas intenciones y tratar bien al paciente y, sí, quizás en algún momento se exacerbó la rigidez desde quienes se posicionan más en el lado de la interpretación, pero me parece que hay quienes en lo relacional a veces hay un peligro de que se piense que ‘en lo relacional se puede casi todo’.

Yo creo que más que un tema de tratar bien es un tema de autenticidad. Creo que es un tema de autenticidad más que de tratar bien. No es tanto… Creo que ahí hay un prejuicio respecto del psicoanálisis relacional que quizás lamentablemente puede ser también producto de cómo alguna gente ha asumido ese paradigma: como un ‘Todo vale. Y todos nos amamos’. No, no, no es eso. Es fundamentalmente si quieres… Básicamente, en mi caso – luego de haber visto cambios en pacientes y tratando de entender por qué se dieron – es… lo típico sería que en un congreso me presento y digo ‘sí, los cambios se dieron porque en la sesión 36 le interpreté la fantasía de ataques a la madre’… pero a veces me he preguntado ¿realmente qué hice? ¿Qué le dije? Y me pongo a pensar si no es más el efecto silencioso de muchas cosas que se fueron dando a través de las sesiones y que muchas son inducidas por cosas que el propio paciente genera y que luego se llevan.

Intentando ponerme un poco de abogado del diablo, desde este otro lado de la autoconciencia

… Autoconocimiento. Yo he usado autoconocimiento aquí. Si te pones autoconciencia le da otro matiz. Porque conciencia introduce un fenómeno psicológico. Sí. El autoconocimiento es más menos ambicioso.

Ya... Pero hay un fenómeno que es la conciencia, ¿no? Digamos, estás viviendo tu conciencia ahora que estamos hablando, estás consciente de que estás en este lugar

Depende de cómo usemos la palabra conciencia. Creo que la palabra conciencia pertenece a otro ámbito teórico, que autoconocimiento, me parece, menos.

Entiendo. Entonces, el asunto del autoconocimiento me pregunto, jugando a abogado del diablo, pensando en algunas críticas que se plantean, en qué se distinguen las interpretaciones de las sugestiones, ¿es posible una sin la otra?

Bueno, tratamos que no sean sugestiones. Es decir… si bien en el curso hemos dicho que la idea clásica de la interpretación verídica que ‘le chunta’ a la verdad del paciente es cuestionable cuando tomamos a autores como Spence que habla de la verdad narrativa… al final la posibilidad de la influencia de la sugestión no la podemos descartar. En este sentido, se esperará que tengamos un partner que sea capaz de cuestionar lo que estamos le diciendo para evitar eso.

Una última pregunta… el asunto de qué… es que al final nunca sabemos con certeza si el paciente está mejorando… si es que hay algo que realmente esté cambiando en su psique o si más bien… no. Peor aún, incluso asumiendo que sí, no sabemos el porqué.

No pues. Ninguna de las dos las sabemos, pero al menos hagámonos la pregunta. Que sea importante. Esto está ayudando a esta persona… cómo y por qué. El problema es que hay una exigencia a nosotros desde afuera de demostrar eso. Quizá desde la sesión no lo podemos evaluar, pero, aquí en Perú tenemos esta situación particular de que la psicoterapia es un privilegio de sectores medios y altos…

Totalmente

En otros países, donde la psicoterapia está más socializada, son entidades públicas o seguros las que financian la psicoterapia. Allí sí se nos obliga, se nos exige una evidencia de que lo que estamos haciendo vale la pena de que se financie. Eso nos coloca en un desafío muy fuerte. Allí es donde creo que la investigación en psicoterapia es importante. En ese sentido – voy a decirlo – tengo fe en que lo que hacemos ayuda y que si se hace una investigación en psicoterapia adecuada se puede demostrar que sí.

 

Referencias bibliográficas:

Herrera, Marcos (2014) “Ficciones epistémicas o utensilios hermenéuticos: acerca del estatus de los conceptos psicoanalíticos”. En Bettocchi, Bárbara & Raúl Fatule Una visión binocular. Primera edición. Fondo Editorial PUCP: Lima, Perú.

Herrera, Marcos (2023) ¿Cómo ayuda el psicoanálisis? Las dos vías de la terapia psicoanalítica. Pulsión. (1), 4-13.

Sobre adultos mayores ¿lo leo?

Mg. Olinda Serrano de Dreifuss – Docente, supervisora y directiva del CPPL. Coordinadora de la cátedra de técnica y supervisión.

 

Con mucho gusto he participado recientemente o hace dos meses en el congreso brasilero titulado “Baby Boomers: una generación que desafía el tiempo”.

Efectivamente, algunos de nosotros pertenecemos a una generación, así llamada Baby Boomers, que ha pasado por muchos cambios y transformaciones. Seguramente, muchos hemos recibido los últimos videos que muestran cómo vivíamos nuestra niñez, adolescencia y adultez con comparaciones que señalan usualmente nostalgias y ventajas de antaño, como trayendo aquello de que “todo tiempo pasado fue mejor”. Esta frase contiene un gran desafío pues puede ser la contraparte del edaísmo, esa actitud que desvaloriza a los adultos maduros. En general, en esos videos se transmiten situaciones presenciales, interactivas y lúdicas, muy distantes de las formas actuales de conectividad y complejidad, frecuentemente del orden más bien del play que del game. Sin embargo, podemos mirar también el paso del tiempo dando la bienvenida a muchos cambios que han sido favorables como el hecho de que ahora las comunicaciones a distancia se han facilitado notablemente. Y en pandemia, por ejemplo, la tecnología sin duda nos sostuvo o nos facilitó sostenernos.

Quisiera decir que lo actual no es mejor ni peor que lo pasado, lo antiguo; que cada época tiene sus características propias y otras invarianzas humanas y sociales como los conflictos y las guerras que son constitutivas de lo social, como lo son el amor, la solidaridad y la esperanza. ¿Qué si estamos en una situación apocalíptica desde el calentamiento global o la inteligencia artificial? Sin duda, son grandes preocupaciones. Por supuesto que podemos tener una visión, sin duda adecuada, de una realidad confusa, peligrosa, corrupta y perversa, a nivel nacional, latinoamericano y mundial, pero a lo mejor eso sería una visión parcial de la realidad.

