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Acerca del origen de la culpa…

Sandra Juárez H. (2014).  “Culpa y Castigo. Una explicación psicoanalítica”. En: Vida Científica 4. 

 

“[…], Sigmund Freud, […] propone […] que mediante la introyección de las normas morales de cada sociedad a través de la prohibición de lo inaceptable socialmente, durante la infancia los padres como representantes de la autoridad enseñan a los hijos los actos que pueden repetir y reprimen los que no. Para este autor un individuo es culpable en tanto esté preso de un afecto, el cual es una “variedad tópica de la angustia”. Este afecto es llamado en principio “Conciencia de Culpa” y posteriormente “Sentimiento de Culpa”, el cual se activa, como ya se ha mencionado, gracias a un juicio (que aprueba o desaprueba) en principio proveniente de los progenitores y posteriormente de una instancia psíquica que hace las veces de juez.

La conciencia de culpa, a juicio de Freud, es más que todo una “angustia social”, una angustia frente a la pérdida de amor, la cual emerge en un individuo  cuando  éste es  sorprendido  realizando

un acto prohibido por los progenitores. Desde esta lógica sólo es culpable quien es descubierto en el acto.

Pero ¿qué es lo que activa esa modalidad de la culpa? Los progenitores le exigen al pequeño un acuerdo: recibirá el amor de ellos a cambio de que renuncie a la satisfacción pulsional. El individuo en consecuencia –y a nivel inconsciente; es decir, que no tiene conocimiento consciente de este proceso- se debate entre dos bienes: el amor y la satisfacción de la pulsión. Tener uno implica renunciar al otro. Es así como se le exige al sujeto pagar con la renuncia a la satisfacción pulsional, para obtener a cambio el amor del otro. Freud explica la culpa como “dolor psíquico” que se impone el propio individuo por haber traicionado al otro y por poner en riesgo su amor. Es así como en este primer tiempo culpa, amor y pulsión se encuentran en estrecha relación.

[…]

 

Este afecto, que le resta dicha al sujeto, es el resultado de la tensión entre el yo y la instancia psíquica que hace las veces de autoridad: el superyó. Si en un principio la culpa era la expresión de un conflicto entre la satisfacción pulsional y el amor del otro, ahora es el resultado del conflicto entre la satisfacción pulsional y el amor del superyó. Para que el yo obtenga la aceptación de esta instancia psíquica debe igualmente renunciar y acogerse a un pacto, exigencia que ya no proviene de un agente externo sino de una figura psíquica. Es en este momento cuando se puede identificar ese elemento que en nuestra cultura hemos llamado conciencia, “toma de conciencia” o “cargo de conciencia”, y es esa voz interna que obliga a confesar los pecados o a buscar un castigo para conseguir la absolución, para pagar por las trasgresiones cometidas como camino para la paz interna – personal”.

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