Las migraciones constituyen un tema cada vez más presente y complejo, que implica múltiples vivencias de duelos y descubrimientos, de novedades, acomodos y otros reacomodos que posibilitan transformaciones. Nuevas formas de vínculo aparecen o mejor dicho las inventamos en esas circunstancias y otras maneras de ser se conservan aún en las migraciones. Podríamos pensar entonces que nuestra generación de Baby Boomers, con tantos cambios vividos, es también migrante en el sentido temporal; somos desplazados en el tiempo con variable y tal vez melancólica resistencia o con cierto entusiasmo y adaptación vital. La migración de la era analógica a la era digital marca un aspecto muy importante porque se relaciona con todos los otros aspectos de la vida humana individual y colectiva, y en ese sentido se nos considera una generación “puente”.

Así, nos van surgiendo temas específicos para pensar y dialogar como el paso del tiempo, la percepción subjetiva de nuestro tiempo, la finitud no sólo personal sino de la especie, los vínculos y su valor constitutivo en el desarrollo, el enfermar y el curar y curarse, es decir la forma de envejecer, el lugar de la creatividad y el arte, la política y sus posibilidades y riesgos a la larga -pero qué medida de tiempo es esa- de destrucción de la especie. En todo este panorama, ¿cómo se ubica el psicoanálisis desde la teoría, la psicopatología y nuestro oficio hoy, ejercido frecuentemente a través de una pantalla?

Decíamos que el psicoanálisis, tanto respecto a su elaboración teórico-clínica como respecto a su quehacer y función institucional, se encuentra con el desafío de dar un espacio explícito a los adultos maduros y a asumir el estudio, la investigación y la formación que implica atender a pacientes mayores tanto cuando los terapeutas son jóvenes como cuando pacientes y terapeutas son maduros.

DESASTRES NATURALES Y TERROR URBANO, A PROPÓSITO DEL DÍA MUNDIAL DE LA SALUD MENTAL 2025.

Dr. Luis Alberto Suárez Rojas – Doctor en Antropología y psicoterapeuta en formación de la promoción 40 del CPPL

 

El tema del Día Mundial de la Salud Mental 2025, celebrado el pasado 10 de Octubre, se centró en la salud mental y el apoyo psicosocial en la respuesta a emergencias. En el actual contexto global marcado por el cambio climático, los desastres naturales y los conflictos sociales de gran magnitud, la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha decidido dedicar este año a reflexionar sobre la importancia de cuidar la salud mental ante situaciones críticas y profundamente disruptivas, como las emergencias sanitarias, los desastres socioambientales, los conflictos armados y los fenómenos migratorios. La OMS destaca que los efectos psicológicos y sociales de estas emergencias pueden ser graves a corto plazo, pero también generar consecuencias duraderas.

Sin duda, las cifras son alarmantes. El Comité Internacional de Rescate (IRC) advierte que, en solo 20 países con altos niveles de deterioro, se concentra el 82 % de las personas en crisis humanitaria a nivel mundial para el año 2025. Lugares como Sudán enfrentan la mayor crisis jamás registrada, mientras que Siria vuelve a situarse entre los cinco países de mayor preocupación. Por su parte, el Internal Displacement Monitoring Centre (IDMC) informa que, en el año 2024, más de 24 millones de personas fueron desplazadas por desastres naturales en la región de Asia-Pacífico, evidenciando la magnitud de los desafíos humanitarios y medioambientales que enfrenta el mundo.

En tiempos de crisis, la OMS nos invita a reconocer la urgencia de construir respuestas públicas y colectivas que protejan la salud mental e imaginar medidas para reconstruir lazos humanos, la solidaridad y el acompañamiento emocional. Este llamado pone en evidencia la necesidad de un trabajo organizado, colectivo e institucional capaz de ayudarnos a transitar experiencias tan intensas de pérdida y dolor psíquico. Ante ello, vale preguntarnos: ¿qué nos corresponde reflexionar y hacer como colectivo en nuestro país para asumir este desafío y cuidar la salud mental de todos?

Desde hace varios años, en nuestro país hemos sido testigos del fenómeno de la migración y los desplazamientos forzados, motivados por las difíciles condiciones económicas y políticas en la región. No obstante, es fundamental abordar críticamente la xenofobia y el despliegue de las múltiples formas de violencias (en plural) y rechazo que acompañan estas dinámicas, especialmente por su impacto en la salud mental. Abordar estas realidades desde el reconocimiento del dolor psíquico y, al mismo tiempo, desde la esperanza y la resiliencia, constituye una tarea necesaria para pensar, sentir y actuar públicamente.

Del mismo modo, hemos sido testigos del crecimiento exponencial del crimen organizado y de la ola de terror urbano que se extiende en muchas ciudades del país, mientras el Estado parece replegarse, dejando en la población una profunda sensación de abandono. El asedio constante del crimen organizado envuelve a las ciudades en una atmósfera tanática y mortífera, con graves repercusiones en la salud mental y física de las personas. Esta política del terror y la muerte erosiona la esperanza de muchos hogares, que se hunden en el dolor, el desasosiego, la ansiedad y la desconfianza, mientras jóvenes hombres y mujeres ven restringidas sus posibilidades de movilidad y libertad por el temor a perder la vida, ya sea en sus propios barrios o en el transporte público (Suárez, 2025).

Desde mi perspectiva, el llamamiento de la OMS supone el reconocimiento de una acción pública y colectiva frente a las graves amenazas a la salud mental que afectan a muchas personas y hogares. Esto nos invita a reflexionar sobre las implicancias políticas del trabajo clínico, tal como sugiere Carolyn Laubender en The Political Clinic: Psychoanalysis and Social Change in the Twentieth Century (2024). Desde mi mirada, retomo la noción de “lo político” en el sentido que propone Chantal Mouffe: como una dimensión ontológica de la vida social, que se mueve en el entramado de la coexistencia humana, el conflicto, el antagonismo, la alteridad y la diferencia. Retomando a Laubender (2024), creo que lo fundamental es que sostiene que una clínica psicoanalítica entendida políticamente puede contribuir a reimaginar categorías como la raza, el género, la sexualidad, la infancia, la nación y la democracia.

De ello se desprenden, a mi entender, dos horizontes de posibilidad. Por un lado, ampliar el campo de la clínica psicoanalítica más allá del consultorio, generando formas de acompañamiento psicoterapéutico orientadas a las poblaciones afectadas por el terror urbano y sus implicancias psíquicas. Por otro lado, desplegar modos de intervención desde lo político hacia lo público, utilizando el dispositivo psicoanalítico como una herramienta para pensar colectivamente y contribuir a procesar este complejo escenario de abandono estatal y violencia urbana, abriendo así la posibilidad de responder de manera colectiva y organizada ante estas experiencias compartidas.

Creo que pensar públicamente esta situación —es decir, reflexionar colectivamente sobre la crisis institucional, el miedo y las múltiples formas de violencia— puede ayudar a elaborar —digerir simbólicamente— lo que estamos “sufriendo” y, al mismo tiempo, imaginar otras formas de convivencia y cuidado desde una clínica políticamente situada frente al dolor psíquico.

 

Referencias.

Mouffe, C. (2009). En torno a lo político (S. Laclau, Trad.). Fondo de Cultura Económica.

Laubender, C. (2024). The political clinic: Psychoanalysis and social change in the twentieth century. Cambridge University Press.

Suárez R., L. A. (2025). Cartografías del terror, violencia y abandono: Posibilidades desde una clínica situada. En XXI Congreso Internacional Tensión y Conflicto. Psicoanálisis en tiempos de polarización [Ponencia]. Centro de Psicoterapia Psicoanalítica de Lima, CPPL.

UNA INVITACIÓN CON ENTUSIASMO AL PRÓXIMO “XIII CONGRESO FLAPPSIP”

Mg. Daniel Dreifuss: Psicoterapeuta de orientación psicoanalítica. Director de Comunicaciones del CPPL. Docente y Coordinador de la cátedra de Psicopatología.

 

Con gusto queremos anunciarles que la Federación Latinoamericana de Asociaciones de Psicoterapia Psicoanalítica y Psicoanálisis (FLAPPSIP), se reúne este año en nuestra ciudad, Lima-Perú.

Antes de dar detalles de este evento creo que es importante recordar que el 21 de mayo de 1998, en la ciudad de Montevideo, se anunció la creación de FLAPPSIP, fruto del diálogo y tesón de instituciones de Argentina, Brasil, Chile, Perú y Uruguay[1]. FLAPPSIP nace por el deseo de conocernos, discutir, intercambiar y analizar problemáticas de la región desde una mirada psicoanalítica.

A lo largo de estos años, se ha buscado profundizar el estudio del nexo entre lo teórico-clínico y lo social, comprometidos con nuestra realidad latinoamericana. Es nuestro deseo, desplegar modos de intervención desde el contexto histórico y cultural, con interrogantes que nos convocan a encontrarnos periódicamente en nuestros Congresos cada dos años.

Los Congresos son espacios de expresión amplia y libre, en la que conviven las diversas miradas que el psicoanálisis tiene de la complejidad humana, conociendo así nuestras diferencias, pero sobre todo asombrándonos de nuestras convergencias.

Este año, estamos contentos de que los días 16, 17 y18 de octubre, el XIII Congreso se realiza en Lima, con el nombre de “Eros, Alteridad & Creatividad en tiempos de Asombro. El pulso actual del Psicoanálisis”, con seis ejes temáticos:

  1. Eros entre el deseo y el conflicto.
  2. Alteridad entre la inclusión y el rechazo del otro.
  3. Creatividad: en los límites entre lo perturbador y lo transformador.
  4. Tecnología, subjetividad y nuevos desafíos.
  5. El pulso actual del psicoanálisis y los desafíos actuales.
  6. El asombro en la clínica y en la existencia: oportunidad y amenaza.

 

A lo largo de todos estos años nos hemos encontrado en camaradería, en afectos, espacios en los que la creatividad prevalece. Es una excelente oportunidad de conocer a colegas de la región con los que compartiremos mesas científicas, discutiremos casos clínicos y, sobre todo, pasaremos momentos muy gratos e incluso lúdicos.

 

 

[1] Página Web de FLAPPSIP: https://flappsip.net

Palabras de Mg. Liliana Granel sobre el XXI Congreso del CPPL

Mg. Liliana Granel: Psicoanalista. Directora de formación académica del CPPL. Docente y Presidenta del CPPL. Coordinadora de la cátedra de Metapsicología.

 

El 18, 19 y 20 de julio tuvo lugar, en la ciudad de Lima, el XXI Congreso Internacional del CPPL, titulado: “Tensión y Conflicto: psicoanálisis en tiempos de polarización”, organizado de manera impecable, con esmero y dedicación por la Promoción 39, de la mano de su Tutora la Mg. Daphne Gusieff.

Un evento donde el encuentro con amigos y colegas fue muy emotivo, lleno de alegría y, al mismo tiempo, con un espíritu de compartir ideas teórico-clínicas en debates y diálogos alturados, enriqueciendo así el pensamiento psicoanalítico.

Desde Colombia, arribó a Lima el Dr. Fernando Orduz para compartir sus elaboraciones “Sobre violencias y otros demonios”, comentó su ponencia el Dr. Luis Herrera, cuyas ideas avivaron, aún más, la riqueza clínica con un diálogo genuino y profundidad teórica. A su vez, ambos, nos deleitaron con un dueto cantando a viva voz un bolero. Por supuesto, los aplausos no se hicieron esperar y la emoción nos embargó a todos los presentes.

El argentino Dr. Ricardo Rey, también estuvo presente, y nos hizo pensar en los “Objetos enigmáticos y los objetos enloquecedores”; con su experiencia en los conceptos bionianos y sus propias elaboraciones sobre las ideas del Dr. García Badaracco, nos animó a seguir apasionados por el psicoanálisis con una mirada actual a las problemáticas sociales y las que enfrentamos en el consultorio.

Los expositores nacionales fueron de alto nivel, con interesantes y enriquecedoras propuestas y perspectivas, con una invitación a seguir cuestionándonos para mantener un psicoanálisis en continua apertura.

También, tuvimos figuras internacionales que nos acompañaron desde la virtualidad: Dra. Hilda Catz, Dra. Susana Rasinsky, Dr. Mariano Horenstein, Dra. Suely Duék, y la Dra. Mariela Cerioni, con ponencias que nos invitaron a pensar más, escuchar más, a sentir más, dentro y fuera de la relación analítica, para recorrer el camino en una permanente interrogación, el camino de lo narrado por los pacientes, en ese espacio de singularidad que es el Psicoanálisis. Narración también de nosotros, sujetos que estamos inmersos en un contexto de amores-odios, paz-guerra, ilusión-desilusión, esperanza-desesperanza en nuestra época. Y que tratamos, con nuestra comprensión, de dar sentido a nuestro trabajo y a la vida.

Pienso que fue un Congreso donde exploramos los demonios, fantasmas, anhelos, lo impredecible de la vida, los misterios de nuestra existencia tanto dentro como fuera del consultorio. Recorrimos, una vez más, el asombroso laberinto de la mente, lo que cotidianamente hacemos en nuestro trabajo como psicoanalistas, donde el sentir, el experimentar mediante la escucha, abre caminos a un interior muchas veces invisible.

Este Congreso XXI de nuestra querida Institución es muestra de un psicoanálisis que si bien hereda una tradición también propone transformaciones para afrontar los nuevos desafíos teórico-clínicos, para lo cual necesitamos sostener, como lo hicimos en el Congreso, fecundos intercambios que nos permitan seguir cuestionándonos, interrogándonos, y discutiendo sobre lo enigmático y lo ominoso de la vida.

Me gustaría cerrar este texto con dos frases:

“Cuando una cosa no ha sido entendida, inevitablemente reaparece, como un inquieto fantasma que no logra el descanso hasta que el misterio haya sido resuelto y el hechizo quebrado” S. Freud

“La profesión de psicoanalista, para aquellos que se sienten inspirados, es una continua confrontación con lo ignoto, con lo no familiar que cae como una sombra inesperada sobre el espacio familiar de todos los días” S. Resnik

Muchas gracias a todos los participantes por haber sido parte del XXI Congreso Internacional y por ser parte del CPPL.

 

“Devenir padre: singularidad, deseo y tempo”.

Dr. Luis Alberto Suárez Rojas – Doctor en Antropología y psicoterapeuta en formación de la promoción 40 del CPPL

 

Este mes de Junio, a propósito de la celebración del Día del Padre, queremos presentarles un breve texto de Luis Alberto Suárez Rojas, quien nos obsequia una reflexión sobre su experiencia de la paternidad y como esta se viene construyendo en el vínculo con su hijo y en el recuerdo siempre presente del vínculo con su padre.

 

Devenir padre fue un verdadero acontecimiento en mi vida. Bien dicen que las madres gestan a sus bebés en el vientre, y los padres lo hacemos en nuestra propia mente. Para mí, ser padre implicó enfrentarme a la responsabilidad ante un Otro que deviene hijo. Fue un evento que inauguró una andanada de nuevas emociones, nuevas ansiedades —en medio del vendaval que significó la pandemia en nuestras vidas— y, sin duda, marcó un antes y un después.

Aunque uno mismo se reconoce en parte en el hijo pequeño y frágil, he quedado admirado, extrañado e interpelado por su singularidad. Debo reconocer que he advertido en él algunos gestos y reacciones espontáneas que me evocan a mi madre o a mi padre. Eso no puedo explicármelo. Pero es como si el hijo fuera un espacio de resonancia, lo cual me hace pensar hasta qué punto somos realmente seres absolutamente singulares, o nos inclinamos en ver en el otro, el hijo, algo de los otros, nuestros padres.

La pandemia, tiempo en el cual llegó a nuestras vidas mi hijo, el pequeño Fernando, me permitió estar presente en cada uno de los momentos importantes: la gestación, el parto y luego su llegada al mundo. He preparado papilla, cambiado pañales, recitado mantras budistas para dormirlo, lo he cargado en brazos, bañado, una y otra vez, hasta que fue posible hacerlo. Siento que todo pasó demasiado rápido. Al inicio veía su crecimiento como algo lejano, pero, en un abrir y cerrar de ojos, habló, caminó y fue adquiriendo mayor independencia, al tiempo que admiraba el mundo con asombro.

Yo soñaba con pasearlo en la carriola, caminar por los parques; aunque eso sucedió apenas un par de veces. Muy pronto descubrimos que, mientras uno regresaba extenuado, su majestad el bebé aún tenía toda la energía. Desde ese momento decidimos que todos caminaríamos un poco, jugaríamos y descansaríamos por igual. Adiós al sueño de la carriola.

Fue así como comprendí que Fernando debía adaptarse a nuestras vidas y seguir, con cierta plasticidad, nuestros ritmos; pero también nosotros teníamos que adecuarnos a su propio tempo y necesidades, siempre respetando su singularidad y brindándole seguridad, espacio para el juego, el descubrimiento, la sorpresa y la risa franca y distendida.

El tema de los ritmos y los tiempos es algo que he reflexionado mucho. En mi propia experiencia, los momentos compartidos en la mesa —ya fuera durante el desayuno, el almuerzo o por la tarde— fueron una rutina indispensable para el afecto y el goce que transmitía mi padre y mi madre en esos encuentros. Desde lo más sencillo hasta la pintadilla frita, o el pampanito a la moda china, todo era una delicia sin par. Sobre todo, en Lurín, donde los pescadores traían cangrejo y podías observar cómo se movían aún. Por eso, trato de recrear ese tiempo de disfrute, gozo y conexión. Para mí, la comida no es una obligación, sino un gozo. En esos pequeños gestos uno se reencuentra: siendo padre como el hijo que fue y con el padre que tuvo.

Mi padre adoraba armar y desarmar cosas, a veces con éxito y en otras no. A Fernando le fascinan los juguetes con tornillos: destornilla, arma, desarma; tiene herramientas de juguete y colecciona frascos con distintos tipos de tornillos. Y le fascina jugar con el martillo de madera, imagina que coloca clavos y testea el sonido de los muros. Distingue con claridad entre una llave francesa y una inglesa. Algún día, quizá, mirará los frascos de pernos, guachas, tuercas, cables y demás objetos que dejó mi padre.

El juego de Fernando trae consigo una metáfora: la de algo que se arma y se desarma, algo que parece predecible y, al mismo tiempo, impredecible. Yo me inclino por lo constante, por lo previsible, pero la vida misma nos sitúa una y otra vez en escenarios inesperados: una fiebre en la noche, una visita de urgencia a la clínica en la madrugada y no queda otra que seguir jugando: armando y desarmando.

A veces me pregunto ¿Estaré haciéndolo bien, será suficiente? ¿Será acaso que la figura del hijo introduce inevitablemente ese elemento impredecible? Sin duda. Me genera ansiedad —lo reconozco—, pero también me enseña que la vida es justamente eso: un puñado de certezas y de incertidumbres que se anudan con el deseo.

Deseo fervientemente darle a mi hijo todo aquello bueno que recibí de mi padre. Solo me queda gratitud a mi padre. Cuando era niño quería pintar en la orilla del mar, mi papá me hizo un caballete y lo cargaba por la orilla del río Lurín, bajo el sol. Cuando quería escuchar mis long-plays de ópera, él ponía a punto el tocadiscos. Más tarde, me regaló una hermosa radio para escuchar mis CDs, recuerdo que fuimos juntos a comprarla. Luego en mi adolescencia, si deseaba ver óperas en video en el CC Peruano Británico -como era costumbre- me llevaba en su Volkswagen y me esperaba durante toda la función.

Mi padre amaba ver sus películas Western, y juntos disfrutábamos del buen comer, ya fuera ante una mesa elegante o compartiendo una sandía en medio de la chacra, muy cerca a la orilla del río en Lurín. Por supuesto, ahora entiendo que también tenía rasgos melancólicos. Pero siempre supo transmitir un gozo por la vida, por el disfrute. Justamente, Massimo Recalcati dice que el trabajo del padre es transmitir a su hijo el deseo, no como una imposición, sino, dándole testimonio del mismo.

 

Entrevista a Yovana Pérez acerca de aspectos de la teoría de Jacques Lacan (Primera parte).

Entrevista realizada por Giancarlo Portugal Velasco*

 

 

“El gesto inaugural de Lacan fue un volvamos a Freud, volvamos al lenguaje, a las exquisiteces del significante”

 

Yovana Pérez es psicoanalista asociada de la Nueva Escuela Lacaniana del Campo Freudiano-Lima, y en esta oportunidad nos concede una entrevista para hablar sobre Jacques Lacan. Actualmente, ella dirige un espacio de lectura del Seminario 8: La transferencia. En esta primera parte del diálogo que les presentamos, Yovana nos aproxima a algunos de los conceptos básicos de Lacan y a la importancia de este en la historia del movimiento psicoanalítico. Así, en sus respuestas, Yovana comenta cuál fue la crítica de Lacan a la Ego-psychology, también comenta la importancia del lenguaje en la constitución de la subjetividad, el fantasma, entre otros. En la siguiente entrega, nos sumergiremos en los conceptos de goce, el inicio y términos del análisis, entre otros varios.

 

Yovana, primero que nada muchas gracias por aceptar la entrevista. Desde el año pasado estamos haciendo un conjunto de entrevistas sobre diferentes autores que nos parecen claves en la historia del psicoanálisis. Este espacio nace pensando que hay gente que desea encontrar luces sobre conceptos centrales de una manera introductoria, pero precisa también. Así que, empezando, coméntanos ¿Qué considerarías tú que representa Lacan para la historia de lo que es el psicoanálisis?

 

En el momento en que Lacan empieza a trabajar de manera consistente su enseñanza, lo que propone es un movimiento en contra de lo que estaba sucediendo en aquel entonces en el mundo psicoanalítico. Desde más o menos los años 20, la primera generación de postfreudianos empiezan a hablar del término “carácter”, del término “patologías de la conducta”, entre otros. Empieza a aparecer toda una generación de psicoanalistas que obviamente empezaron a lidiar también con otros pacientes que ya no correspondían a los pacientes más freudianos, digámoslo así. Entonces, hubo también un movimiento del psicoanálisis hacia esa nueva clínica que se estaba presentando, que de repente estaba llegando con más frecuencia. Y entonces el psicoanálisis empezó a tener una serie de derivaciones, creo yo como un modo de responder a ciertas configuraciones subjetivas que no estaban muy claras, por un lado, pero, por otro lado, empezó a tener una serie de modificaciones que terminaron, sin hacer muy larga la historia, en constructos teóricos que se alejaron muchísimo de lo que planteaba Freud; terminaron en, por ejemplo, la “ego-psychology”, plantearon parte de “trabajo con el yo”, de “fortalecimiento del yo”, del “yo adaptado”, de la “forma libre de conflictos”. En ese derrotero se desconoció la pulsión de muerte, el concepto de pulsión de muerte de Freud fue desestimado, se encerró mucho el psicoanálisis por este lado de la psicología del yo.

Entonces yo creo que el movimiento fundante de Lacan en relación al psicoanálisis inicial fue decir “volvamos a Freud”, volvamos al inconsciente, o sea, volvamos a la interpretación, volvamos a escuchar. Es decir, el gesto inaugural de Lacan fue un volvamos a Freud, volvamos al lenguaje, a las exquisiteces del significante. Eso significó una especie de movimiento subversivo en relación a cómo se estaba desplegando el psicoanálisis tanto en Europa como en Estados Unidos, fundamentalmente en Estados Unidos, que era donde se había instalado esta versión descafeinada del psicoanálisis freudiano. También, hay autores a los que Lacan respeta mucho, como a Melanie Klein o como al tomar el objeto de Winnicott o la agresividad de Wilhelm Reich. O sea, Lacan bebe de todo lo que le fue posible, pero siempre en este gesto iniciático de volvamos a Freud, volvamos al discurso, volvamos a la palabra, cosas que nunca abandonó.

Así, Lacan es importante desde muchos sentidos, desde este gesto inaugural, que fue un retorno a Freud, y desde conceptos que él mismo fue introduciendo, aportando, como por ejemplo el concepto de objeto a y la misma noción de lo real, el fin del análisis, lo femenino. Es una teoría sumamente sui generis en ese sentido. Incluso en cierto momento de la enseñanza de Lacan, probablemente en el quinto paradigma, cuando él habla del goce discursivo, dio lugar a lo que se llama los estudios culturales y tuvo un impacto también en cierta posición universitaria de crítica cultural. Hubo un impacto en el mundo universitario, un impacto en el mundo del saber, es casi como el gesto freudiano de inserción en la cultura.

 

Entonces, por ejemplo, yo quería intentar ir por partes, y has dicho un montón de cosas a las que de hecho quería apuntar, pero me quedé pensando cuando hablabas de la psicología del yo ¿cuál sería la respuesta que Lacan da a esa postura, a ese intento postfreudiano muy estadounidense? Más bien, ¿en qué se va a fijar Lacan y cómo lo va a desarrollar como respuesta?

Bueno, básicamente, el Yo para Lacan es una construcción imaginaria, el Yo para Lacan es una adquisición que se constituye en el momento del “estadio del espejo”, cuando hay un cierto júbilo ante una imagen unificada que finalmente es devuelta por la mirada del Otro. El Yo es un espejismo. El Yo, decía Lacan, es el lugar del desconocimiento, el Yo está determinado por otra instancia, por tanto, trabajar desde el Yo es trabajar siempre desde una dimensión engañosa, en tanto el Yo desconoce sus determinaciones, sus determinaciones inconscientes y evidentemente lo pulsional. Desde el Yo no se accede al inconsciente, desde ahí no se dice la verdad de un sujeto, ahí no está la enunciación de un sujeto, ahí estaría un enunciado, es el lugar del sentido, y en el sentido nos perdemos.

 

Otro papel clave en este Lacan es el tema del lenguaje. Yo en filosofía siempre equiparo a Lacan un poco con lo que sucede con Wittgenstein, que si Wittgenstein fue el giro lingüístico en la filosofía, Lacan fue el giro lingüístico en el psicoanálisis. Entiendo que él estudió con Kojève a Hegel, en una línea francesa, e inicia sus reflexiones pensando en cómo el lenguaje juega un papel fundamental en la construcción subjetiva.

Bueno, uno se constituye como sujeto desde el Otro, o sea, hay una prematuración biológica, pues el individuo humano, la cría humana, nace incompleta. Hay una constitución desde un sí mismo inmanente, el sujeto se constituye desde el lenguaje, desde la identificación a un significante que proviene del Otro. Quiero decir, cuando uno viene en un cuerpo, cuando se llega al mundo con un cuerpo habitado por las necesidades, las necesidades fisiológicas, lo que dice Lacan es que se desnaturalizan, se desnaturalizan porque hay una demanda a un Otro, a un Otro materno, pero es el Otro de la lengua materna también, a un Otro para que satisfagan las necesidades, pero, en realidad, la pérdida ocurre porque lo que empieza a demandar esa pequeña cría ya no es tanto la necesidad, sino la presencia de lo que se constituye, pues el sujeto adquiere un ser desde la presencia de este Otro y de lo que este Otro le dice. En todo caso somos marcados por los dichos del Otro, es otra manera de decirlo.

A lo que voy es que en esta constitución hay algo que se pierde porque el lenguaje se introduce, porque cuando se introduce el Otro con sus palabras, acerca de lo que significa ese bebé para cada Otro materno, hay algo que se pierde y entonces es el lenguaje el que captura a ese ser viviente, ese lenguaje es la identificación con un significante. Lacan hablaba del pececito que muerde el anzuelo, el anzuelo del lenguaje. Entonces, si no hay lenguaje o si el lenguaje no interviene, sencillamente, es muy difícil hablar de un sujeto que se constituya. Claro, es paradójico, porque el sujeto se constituye siempre en falta, etc., y viene toda esta conceptualización que es mucho más complicada, pero nos constituimos desde el otro: somos hablados, el inconsciente es el discurso del Otro. Antes de que llegáramos al mundo, si es que hubo un deseo, un deseo vivo, porque no se puede hablar del lenguaje si no se habla también del deseo de ese Otro, se habló de nosotros antes de que llegáramos y una vez que llegamos por la misma naturaleza de lo que somos, de esta prematuración que hablaba Lacan, se necesita del Otro, y ya no seres naturales o seres biológicos.

 

Muy en la línea filosófica en realidad eso. Es que, digamos, esta cuestión de la animalidad y de cómo la razón es lo que nos separa de lo inmediato natural es una cosa bien de filosofía.

En el caso de Lacan sí está toda esta cuestión de cómo se aterriza esto a la subjetividad y que creo que… Se aterriza por la pérdida, porque hay algo que se pierde, porque es lo que decía Freud, el objeto está perdido, o sea, el objeto puro de la necesidad, lo que vendría a satisfacer la necesidad, el objeto puro de la necesidad se pierde y el individuo, el sujeto en ciernes demanda al Otro, demanda la presencia, demanda el amor del Otro. Entonces, hay un objeto perdido desde el cual ya no se puede hablar de instinto, porque el objeto hace agujero, entonces ya no se puede hablar de instinto, ya no somos seres instintuales, somos seres de lenguaje. Se pierde el objeto, hay un agujero, hay algo que queda vaciado una vez que el significante ingresa y desde ese momento, hay algo que se instituye como agujero en el saber, también.

Entonces no es tanto la razón entendida de forma clásica, pero sí tiene que ver con un ingreso inaugural al lenguaje que marca una pérdida inaugural. Hay algo que se pierde y es al Otro al que se le demanda, pero además después se constata que ese Otro también está en falta, que ese Otro está castrado y se superponen dos faltas, entonces ahí tenemos algo mucho más complicado. Es por eso que no se puede hablar de instinto, porque el instinto es un saber instalado desde el día uno, permite ir directamente al objeto, en el caso del ser humano no, porque interviene el lenguaje, interviene el Otro: interviene el Otro demandándole al niño, interviene el niño demandándole al Otro, interviene ese Otro que está pero que puede no estar, ese Otro que da, pero que también te puede privar, es una dialéctica mucho más compleja.

 

Un concepto que creo que también estamos de una u otra manera rozando es el fantasma, ¿no? Si entiendo correctamente el fantasma es una escena, una posición en la cual te colocas frente al Otro.

El fantasma es, sí, una escena también, es un axioma, se puede decir de otra manera. El fantasma sería la respuesta que se da en el caso de la neurosis. Habría que discutir si hay fantasma en la psicosis, cuando el sujeto en falta, cuando el sujeto en pérdida, porque ya está en pérdida, una vez que ingresa al lenguaje está en pérdida, se pierde esta parte instintiva, se pierde el objeto, etc. Cuando este sujeto se confronta con la falta del Otro, se confronta también con la pregunta ¿qué quieres de mí? O sea, algo te falta, ¿qué quieres de mí? Y el fantasma es la respuesta, entonces cuando se confronta con la falta en el Otro, el sujeto recorta un objeto de su cuerpo, el objeto oral, el objeto anal, el objeto mirada, los objetos famosos lacanianos y se identifica con ese objeto, “soy esto”, vamos a decirlo en términos coloquiales. Se podría precisar mejor, pero el fantasma es una respuesta ante la castración del Otro, el sujeto dice “ok, el Otro está castrado, le falta algo, voy a construir” y es una creación también, porque ahí el sujeto recorta su objeto, “voy a construir una respuesta que permita dar cuenta de la no castración del Otro”. El fantasma niega la castración del Otro porque en el fantasma es la relación del cuerpo con un objeto, con ese objeto que el sujeto asume que le falta al Otro, “en eso me convierto, eso soy”. Decía Freud, un niño es pegado, depende de la traducción, el Otro finalmente goza de mí, el Otro está completo, hay relación sexual, el fantasma es una respuesta que desmiente la castración del Otro, pero también es la única manera que tiene el sujeto de separarse del Otro, aun cuando paradójicamente lo complete. Es la única manera que tiene de separarse del Otro porque recorta su propio objeto, llega un objeto ahí para dar cuenta de su ser, de lo que él es y el Otro. Por eso se dice que el fantasma siempre es perverso, porque desmiente la castración del Otro, entonces, claro, esto después, digamos, podría devenir una escena, etc., pero tal y como lo explica en el seminario 11, es un poco así, el 14 es mucho más complicado

 

Otro concepto muy famoso en Lacan, es el del “Nudo Borromeo”. Allí donde se conectan lo real, lo imaginario y lo simbólico. Entiendo que esto es una herramienta clínica, la llamada clínica de lo borromeo.

Sí, básicamente, los diferentes anudamientos, digamos los diferentes anudamientos que se producen en un sujeto a partir de cómo se articulan tres registros. Por ejemplo, en el caso de la esquizofrenia, lo que se zafa de los tres elementos borromeos es lo imaginario del cuerpo ¿Por qué? Porque la experiencia clínica, la fenomenología de la esquizofrenia es un cuerpo que se desarma. Entonces, ¿qué ocurre en la esquizofrenia? El Nudo del Imaginario se suelta y hay una interpenetración entre lo Simbólico y lo Real. Se anudan estos dos. Y así en cada estructura clínica, en la manía se suelta lo Simbólico y así en cada estructura clínica y además en cada sujeto se puede dar cuenta de cómo están anudados estos registros. A veces estos registros se anudan por la inhibición, a veces estos registros se anudan por un síntoma en el caso de la neurosis. Es otra manera de concebir la clínica. Ya no tanto desde la clínica estructural neurosis y psicosis, como desde los registros. No desmiente la clínica estructural, siempre se mantiene la división entre neurosis y psicosis, pero es mucho más fino, es mucho más sutil concebir la estructura de cada sujeto, de cada analizante en base a lo que lo anuda y lo desanuda.

 

Jacques Lacan

 

* Formando del CPPL, promoción 39

Entrevista a Maricarmen Ramos, su acercamiento a la teoría de Bion.

“Yo le tengo admiración y cariño a Bion, porque me dio un instrumento que resonó en mí”

Maricarmen Ramos – Psicoanalista

Entrevista realizada por Giancarlo Portugal Velasco*

Maricarmen Ramos, ex presidenta de la Sociedad Psicoanalítica del Perú (SPP), nos recibe para dialogar en torno a la influencia que Bion ha tenido en su desarrollo clínico como analista. Ella se formó como parte de la segunda promoción de psicoanalistas del país en un contexto donde el conflicto de las Controversias aún se sentía en las sociedades de la IPA. En medio de este choque, y como una suerte de tercera vía, llega a la teoría bioniana en un viaje a Brasil. Sobre esta llegada que ella denomina como accidental es que se centra esta entrevista.

 

Maricarmen, ante todo, muchas gracias por aceptar la entrevista. Coméntanos, ¿cómo llegas a Bion?

Yo llego a Bion de la manera más accidental. Mira, a Lima, Hilke Engelbrecht trajo el pensamiento de Alfred Lorenzer, que a mí me había gustado mucho y, al momento, estando recién imbuida en ese pensamiento me voy a un congreso de psicoanálisis a Río. De repente, al escuchar a la gente del congreso dije ‘caramba, aquí también ha llegado Lorenzer’, pero, luego, supe que no, que al autor que todos tenían era Bion, a quien yo tenía apenas de nombre. Allí, me interesó su enfoque, e incluso, con un grupo de colegas hicimos un curso en Sao Paulo sobre Bion, fue muy interesante.

 

Si no me equivoco, Bion llega a Brasil a dar conferencias y eso dejó una escuela, pero y a Perú, ¿cómo llega la teoría de Bion?

En la época de mi formación – y yo soy de la segunda promoción – todo era Freud, día, tarde y noche. Los que vinieron a formar acá vinieron trayendo las secuelas de las controversias de Londres entre kleinianos y annafreudianos. Por ahí, recuerdo que trajeron Winnicott cuando yo estaba cerrando mi formación. Luego, vino a Perú Jaime Heresi que él sí traía la teoría de Bion. Aquí nadie hablaba de Bion. Yo recuerdo, en una clase que pregunté qué es la identificación proyectiva y un annafreudiano me dijo ‘qué lecturas son esas’, me dijo que me estoy complicando la cabeza, que no lea eso

¡Mayor razón para meterme a investigar! Pero, eso es un ejemplo para que veas cómo era.

 

¿Qué fue es lo que te atrapó de Bion?

Tomaba en cuenta lo que te pasaba a ti en el encuentro con el paciente. Yo venía de una formación donde todo lo que te pasaba a ti tenía que estar guardado para mantener la neutralidad absoluta y tú tenías que ser una caja de resonancia. Descubrí allí una forma de entender la identificación proyectiva que me atrapó: el cómo es que yo siento lo que me están depositando, el cómo lo puedo deslindar, el cómo tengo que meterme a lo mío mientras estoy con el paciente. Encontré en Bion que la clínica es así, más allá de si lo comunicas o no, es así. Desapareció en mí, gracias a Bion, esa idea de entenderte como un receptor teórico.

 

Y esto ciertamente, aunque teórico, tiene una dimensión clínica muy clara

Exacto, uno de los primeros puntos que a mí me pareció bien interesante fue el uso que hizo de la identificación proyectiva comunicadora. Después de haberla visto como ‘mala’ o como negativa o como presión de patología, Bion la rescata para estar al servicio del trabajo.

 

¿Qué otros elementos clínicos te parecen importantes de resaltar?

La noción de parte psicótica y parte no psicótica ayuda mucho. Es decir, somos seres que estamos integrados, pero tenemos un lado que se sale de la realidad, es una interrelación, un interjuego. Aceptar eso te saca del pensamiento binario, de pensar que o estás acá o estás allá.

De igual forma, el ‘sin memoria y sin deseo’ en la clínica es bien difícil de ejecutar, no es tan sencillo. Uno cuando se sienta frente a un paciente, no hay que ir a la memoria consciente, las asociaciones van a aparecer. Nunca he tomado un apunte. No he buscado a la memoria. En un punto, me pasa que si en algún momento el paciente me pregunta por la sesión anterior, automáticamente se me pone la mente en blanco, ante la demanda que recurra a la memoria, automáticamente se me pone la mente en blanco. Claro, corres el riesgo de que haya un reclamo de supuestamente no estar atenta, pero se hace un trabajo de eso con el paciente, porque estoy de tal manera con él que… Digamos, a lo que nos lleva la frase es a estar ante un otro para que se pueda aceptar, conocer, salir de su dolor y no tienes tampoco el deseo de curar.

 

La parte del ‘sin memoria’ me queda clara, pero siempre me ha costado la otra, la de ‘sin deseo’

Sin deseo de cura, sin deseo de que la persona ‘salga adelante’, sin ese ‘logré’ del analista… ¡no! estás allí para escuchar, con todas tus emociones con el otro. Hay momentos que es terrible, pero es para que venga lo inesperado, lo que no ha sido pensado ni por el otro ni por ti. Para mí era una forma clínica novedosísima. Y así dejé de pensar en esos términos de ‘qué pasó en su infancia’, ‘con la madre’, ‘su complejo de Edipo’… eso desapareció de mi mente, dejé de pensar en esos términos. Cuando hacía un trabajo escrito, sí, buscaba teóricamente al respecto, pero mientras estaba en la clínica, no.

 

Bion es un psicoanalista que tiene frases de ese tipo, que impresionan

Sí y algo que me ha impresionado siempre es la correlación entre quién fue Bion y qué fue creando. Primero que nada, fue un niño muy miedoso y temeroso, por eso, por ejemplo, el cambio catastrófico, el derrumbe. Tuvo una fuerza muy grande en su ‘aya’ [niñera], que era hindú, que parece que le dio todo lo que su madre – que tenía dificultades serias, fóbicas – y su padre – era muy autoritario – no le dieron. La ‘aya’ pudo darle esa consistencia afectiva por sus 8 primeros años y luego los padres le mandan a Londres internado ¡Aterrorizado, sin poder hablar con nadie de lo que sentía! Peor aún, luego fue a la guerra. A los 17 se fue a la guerra, dice que fue traumático, vio gente morir a su lado. Parece que le fue bien y se frustraba cuando lo premiaban. De hecho, a él le pareció muy atractiva como analista Melanie Klein porque ella no se dejó impresionar por sus medallas de guerra. Eso lo sedujo, que a ella le importaba un bledo. Luego fue su discípulo y luego se apartó sin pelearse. También, él estuvo en las dos guerras y en la IIGM empezó a trabajar con grupos, de ahí vienen los grupos de supuesto básico y el grupo de trabajo. Así, son diferentes las historias que se pueden contar, como la muerte de su primera esposa o su relación con la primera hija o con Francesca, que fue la mujer que lo acompañó hasta el último día. Tuvo una vida donde los vínculos han sido fuertes e intensos. Era un personaje. Él decía que no debería tener discípulos, que había trabajado bien si la persona implementaba y no era seguidor. Igual tiene su Congreso de Bion. Yo le tengo admiración y cariño, porque me dio un instrumento que resonó en mí y, ahora, las canas me permiten, trabajo con asociación.

 

Otro concepto interesante es lo alpha y lo beta, que ya es del Bion más maduro

Hay una parte a la que yo no he entrado demasiado, la tabla, pero cuando hace la diferencia entre pensamiento alpha y beta yo lo veo mucho en la práctica clínica. Cuando hay identificación proyectiva, esta no logra ser comunicadora si la parte beta es muy fuerte, así se vuelve evacuadora y se vuelve actuadora, porque no se resisten las emociones y no hay tolerancia a la frustración. Bion enfatiza que así se bloquea la capacidad de pensar. Lo veo mucho en la práctica, por ejemplo, cuando un paciente dice ‘estoy conversando con mi pareja’ y no, está evacuando, porque no han trabajado para comunicar, están solo con una actuación. Ahí no hay vínculo, que es otro concepto clave, porque, algo que he aprendido es que cuando un paciente se vincula, aunque tenga sus cosas narcisistas dando vueltas por ahí, sí se vincula, pero no es en todos los casos, hay que estar atento, a veces, intuirlo.

 

Ahora que destacas la importancia del vínculo, una última pregunta es sobre la actual corriente relacional en el psicoanálisis. En esta se descartan conceptos fundamentales de la tradición psicoanalítica como, por ejemplo, la pulsión y, más bien, el centro es la relación misma con el paciente ¿crees que Bion está vigente todavía o crees que está dentro del paquete de todo lo que se está descartando?

Yo creo que hay muchos puntos de convergencia, sobre todo, en lo clínico. Hay una dimensión de lo relacional que uno puede confundir con lo vincular, – que es más sobre el inconsciente y lo intuitivo – pero, en los relacionales, el psicoterapeuta cuenta incluso lo suyo en función de que la otra persona se sienta bien de poder aliviar al analista con lo que le pasa. No hay esa jerarquía y yo creo que sí es necesaria. Hay ejemplos que me llaman la atención, porque incluso se cuenta lo que la analista habría hecho en el caso de estar en la posición en la que está el paciente. No, yo no considero que de eso se trate. No, yo estoy ahí para el otro, lo mío está atrás, si aparece algo mío es por asociación libre, sin memoria y sin deseo, por intuición, pero también lo filtro.

 

 

* Formando del CPPL promoción 39